El nuevo papel y poder de la embajada en Washington

20 de enero, 2020

Por Jorge Riaboi Diplomático y periodista

 

El vasto poder que el Gobierno delegó en Jorge Arguello al explicar su reincidencia como embajador ante la Casa Blanca da fundamento a varias lecturas. La más obvia, llevar a la práctica la idea de que el Presidente y sus colaboradores asignan gran prioridad al objetivo de lograr disciplina y consistencia política a la gestión que suele realizarse en una sede donde la agenda obliga a poner más énfasis en la acción que en el diálogo filosófico y doctrinario. Y si bien no habrá persona sensata que se oponga a sacudir las pesadas telarañas de la costumbre, el tiempo demostrará que buscar la ya presumible lealtad, verticalidad y coherencia de enfoques donde esas virtudes son regla, puede no ser la “acción de oro” imaginada para resolver tantos y tan sensibles problemas como los que hoy el país tiene a la vista.

 

El célebre columnista Art Buchwald solía decir que en Washington no hay gente mala. Sólo gente muy buena que hace cosas muy malas.

 

A partir de esa primera consigna, de poco sirven los cuadros disciplinados si no tienen clara idea del cambio requerido, el cómo hacerlo y, en especial, si con el nuevo enfoque no se logra sensibilizar el almita y la atención de los interlocutores de carne y hueso. Va de suyo que la Cancillería deberá suministrar los insumos que exige la marcha de tan sofisticado engranaje y operar con mentalidad cibernética.

 

Las primeras urgencias del nuevo mandato diplomático parecen dadas por la renegociación de la deuda externa, la noción de liderazgo equilibrado entre los tirios y troyanos de América Latina y Asia, así como otros temas que los hombres (y mujeres) de la política argentina suelen ignorar o relegar por falta de verdadera comprensión técnica del vínculo práctico que media entre el mundo global y la realidad cotidiana. Como el error de ignorar el espinoso debate sobre las guerras comerciales, censurado por Donald Trump en todos los organismos y diálogos de cúspide que se sucedieron de 2017 a la fecha. Quienes consideran que eso es una pavada, no parecen ver el mundo que requieren la Argentina y otros países para seguir generando 55% de sus divisas no retornables mediante la exportación de productos de la agricultura y la agro-industria.

 

A este respecto, la brillante presentación efectuada el jueves 16 de enero por el nuevo Comisionado de Comercio de la UE (Phil Hogan) en Washington, en la sede del CSIS, es una imperdible pieza de referencia. Conviene estudiar ese texto con gran cuidado, pero sin comprar las pistas falsas del proteccionismo o de la visión autoritaria que se intenta reponer en el diálogo inter-Atlántico. Espero retomar el asunto en los próximos días.

 

Tácitamente, el Gobierno estimó de interés enfatizar que la persona que figuró durante mucho tiempo en los corrillos políticos y periodísticos como uno de los candidatos a ser Canciller del doctor Alberto Fernández, no sólo fue escogido para gestionar las complejas relaciones bilaterales con Estados Unidos, sino para supervisar y coordinar a los funcionarios de nuestro país asignados a los directorios ejecutivos del Fondo Monetario (FMI), el Banco Mundial (GBM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), así como para la sensible labor de refinar y coordinar ideas con los embajadores que se desempeñan en la OEA y en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Con la novedosa yapa de endosarle la condición de sherpa (o sea de técnico-guía) de la Argentina ante el Grupo de los 20 (G20), perfil de funciones que había estrenado el difunto excanciller Héctor Timerman, sobre cuya idoneidad no existe un consenso favorable.

 

Tradicionalmente la agenda de la embajada de nuestro país en Washington incluye, además, el regular seguimiento de la actividad de los Centros de Promoción, Consulados y las oficinas especiales que brindan asistencia a los ciudadanos, inversores y empresas involucradas en la exportación nacional al mercado estadounidense, así como los asuntos referidos a la captación de inversiones y al intenso proceso de solución de diferencias (en los que se dirimen todos los conflictos generados por supuestos o reales incumplimientos de contratos y otras obligaciones). El diálogo que se hizo sobre este paquete en la Casa Rosada, dio la idea de centrarse en los rasgos del futuro organigrama.

 

Asimismo, cabe suponer que alguien que fue candidato a Ministro de Relaciones Exteriores es capaz de ser su propio aunque no del todo independiente tutor, usar con eficacia la línea directa con el Presidente y el canciller, sin que ello le impida saltar al ruedo con enfoques todavía in pectore. Una diplomacia de resultados, dotada de gente madura y con vocación de pensar y actuar en equipo, requiere un sincero ejercicio de transparencia y confianza recíproca entre sus actores.

 

Si bien Arguello ya hizo sus primeros pasos en muchas de las tareas que le acaban de encomendar en la Casa Rosada, la realidad dirá cuál de las improntas viables habrá de elegir para el desarrollo de las instrucciones recibidas. A esta altura nadie conoce en detalle el nuevo paquete de objetivos del país en materia de política exterior y política comercial, cuyos pilares organizativos fueron innecesariamente diezmados por los equipos que armó el expresidente Mauricio Macri. Ello no supone que las otras gestiones nacionales verificadas en el Siglo XXI, o los aportes de ciertas organizaciones de la sociedad civil, hubieran mejorado en mucho estas miserias humanas que nacen de la incompetencia. La noción de establecer los genes y políticas de nuestra competitividad, todavía no conoce el nombre de sus autores y líderes.

 

Por lo pronto, una agenda diaria de esta magnitud suele requerir no sólo buena cintura política, sino la posibilidad de sostener un diálogo técnico, una sutil y a veces tediosa negociación y la permanente búsqueda de consensos con la gente relevante que presta funciones en los poderes Ejecutivo y legislativo, así como con las organizaciones de la sociedad civil y las entidades del pensamiento y lobby del país anfitrión. Va de suyo que semejante tarea implica una sistemática información de quienes mandan y cuáles son las exigencias potables para resolver cada tema específico.

 

Esos diálogos son poco fructíferos si los negociadores acreditados en el exterior no son portadores de propuestas bien fundadas y consistentes con los detectables intereses del país que resultan afectados o beneficiados.

 

La tarea de lobby oficial también supone un paciente trabajo de seducción complementaria con el poder legislativo, cuyos equipos técnicos suelen tener un muy avanzado nivel de conocimiento de los asuntos en cartera. Es frecuente que el Poder Ejecutivo estadounidense absorba cuadros formados en el ámbito de la legislación, ya que Washington es la capital de los abogados, los consultores y de todas las variantes de lobistas conocidas en el planeta. Contactar a los legisladores, no siempre es tarea fácil, ya que son gente sobreocupada y la Argentina por ahora no integra las prioridades estratégicas de Washington.

 

Arguello no es el primer embajador político que llega a tan crucial destino diplomático con la misión de aplicar un enfoque con el perfil anunciado por la Casa Rosada. El excanciller Guido Di Tella, que fue el primer ingeniero que alcanzó la función ministerial del ramo (y poseía una muy sólida formación académica de economista), se prodigó con un baile similar en sus funciones de embajador, sólo que en esa época no existía el actual G20, la misión a su cargo incluía un experto Consejero Financiero y la interacción era vista con genuino interés por los participantes convocados. En la mencionada época Washington aún tenía voluntad de liderar, no de ignorar, sus compromisos con el planeta.

 

Parecido mérito le cupo a José Octavio Bordón, quien ejerció su liderazgo con el perfil de un hombre habituado a trabajar en equipo y ensamblar ideas totalizadoras. En cambio, no resultó tan feliz la experiencia montada a mediados de los 90´s para establecer en Washington una especie de oficina del representante comercial a domicilio, proyecto en el que no sólo flaquearon los objetivos, sino la conciencia indispensable de que negociar política comercial entraña contar con ideas precisas sobre el tema y conocer en forma actualizada, profunda y sistemática las opciones y reglas que se debaten en la agenda global, regional y bilateral. En esas lides no existe buen sustituto de la falta de experiencia, la que no se adquiere en la vida académica o apelando a ridículos proxies de la profesión económica. Peor que no saber, es suponer que uno sabe.

 

La principal función de una embajada moderna es entender cuáles son las reglas escritas y no escritas a la que adhiere nuestra contraparte a la hora de adoptar cada una de sus decisiones. Ello no se consigue en la oficina, sino recogiendo parte por parte la inteligencia de calle y recurriendo a contactos relevantes. La otra enseñanza de valor, es la implícita en un cartelito que vi en un enorme bar de Normandía. El texto decía “Estimado cliente: no haga la pregunta si no está en condiciones de entender la respuesta”.

 

En la reunión liderada por el Presidente Alberto Fernández, no sólo estuvo el canciller Felipe Solá, sino el Secretario de Asuntos Estratégicos de la presidencia, Gustavo Beliz, a quien la publicación estadounidense Quaterly Review le atribuyó, semanas atrás, la intención de competir por la futura presidencia del BID, candidatura para la que también parece estar disponible el doctor Alejandro Werner, actual Director del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario (aludido en la misma información). Antes del cambio de gobierno, el puesto era apetecido por el economista Rogelio Frigerio nieto, ex Ministro del Interior durante la gestión de Mauricio Macri.

 

La gestión de Arguello en el G20 debería servir para que Argentina haga aportes y negocie sus intereses como país compenetrado con el proceso de diálogo y cooperación, para devenir en interlocutor solvente de los intereses nacionales en definiciones sobre la agricultura, el desarrollo sostenible y las finanzas públicas. El gobierno tendría que adherirse sin reservas a la mayoría de naciones que desea reintroducir en dicho foro la lucha contra el proteccionismo, tema que Solá solía conocer bastante bien.

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