ENTRETENIMIENTO

No vas a creer estas 5 joyas ocultas del streaming: sexo, crimen y puro escándalo

Cinco recomendaciones en streaming que combinan erotismo, violencia, traición y humor negro. Series y películas para quienes buscan experiencias intensas.

Sexo, poder y traición: 5 recomendaciones intensas para tu próxima maratón
Sexo, poder y traición: 5 recomendaciones intensas para tu próxima maratón
Oscar Mainieri 21 agosto de 2025

Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix ,Disney Plus, Prime Video, Paramount Plus y Max.

1. Serie para ver en Netflix: En el barro



Bienvenidos a La Quebrada, una unidad penitenciaria en la que las reclusas disfrutan de ciertos beneficios poco habituales: desde un spa de belleza con aplicaciones de botox y maquillajes que ni Elizabeth Taylor alcanzó a lucir en Cleopatra, hasta un improvisado centro oftalmológico donde se extraen ojos con instrumentos rudimentarios. También pueden ganarse unos pesitos filmando porno para las redes sociales, cuentan con una salita para recibir caballeros de extramuros que hacen uso de sus cuerpos y, por si fuera poco, una sucursal de agencia de adopción que colabora en la felicidad de parejas estériles. A eso se suman la academia de baile y el gimnasio, donde las internas tonifican y estiran sus cuerpos. Dicen que algunas estudian, aunque la escuelita jamás aparece en pantalla.

Sebastián Ortega vuelve a desplegar un universo verosímil, alimentado por la tradición del drama carcelario que tantas películas y series han transitado. En el barro es una deriva natural de su éxito anterior, El marginal, y, en ese sentido, hay que agradecerle un entretenimiento de lo más eficaz para quienes disfrutan de este tipo de historias. El registro incluso coquetea con lo cabaretero, aunque cuesta imaginar a Liza Minnelli haciendo un número musical en semejante escenario.

El gran atractivo de la serie, más allá del despliegue de producción en sus 8 episodios, está en su reparto. Una sucesión de nombres que quita el aliento: Rita Cortese, Cecilia Rossetto, Gerardo Romano, Lorena Vega, Marcelo Subiotto, Juan Gil Navarro, Justina Bustos, Valentina Zenere y, como puente directo con El marginal, las presencias de Ana Garibaldi, Gerardo Romano y Juan Minujín, entre otros.



No menos llamativos son los logros de la boxeadora Alejandra "Locomotora" Olivera antes de partir de este mundo, que combinan fiereza y ternura; el debut en pantalla de la cantante María Becerra, recién llegada de la corte del Antiguo Egipto; la belleza cruel de la española Ana Rujas (La Mesias); y el regreso a la ficción de la siempre singular Juana Molina, quien aporta una dosis de humor en medio de tanto drama y violencia.

Porque sí, En el barro se regodea en escenas de violencia y erotismo, todas resueltas con la prolijidad de quien sabe dar espectáculo y dirigidas con la convicción de estar filmando algo mayor. Ahora, si alguien ingenuamente espera un alegato social al estilo Ken Loach sobre la crueldad del sistema penitenciario, lo lamento: acá no hay espacio para sermones. Lo que sí ofrece la serie, sin disimulo alguno, es un festín exagerado, desmesurado y, para colmo, bastante disfrutable.

Muy recomendada.



2. Película para ver en Prime Video: Lee mis labios

He aquí una de las películas que cimentaron la fama de Jacques Audiard mucho antes de crear extravagancias como Emilia Perez. En Lee mis labios, el director construye un thriller atípico que subvierte las convenciones del género al situar el suspenso no en una trama de acción trepidante, sino en el choque entre dos personajes marginados que, al unir sus carencias, encuentran un modo de sobrevivir. La película comienza en un terreno aparentemente anodino: Carla (Emmanuelle Devos), una secretaria con problemas auditivos y un profundo sentimiento de invisibilidad, lleva una vida gris y rutinaria. La irrupción de Paul (Vincent Cassel), un ex convicto contratado como ayudante, abre un espacio de tensión y complicidad que pronto se transforma en un pacto delictivo.

El film dialoga con el thriller clásico en su estructura —una pareja que planea un golpe, la infiltración en un mundo criminal, la amenaza constante de violencia—, pero Audiard le imprime un tono íntimo y psicológico. La intriga se construye tanto en los silencios como en las miradas, en la incapacidad de comunicarse plenamente, en los gestos pequeños que adquieren un valor dramático. El suspenso, en lugar de residir en las persecuciones o tiroteos, se instala en la posibilidad del fracaso personal: ¿podrán Carla y Paul reinventarse en un mundo que los ha condenado a la marginalidad?



Emmanuelle Devos ofrece una interpretación magistral, alejada de la heroína convencional del cine de género. Su Carla no es una femme fatale ni una víctima pasiva, sino una mujer que descubre en su discapacidad auditiva una herramienta de poder: leer los labios se convierte en su modo de control sobre un entorno que antes la anulaba. Vincent Cassel, por su parte, aporta su energía física y su nerviosismo habitual, pero aquí canalizados en un personaje vulnerable, cuya violencia contenida se equilibra con una necesidad urgente de confianza y redención.

La química entre ambos actores es el núcleo del film, una alianza improbable que oscila entre la atracción, la dependencia y la manipulación. Audiard filma esa relación con un pulso seco, casi documental, evitando la estilización excesiva para anclar el relato en un realismo cotidiano. Al mismo tiempo, el guion despliega una tensión progresiva que recuerda a los thrillers noir, aunque aquí el motor no es el dinero ni la venganza, sino la necesidad de ser vistos y reconocidos.

En definitiva, Lee mis labios es un thriller existencial, que combina las claves del género con un retrato profundamente humano de la soledad y la marginación. Audiard demuestra su capacidad para renovar los códigos narrativos, convirtiendo a dos seres desajustados en protagonistas de un relato de suspenso, ternura y violencia. Una obra donde el crimen se mezcla con la intimidad, y en la que la mayor intriga no es si el plan tendrá éxito, sino si Carla y Paul lograrán encontrar su lugar en un mundo que les niega espacio.



Imperdible.

3. Película para ver en Disney Plus: Dios lo prohíba: El escándalo que destruyó una dinastía

Este relato dirigido por Billy Corben, se instala en ese territorio incómodo donde el documental político se disfraza de pancarta sensacionalista. La historia arranca como un chisme digno de revista amarilla: Giancarlo Granda, socorrista de 20 años en la pileta del Hotel Fontainebleau de Miami, comienza un romance con Becki Falwell mientras Jerry Falwell Jr. —presidente de Liberty University y líder evangélico — participa en los encuentros observando con entusiasmo las actividades sexuales de su esposa con el muchacho. Pero lo que podría quedar como mera anécdota escabrosa se convierte en un retrato corrosivo de la hipocresía religiosa cuando el caso estalla públicamente y expone los cimientos de un imperio que hacía gala de moralidad estricta para sus fieles.



Corben se divierte con el material y no lo oculta: su estilo audiovisual está marcado por un montaje de ritmo frenético, recreaciones visuales que parecen sacadas de una telenovela kitsch y un despliegue de neón que bordea el videoclip. El resultado es un espectáculo tan entretenido como morboso, construyendo un relato que por momentos parece diseñado para el zapping más que para el archivo histórico. Sin embargo, en esa exageración hay también un método: subrayar el artificio de una familia que, puertas adentro, funcionaba con las mismas dosis de teleteatro barato.

La verdadera dimensión del documental aparece cuando conecta la vida privada de los Falwell con la esfera pública de la política estadounidense. Jerry Falwell Jr. no era un telepredicador de segunda fila, sino una figura clave en el entramado evangélico que terminó respaldando a Donald Trump en 2016. Ese apoyo, fundamental para legitimar al candidato ante millones de votantes cristianos, muestra cómo el pacto entre religión y política se sellaba mientras, tras las cortinas, el matrimonio Falwell mantenía un triángulo amoroso con un joven que conocieron en una pileta de hotel. El contraste entre el sermón público y la práctica privada no sólo resulta grotesco: es una radiografía perfecta de la hipocresía como motor de poder.

Giancarlo Granda, lejos de ser un simple testigo pasivo, aparece en pantalla con expectativas muy claras. Lo suyo nunca fue únicamente la pasión ni el deseo; fue también la posibilidad de capitalizar un acceso privilegiado a los Falwell. El documental lo muestra como alguien consciente de su posición y dispuesto a transformar la aventura en plataforma económica. Esa ambición, cínica y pragmática, lo aleja de la imagen de víctima absoluta: lo presenta más bien como un actor secundario que aspiraba a convertirse en socio de un clan poderoso, hasta que la maquinaria se le vino encima.



En última instancia, el documental desnuda un sistema en el que la fe, el poder y el sexo se entrelazan como engranajes de una misma maquinaria. Corben no ofrece una meditación solemne ni un ensayo profundo, sino un espectáculo donde la ironía sirve para amplificar la caída de los ídolos. 

Muy recomendada.

4. Película para ver en Paramount Plus: Novocaína



Novocaína es de esas películas que entran derecho al ranking de placeres culposos pero irresistibles. La historia de Nathan Caine, un bancario que no siente dolor físico y que termina metido en un atraco sangriento mientras intenta rescatar a su compañera-amante, funciona como excusa para un festival de piñas, tiros y chistes que se ríen de todo. Dan Berk y Robert Olsen dirigen con la energía de dos pibes que encontraron una caja de fuegos artificiales y decidieron prenderlos todos juntos. No hay pretensión de realismo ni mensaje social: lo que hay es puro desborde, y por eso funciona.

La gran apuesta es Jack Quaid, hijo de Dennis Quaid y Meg Ryan, que en lugar de quedarse cómodo con el título de "hijo de..." se la juega y demuestra que puede cargar una película entera al hombro. Después de ser Hughie en The Boys, de animarse a Los juegos del hambre, ponerle voz a Superman en My Adventures with Superman y hasta aparecer en Scream (2022), acá se prueba en el terreno de la comedia de acción y se nota que disfruta cada golpe. Su Nathan es un tipo común al que la vida lo castiga de todas las formas posibles, y sin embargo el tipo sigue de pie, con una mezcla de torpeza y encanto que lo hace querible.

La dirección entiende que la clave está en explotar esa condición física absurda: cada trompada, caída o disparo se vuelve un gag visual. El guion de Lars Jacobson podría haber caído en el chiste fácil o en la repetición, pero mantiene la frescura con un ritmo que no afloja nunca. Cuando parece que la trama se va a poner seria, enseguida aparece un giro, una línea ingeniosa o una escena de acción pasada de rosca que te saca una sonrisa. Es cine hecho para el disfrute inmediato, sin vueltas, que no te pide nada más que dejarte llevar.



La película se emparenta con comedias de acción como Tren balaNobody, pero con un tono más juguetón, menos preocupado por la elegancia y más por el efecto inmediato. Amber Midthunder acompaña con fuerza y carisma, y su química con Quaid le suma un costado romántico que evita que todo sea solo piñas y corridas. Lo interesante es que, aun en medio de tanta exageración, el vínculo entre ellos logra transmitir cierta ternura, un respiro en medio del caos.

En definitiva, Novocaína es una comedia de acción rabiosa, graciosa y muy entretenida, que confirma a Jack Quaid como algo más que el heredero de dos estrellas de Hollywood: es un actor con oficio, timing y carisma propio. 

Muy recomendada.



5. Miniserie para ver en HBO Max: Mildred Pierce

La miniserie Mildred Pierce, dirigida por Todd Haynes y producida por HBO en 2011, surge de la novela homónima de James M. Cain publicada en 1941, pero a diferencia de la célebre versión cinematográfica de 1945 con Joan Crawford (El suplicio de una madre), opta por un registro mucho más fiel al texto original. Si aquella adaptación se inscribía en el noir y en la lógica del women's film clásico de Hollywood, con su mezcla de melodrama y victimización femenina, la apuesta de Haynes es llevar la historia a un terreno más realista, con un ritmo pausado, cinco capítulos extensos y un tono cercano al naturalismo. En ese gesto se nota la huella de un director que siempre dialogó con las formas del melodrama, pero que aquí decide desmontarlas para volver a sus orígenes narrativos.



Haynes, que venía de indagar en los imaginarios femeninos y en los géneros del melodrama en títulos como Safe (1995), Lejos el paraíso (2002) y más tarde Carol (2015), encuentra en Mildred Pierce un terreno fértil para su obsesión por el cine de mujeres. La miniserie funciona como un women's film revisitado: hay ascenso social, deseo de independencia, luchas íntimas y la constante tensión entre la figura femenina y un mundo hostil. Haynes recurre a una puesta en escena sobria, casi ascética, donde la atmósfera de la Depresión norteamericana queda marcada en decorados, vestuario y texturas que refuerzan la materialidad de ese universo.

En el centro está la labor de Kate Winslet, que encarna a Mildred con una intensidad impresionante. Su trabajo se sostiene en pequeños gestos, silencios y una entrega absoluta a las contradicciones del personaje: una mujer que lucha por su autonomía y éxito económico, pero que a la vez se enreda en la trampa de una maternidad devoradora. Winslet transmite con nitidez esa mezcla de resiliencia y fragilidad, de fuerza laboral y dependencia emocional hacia su hija. Su interpretación no sólo le valió un Emmy y un Globo de Oro, sino que también confirmó su lugar como una de las actrices más sólidas de su generación.



El elenco que la acompaña potencia esa complejidad. Evan Rachel Wood, como Veda en su versión adulta, aporta una energía venenosa, manipuladora, que convierte la relación madre-hija en el verdadero núcleo trágico de la serie. Guy Pearce, como Monty, introduce la dimensión del deseo y la clase social, mientras que Melissa Leo y Mare Winningham enriquecen el universo femenino secundario con personajes llenos de matices. Cada actuación parece pensada para sostener el entramado entre el ascenso económico de Mildred y su progresiva quiebra emocional.

La miniserie puede leerse como un relato sobre maternidad tóxica, donde el amor de Mildred por Veda se transforma en obsesión y sumisión, al punto de arruinar todo lo que había conseguido con su trabajo y esfuerzo. Haynes filma esa relación con la crudeza de un vínculo que nunca encuentra equilibrio: una madre que quiere ser amada por su hija a toda costa y una hija que convierte esa demanda en poder y desprecio. En ese sentido, Mildred Pierce no es sólo un women's film aggiornado, sino también una radiografía incómoda sobre cómo los afectos más íntimos pueden corroer la autonomía conquistada. El resultado es una obra que revisita un clásico con rigor, delicadeza y ferocidad emocional.

Muy recomendada.



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