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Maratón asegurada: las 5 joyas ocultas de Netflix, HBO Max, Paramount y Prime Video

Del policial psicológico a la comedia negra y el musical clásico: cinco estrenos y joyas ocultas para maratonear y debatir. Elegí tu favorita y sorprendete.

Maratón asegurada: las 5 joyas ocultas de Netflix, HBO, Paramount y Prime Video
Maratón asegurada: las 5 joyas ocultas de Netflix, HBO, Paramount y Prime Video

Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix ,Prime Video, Paramount y Max.

1. Miniserie para ver en Netflix: Angi: Crimen y Mentira



Esta miniserie española, dirigida por Carlos Agulló, explora uno de los episodios más desconcertantes de la crónica policial reciente: el asesinato premeditado de Ana María Páez a manos de María Ángeles Molina, más conocida como Angi. A lo largo de dos episodios, la serie reconstruye con precisión documental y abundante material de archivo un crimen meticulosamente planificado, que combinó el robo de identidad, el fraude sistemático y una escenificación que pretendía simular un accidente de carácter sexual.

Desde el punto de vista formal, el documental se sostiene en un montaje riguroso y una investigación detallada. Se incorporan entrevistas con los Mossos d'Esquadra (policías catalanes), declaraciones de personas cercanas a la víctima y fuentes judiciales que permiten seguir con claridad el desarrollo del caso. La estructura narrativa se apoya en estos elementos para reforzar la dimensión real del relato, sin caer en excesos dramáticos ni recursos sensacionalistas.

Narrativamente, la serie funciona como una espiral de engaños que se va desenrollando ante los ojos del espectador. Angi no solo asesina a su víctima: asume su identidad, continúa su vida como si nada hubiera ocurrido y mantiene durante años una doble existencia con una frialdad perturbadora. El relato se vuelve aún más inquietante cuando se revela que también estuvo casada y que su marido murió en circunstancias sospechosas, lo que plantea la posibilidad de un patrón criminal aún más complejo.



En este sentido, Angi: Crimen y Mentira combina el atractivo del thriller con una lectura psicológica de fondo, sin perder de vista la dimensión judicial y el impacto social del caso. La serie interpela al espectador no solo por la espectacularidad del crimen, sino por la opacidad moral de su protagonista, una mujer dispuesta a todo por sostener una vida de lujos y apariencias.

Con una realización formalmente eficaz, el documental de Agulló se convierte en una pieza inquietante y reveladora, que da cuenta de los laberintos de la mente humana y los límites difusos entre la mentira sostenida y el crimen calculado. Más que un simple relato policial, se trata de un estudio sobre la manipulación, la codicia y el lado más oscuro del deseo de ascenso social.

Muy recomendada.



2. Miniserie para ver en Netflix: El inocente

Dirigida por Oriol Paulo, esta miniserie adapta con soltura y audacia una novela de Harlan Coben al contexto español, transformando un thriller estadounidense en un relato profundamente enrarecido por secretos, giros constantes y la persistencia de un pasado turbio. A lo largo de sus ocho episodios, seguimos a Mateo Vidal (Mario Casas), un hombre que, tras cumplir condena por homicidio involuntario, intenta reconstruir su vida. Sin embargo, la desaparición repentina de su esposa (Aura Garrido) lo arrastra a una red criminal de proporciones inesperadas. Lo que comienza como un drama íntimo deriva pronto en una trama que involucra trata de personas, corrupción institucional, espionaje y heridas no cicatrizadas del pasado.

Uno de los mayores aciertos de la serie es su estructura narrativa fragmentada y coral. Cada episodio se organiza desde la perspectiva de un personaje distinto, lo que permite que el relato crezca en profundidad y complejidad, desestabilizando constantemente al espectador. Paulo, ya reconocido por su maestría en el thriller con filmes como ContratiempoDurante la tormenta, vuelve a demostrar su pericia al combinar las atmosferas del film noir con un montaje visualmente estilizado. Su cámara recorre espacios cerrados, revela zonas sombrías de la memoria y exige atención constante a quien mira, sin permitir distracciones.



El elenco cumple con creces su función dentro del universo propuesto. Mario Casas, aunque muy limitado como actor, impone una presencia visual poderosa. Aura Garrido compone un personaje enigmático y ambiguo, pleno de resbalosas aristas, mientras que Alexandra Jiménez brilla como la inspectora Lorena Ortiz, con su melenita a lo Rafaela Carrá y sus tacos aguja, una figura marcada por un trauma que atraviesa su trabajo con una mezcla de vulnerabilidad y determinación. Nuestra Martina Gusmán se destaca en los episodios finales con su aplomo habitual, y la participación de intérpretes como José Coronado o Juana Acosta aporta solidez al reparto. La serie roza a veces lo inverosímil —con monjas impostoras, clubes sexuales en Marbella y dosis explícitas de violencia sádica hacia las mujeres—, pero su hábil disposición de los elementos que la constituyen le permite salir impune.

Visualmente, la propuesta se caracteriza por una fotografía oscura, elegante y cargada de tensión dramática. Predominan los colores fríos, los contrastes marcados y una música ambiental que intensifica el estado de alerta. La dirección de arte opta por lo funcional y siniestro, enmarcando la historia en escenarios como hoteles lúgubres, pasillos judiciales o comisarías desprovistas de calidez. El montaje, plagado de saltos temporales y superposiciones narrativas, refuerza el carácter fragmentario de la serie, que podría resultar confusa si no fuera por el cuidado con que se hilvanan las múltiples subtramas.

En conjunto, El inocente se impone como una de las mejores adaptaciones del universo literario de Coben. Su principal virtud es el desarrollo de una narrativa expansiva, que exige un espectador activo y alerta, lejos de la pasividad que proponen tantas ficciones criminales. El resultado es un thriller absorbente, sofisticado y visualmente impactante, que consolida a Oriol Paulo como uno de los narradores más hábiles del panorama ibérico en el terreno del suspenso audiovisual.



Muy recomendada.

3. Miniserie para ver en HBO Max: Estado de furia

Dirigida por Félix Sabroso, esta miniserie española de ocho episodios combina comedia negra, drama coral y una mirada ferozmente contemporánea sobre la frustración, el desencanto y la violencia simbólica que enfrentan las mujeres maduras en una sociedad que las invisibiliza. Con un enfoque episódico y fragmentado, la serie sigue a cinco mujeres que, ante situaciones personales extremas —desde desahucios hasta humillaciones laborales, engaños afectivos o cancelaciones mediáticas—, deciden estallar. El "efecto mariposa" narrativo que entrelaza sus historias no solo estructura la serie, sino que subraya su hipótesis principal: la furia de una es el catalizador de muchas. Lejos del panfleto, Sabroso opta por un tono incómodo, excesivo y provocador que desafía el lugar pasivo que tradicionalmente se les asigna a estas protagonistas.



El estilo visual de la serie, marcado por un uso expresivo del color, planos cerrados que acentúan el aislamiento de los personajes y una puesta en escena cercana al grotesco, acentúa el artificio sin perder densidad emocional. Hay guiños estilísticos a la sátira almodovariana, pero también una mordacidad más cruda y contemporánea, cercana al universo de films como Parásitos o incluso de series como The White Lotus, donde la incomodidad se convierte en desafío cool para los espectadores. Sabroso logra una atmósfera visual y sonora que acompaña la desestabilización emocional de sus personajes: nada en Estado de furia es sereno, ni neutral, ni reparador. Todo está deliberadamente cargado de ironía, crispación y deseo de reparación, aunque esa reparación llegue a través de lo irracional, el colapso o la venganza simbólica.

En este marco coral, brilla con particular intensidad en el episodio 5 la labor de Cecilia Roth como Victoria, una ex actriz del cine del "destape" post franquista que carga con el peso de haber sido deseada, explotada y luego descartada. Su personaje representa, con lucidez feroz, el reverso del mito erótico femenino: la mujer convertida en símbolo sexual por otros, forzada a soportar el deseo ajeno y luego sepultada por él. Roth encarna ese proceso de borramiento con una mezcla de ironía elegante, ternura contenida y una tristeza que se filtra en cada gesto. Su Victoria no busca redención ni reconocimiento: busca, más bien, hacer visible una historia negada, como si dijera con cada palabra: "yo también fui parte, y también fui arrasada". En sus escenas, Roth logra el milagro de exponer una herida sin caer nunca en el patetismo, sosteniendo una dignidad que conmueve por su crudeza.

La actuación de Roth funciona también como una reflexión sobre su propia trayectoria como musa del cine iberoamericano, lo que convierte a Victoria en un espejo ambiguo de la actriz real, ya que aparece un desnudo total de alguna de las películas que filmó en aquella época. Esa ambivalencia entre personaje y figura pública otorga a la serie una densidad suplementaria: Estado de furia no solo narra la historia de mujeres que estallan ante el maltrato sistémico, sino que convoca, a través de sus actrices, la memoria de cuerpos usados y descartados por la industria del espectáculo. Roth, con su voz ronca, su mirada aún fulgurante y su forma de decir cada línea como si fuera una revelación íntima, ofrece una de las interpretaciones más intensas y valientes de su carrera.



Estado de furia se impone como una de las propuestas más singulares y pujantes del panorama audiovisual reciente. No busca agradar ni consolar: su objetivo es incomodar, sacudir y abrir espacio para otras formas de narrar la rabia femenina. Con un elenco formidable —donde también brillan Carmen Machi, Candela Peña, Pilar Castro, Ana Torrent y Nathalie Poza— y una dirección que abraza lo excesivo y grotesco como forma de verdad emocional, la serie convierte el colapso individual en manifiesto colectivo. Y en el centro, Cecilia Roth, más lúcida y conmovedora que nunca, nos recuerda que incluso desde el margen, se puede recuperar la voz.

Imperdible.

4. Serie para ver en Paramount Plus: Dexter: Resurrección 



Esta nueva entrega en 10 episodios retoma la historia del asesino serial más simpático y perverso apenas semanas después del final trágico de New Blood. Dexter Morgan, interpretado una vez más por el maleable Michael C. Hall, sobrevive milagrosamente al disparo de su hijo Harrison y despierta en un hospital, donde se ve forzado a lidiar con su pasado, su código de conducta y una nueva amenaza que lo arrastra de vuelta al centro de la violencia. Nueva York —helada, impersonal y laberíntica— se convierte en el escenario perfecto para esta nueva fuga interior: el intento de Dexter por reencontrar a su hijo y redimirse, mientras una red de asesinos seriales comienza a operar en las sombras.

Uno de los aspectos más llamativos de esta temporada es el regreso de múltiples personajes emblemáticos de la saga. David Zayas retoma su papel como el detective Ángel Batista, ahora en la recta final de su carrera y obsesionado con cerrar definitivamente el caso Morgan. James Remar regresa brevemente como Harry, la figura paterna y guía moral que marcó a Dexter desde la infancia, y John Lithgow reaparece como el Trinity Killer en una secuencia onírica que conecta los traumas pasados con el presente. Incluso Jimmy Smits, como Miguel Prado, aparece en un recuerdo que reabre dilemas éticos de temporadas anteriores.

A este núcleo se suman nuevas figuras que reconfiguran el universo de la serie: Peter Dinklage interpreta a Leon Prater, un magnate con un club clandestino de asesinos seriales que introduce una dimensión más perversa y retorcida al código de Dexter. Krysten Ritter destaca como Mia, una investigadora privada con vínculos ambiguos con el mundo de Prater; Neil Patrick Harris, Eric Stonestreet y David Dastmalchian completan el grupo con personajes tan excéntricos como siniestros. Entre ellos, Uma Thurman brilla como Charley, una jefa de seguridad con pasado turbio y temple helado, cuya interacción con Dexter tensiona el relato cada vez que aparece.



Michael C. Hall retoma el papel con la intensidad y ambigüedad moral que lo hicieron célebre. Su Dexter está ahora más descompuesto, menos confiado y más humano, aunque igual de letal cuando su código de normas lo exige. Jack Alcott regresa como Harrison, marcado por la violencia de su padre, tratando de entender su propia oscuridad. La relación entre ambos, cargada de culpa, silencio y anhelo de redención, funciona como hilo emocional de una temporada que no solo busca resolver cuentas pendientes, sino también interrogar si el monstruo puede ser un padre, o si la paternidad está inevitablemente corrompida en quien mata para vivir.

En definitiva, los cuatro episodios emitidos de Dexter: Resurrección nos permiten observar una narrativa más coral y oscura que la de sus antecesoras, con menos humor y colorido, anclada en el regreso de viejos fantasmas y en una ciudad que actúa como laberinto. La serie se permite momentos de autocrítica, guiños al fanático histórico y la construcción de una mitología expandida sin traicionar los lineamientos originales. La solidez del reparto —y en particular los regresos clave— sostienen una temporada que dialoga con el pasado, reabre heridas y plantea un posible cierre con más peso emocional que su fallido intento anterior.

Muy recomendada.



5. Película para ver en Prime Video: El violinista en el tejado

Dirigida por Norman Jewison en 1971, es la adaptación cinematográfica del célebre musical de Broadway estrenado en 1964, con música de Jerry Bock, letras de Sheldon Harnick y libreto de Joseph Stein. Basado en la novela Tevye y sus hijas, de Sholem Aleijem, el musical relata la vida de los judíos jasídicos en una aldea rusa a comienzos del siglo XX, enfrentados a las tensiones entre la tradición y el cambio. 



El guion, no exento de grandes dosis de humor, explora temas universales como la familia, la fe y la identidad cultural, utilizando canciones inolvidables como "If I Were a Rich Man" o "Sunrise, Sunset" para profundizar en los conflictos internos y sociales de sus personajes. La música no es solo un adorno, sino un vehículo narrativo que armoniza lo festivo y lo trágico, cumpliendo así con la función central del musical como género híbrido.

La versión cinematográfica, filmada en locaciones reales de la ex Yugoslavia (lo que sería hoy Croacia) y en los estudios MGM en California, logra trasladar el espíritu teatral al lenguaje visual del cine con naturalismo y autenticidad. Jewison -un director no especializado en el género pero que después realizaría Jesucristo Superstar- utiliza exteriores reales para enriquecer la atmósfera y permite que los números musicales se desplieguen espacialmente, evitando la rigidez de un escenario teatral. Esta libertad que otorga el cine da pie a que la música y la danza se integren orgánicamente en la narración, sin perder la energía y el ritmo característicos del musical clásico.



La trama sigue a Tevye, un lechero jasídico interpretado por Topol, que lucha por preservar sus tradiciones en medio de los cambios sociales y la persecución antisemita. Los conflictos familiares derivados de los matrimonios de sus hijas, que desafían las normas religiosas, se convierten en el núcleo dramático, con la música marcando los estados emocionales y el desarrollo de los personajes. 

En cuanto a reconocimiento, la película recibió cinco nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película y actor para Topol, y ganó tres premios por mejor banda sonora adaptada, dirección artística y diseño de vestuario. La crítica Pauline Kael destacó la frescura y profundidad emocional de la adaptación, el equilibrio entre lo épico y lo íntimo, y la interpretación de Topol como puntos fuertes. En conjunto, la película es una adaptación que honra el musical de Broadway y ejemplifica cómo un musical tradicional puede trascender su origen teatral para crear una obra cinematográfica vibrante y emotiva, de esas que no es fácil olvidar: un verdadero canto a la vida.

Muy recomendada.



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