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Qué ver: el regreso de Spielberg, una serie de misterio en Netflix y una joya oculta de Greta Gerwig

Cinco recomendaciones para la semana: el regreso de Steven Spielberg a la ciencia ficción, un thriller de misterio en Netflix, una joya del cine independiente con Greta Gerwig y un show histórico que volvió a brillar.

Qué ver en cines, Netflix, MUBI y YouTube
Qué ver en cines, Netflix, MUBI y YouTube

Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, MUBI, YouTube y cines. 

1. Película para ver en el cine: El día de la revelación



Con casi cinco décadas de carrera explorando el misterio de lo desconocido, Steven Spielberg regresa a la ciencia ficción con El día de la revelación, un thriller conspirativo que recupera muchas de las obsesiones que han atravesado su filmografía: la fascinación por los extraterrestres, la confianza en la empatía como fuerza transformadora y la eterna tensión entre el secreto de Estado y el derecho a la verdad. La historia sigue a Daniel Kellner (Josh O'Connor), un analista que roba información clasificada sobre décadas de contacto entre la humanidad y seres extraterrestres y huye de una poderosa corporación gubernamental. Paralelamente, Margaret Fairchild (Emily Blunt), una meteoróloga de televisión, comienza a experimentar extraños fenómenos psíquicos que la conectan con una inteligencia desconocida. Ambas historias terminan convergiendo en una revelación destinada a cambiar para siempre la percepción del mundo.

Spielberg vuelve a demostrar que sigue siendo uno de los grandes realizadores del cine comercial. Desde la primera persecución hasta el clímax final, la película exhibe un virtuosismo técnico extraordinario. La fotografía de Janusz Kamiński recupera los contraluces, halos luminosos y reflejos que constituyen una marca registrada del director, mientras el montaje imprime un ritmo nervioso que mantiene la tensión incluso cuando el relato comienza a estancarse. Varias secuencias de acción, -especialmente una persecución entre un auto y un tren que merece el precio de la entrada- y un extenso plano secuencia en una granja, recuerdan que pocos cineastas poseen semejante dominio del espacio cinematográfico y del espectáculo visual.

Sin embargo, el principal problema del guion de David Koepp reside en una confianza excesiva en la exposición verbal. Los personajes explican constantemente lo que sienten, lo que piensan y, sobre todo, el funcionamiento del complejo entramado conspirativo. En lugar de permitir que el misterio se construya mediante imágenes o sugerencias, la película termina verbalizando casi todas sus ideas. La segunda mitad se convierte en una sucesión de explicaciones que ralentizan el relato y le restan fuerza al componente fantástico. Paradójicamente, una historia basada en el misterio acaba dependiendo demasiado de largos diálogos explicativos.



Existe además un fuerte componente autorreferencial. El día de la revelación funciona casi como una autofagocitación de la carrera de Spielberg. Hay ecos evidentes de Encuentros cercanos del tercer tipoE.T., Minority ReportLa guerra de los mundosInteligencia artificial e incluso Los Fabelman. La infancia suburbana, los cielos iluminados, las figuras paternas ausentes, la fascinación por la comunicación entre especies y la fe en la bondad esencial del ser humano reaparecen una vez más. En algunos momentos estas autocitas funcionan como un emotivo balance artístico; en otros, transmiten la sensación de que Spielberg está dialogando más con su propio ombligo que con el cine contemporáneo.

Emily Blunt entrega probablemente la interpretación más compleja de la película. Su Margaret oscila entre la confusión, el humor involuntario y una creciente dimensión espiritual con notable naturalidad. Josh O'Connor aporta convicción a un protagonista más funcional que verdaderamente desarrollado, mientras Colin Firth construye un antagonista elegante, aunque demasiado esquemático. El reparto cumple con solvencia, pero son Blunt y la siempre inspirada música de John Williams quienes sostienen gran parte de la carga emotiva del film.

La resolución termina siendo el aspecto más discutible. Después de construir durante más de dos horas una intriga sobre secretos gubernamentales, conspiraciones y contacto extraterrestre, la revelación final resulta sorprendentemente previsible y profundamente sentimental. Spielberg vuelve a defender la empatía como salvación universal, una idea coherente con toda su obra, pero aquí aparece formulada de manera demasiado explícita y con una ingenuidad que reduce el impacto dramático. El desenlace privilegia el mensaje por encima del conflicto y apuesta por una emoción que muchos espectadores encontrarán conmovedora, mientras otros la percibirán como excesivamente edulcorada.



También es imposible no reconocer la persistente influencia de Alfred Hitchcock en el cine de Spielberg. La construcción narrativa se articula en torno a un clásico MacGuffin; el protagonista inocente perseguido remite inevitablemente al Cary Grant de Intriga internacional, y la tensión surge de manera constante a partir del desplazamiento del héroe por espacios abiertos donde cualquiera puede representar una amenaza. Se trata, una vez más, de personas comunes enfrentadas a circunstancias extraordinarias. Spielberg confirma así que continúa siendo el heredero más brillante del maestro británico en el dominio del suspenso.

No es casual que Reto a muerte, su primer largometraje realizado para televisión, fuera un thriller abstracto claramente emparentado con Los pájaros. En aquella película nunca se revelaba la motivación del conductor del camión que acosaba al protagonista, del mismo modo que Hitchcock jamás explicaba por qué las aves atacaban a los seres humanos. De Reto a muerte, otra historia construida alrededor de una prolongada persecución, Spielberg recupera aquí una situación puesta en escena prácticamente de la misma manera al inicio de la secuencia del tren. La diferencia entre los dos genios es que Hitchcock privilegiaba siempre la ambigüedad y el subtexto, mientras que Spielberg acaba explicando en exceso aquello que las imágenes ya habían logrado sugerir por sí mismas.

El día de la revelación confirma que Spielberg continúa siendo un cineasta extraordinario en el terreno de la puesta en escena, capaz de convertir cualquier persecución o encuentro en una experiencia cinematográfica de primer nivel. No obstante, también evidencia las limitaciones de un autor que parece mirar constantemente hacia su propio pasado. Es un espectáculo visual de enorme categoría, cargado de virtuosismo técnico y de una sinceridad emocional innegable, cuya insistencia en explicar cada idea y un desenlace demasiado obvio y sentimental impiden que alcance la grandeza de las mejores incursiones de Spielberg en la ciencia ficción.



Recomendada.

2. Película para ver en el cine: Colores del tiempo

El director Cédric Klapisch regresa a un terreno que conoce bien: las historias corales sobre personas que buscan redefinir su identidad. Desde que alcanzó reconocimiento internacional con Piso compartidoLas muñecas rusas ha construido una filmografía centrada en los vínculos humanos, el paso del tiempo y las oportunidades perdidas. En esta ocasión intenta ampliar su registro con un relato que combina drama histórico y comedia contemporánea, alternando dos líneas temporales separadas por más de un siglo. La ambición es evidente, aunque el resultado termina siendo mucho menos consistente de lo que promete.



La historia comienza cuando una empresa necesita adquirir un antiguo terreno para construir un gigantesco complejo comercial. La investigación revela que la propiedad pertenece a una treintena de herederos que ni siquiera saben que están emparentados. Cuatro de ellos viajan hasta la vieja casa familiar –entre ellos un creador de contenido audiovisual de cabellos grasientos- y, a partir de ese descubrimiento, la película retrocede constantemente hasta 1895 para seguir la vida de Adèle, una joven que llega a París en busca de su madre biológica y termina relacionándose con un fotógrafo –de nariz cubista- y un pintor en plena efervescencia artística de la Belle Époque. Klapisch intenta establecer un diálogo entre pasado y presente mediante temas como la familia, el arte, la memoria y la herencia, pero las conexiones entre ambas historias nunca alcanzan la profundidad necesaria para que el conjunto adquiera verdadera emoción. No faltan las referencias a los comienzos del Impresionismo, a Victor Hugo, a Sarah Bernhardt, etc. 

Visualmente, Colores del tiempo resulta cuidada. La reconstrucción del París finisecular, la fotografía y un diseño de producción muy apoyado en lo digital convierten a la ciudad en el gran atractivo de la película, mientras el reparto, encabezado por Suzanne Lindon, Paul Kircher, Vassili Schneider, Vincent Macaigne y Zinedine Soualem, cumple con solvencia. Sin embargo, bajo esa superficie elegante apenas hay verdadera sustancia. La rivalidad entre pintura y fotografía, las discusiones sobre el legado familiar, el valor del patrimonio o el sentido de preservar la memoria aparecen apenas esbozados antes de dar paso a nuevos personajes o nuevos episodios. Klapisch parece más interesado en enlazar escenas agradables y transiciones ingeniosas entre épocas que en desarrollar sus ideas. El resultado es una película simpática, agradable de ver y visualmente refinada, pero superficial en casi todos los niveles, incapaz de extraer verdadero peso dramático de una premisa que ofrecía posibilidades mucho más ricas, que destila la esencia de lo francés en un alambique de plástico.

Recomendada.



3. Serie para ver en Netflix: Oasis

Oasis vuelve a reunir varios de los ingredientes más exitosos del catálogo de Netflix: un crimen en un escenario paradisíaco, familias adineradas llenas de secretos y un amplio grupo de jóvenes atrapados en una investigación policial, en una hibridación entre The White LotusElite. La historia transcurre en un exclusivo resort de lujo cuya aparente tranquilidad se rompe cuando una persona desaparece, convirtiendo tanto a huéspedes como a empleados en sospechosos. La premisa resulta atractiva y los primeros episodios generan suficiente intriga, pero la serie acaba estirando demasiado el misterio. Con ocho episodios, el guion depende cada vez más de giros inesperados, falsas pistas y ganchos hasta el punto de que la tensión pierde fuerza y el desarrollo se vuelve repetitivo.

En el apartado técnico, Oasis es un ejemplo del buen momento que atraviesa el audiovisual español, confirmado por el elevado nivel de producción. La fotografía explota con acierto los paisajes costeros, las playas privadas, las piscinas y las lujosas villas, creando una atmósfera de riqueza y exclusividad que se convierte en uno de los principales atractivos de la serie. El reparto, encabezado por Ana Garcés, Tomy Aguilera y Victoria Kantch, cumple con solvencia y mantiene la credibilidad del relato, aunque la mayoría de los personajes están construidos como simples piezas del rompecabezas narrativo. Cada uno guarda un secreto y pasa a ser sospechoso en algún momento, pero pocos alcanzan una verdadera profundidad dramática.



Creada por Ramón Campos y parte del equipo responsable de Las chicas del cableEl caso AsuntaOasis demuestra una vez más la habilidad de sus creadores para construir un producto entretenido y visualmente atractivo, con kilómetros de piel joven al desnudo. Sin embargo, la serie desaprovecha la posibilidad de desarrollar con mayor profundidad el contraste entre los millonarios que disfrutan del resort y los trabajadores que sostienen ese mundo de privilegios, inclinándose en cambio por el drama romántico juvenil. El resultado es un thriller apenas correcto, elegante y fácil de consumir, aunque demasiado prolongado y menos emocionante de lo que prometía su excelente punto de partida.

Recomendada.

4. Película para ver en MUBI: Hannah sube la escalera



Antes de convertirse en una de las cineastas más poderosas de Hollywood con Lady BirdMujercitasBarbie, Greta Gerwig fue uno de los rostros más representativos del Mumblecore, un movimiento independiente estadounidense surgido a comienzos de los años 2000 que apostaba por presupuestos mínimos, diálogos improvisados, actuaciones naturalistas y conflictos cotidianos de jóvenes adultos incapaces de encontrar su lugar en el mundo. Hannah sube la escalera (2007), dirigida por Joe Swanberg, constituye uno de los títulos fundamentales de aquella corriente y funciona como un recordatorio del momento en que un grupo de amigos, más que una industria, le insuflara nuevos aires al cine independiente norteamericano.

La película sigue a Hannah, una joven que comienza a trabajar como asistente de producción en una pequeña compañía mientras encadena relaciones sentimentales con distintos hombres sin encontrar estabilidad emocional. Más que narrar una historia convencional, Swanberg observa los pequeños gestos, las conversaciones aparentemente intrascendentes y las inseguridades de una generación que posterga decisiones importantes mientras intenta comprender qué espera del amor, del trabajo y de sí misma. La trama avanza sin grandes acontecimientos ni conflictos dramáticos, privilegiando la espontaneidad de los encuentros y la sensación de estar contemplando fragmentos de vida antes que una ficción cuidadosamente estructurada.

Buena parte del interés histórico del film reside en su reparto y equipo creativo. Además de Greta Gerwig, participan figuras esenciales del Mumblecore como Mark Duplass, Andrew Bujalski, Kent Osborne y el propio Joe Swanberg, todos ellos responsables de definir un estilo basado en la improvisación, el uso de cámaras digitales, equipos reducidos y una producción completamente alejada de los modelos tradicionales de Hollywood. Dentro de ese grupo también sobresaldrían cineastas como Jay Duplass, Lynn Shelton y Aaron Katz, quienes compartían una misma sensibilidad narrativa centrada en la intimidad, la incertidumbre afectiva y los dilemas de una generación marcada por la precariedad laboral y emocional.



Greta Gerwig emerge como el núcleo irradiante de la película. Su interpretación posee una naturalidad extraordinaria que explica por qué rápidamente se convirtió en la musa del movimiento. Lejos del carisma sofisticado que desarrollaría más adelante como directora y guionista, aquí construye un personaje lleno de vacilaciones, contradicciones y pequeños silencios que parecen surgir de manera completamente orgánica. Esa autenticidad sería la base de una carrera que posteriormente evolucionaría hacia colaboraciones con Noah Baumbach y, finalmente, hacia una filmografía propia que la consolidó como una de las voces más personales del cine contemporáneo.

Muy recomendada.

5. Especial para ver en YouTube: Liza con Z



Este show se concibió en 1972, el mismo año en que Cabaret le arrebatara el Oscar a mejor película a El padrino, cuando Liza Minnelli alcanzaba la consagración internacional. Concebido como un especial para televisión y filmado durante una serie de funciones en el Lyceum Theatre de Nueva York, el espectáculo fue mucho más que el registro de un concierto. Bob Fosse lo dirigió y coreografió junto a los compositores John Kander y Fred Ebb, el mismo equipo creativo de Cabaret, con el objetivo de consolidar una identidad artística propia para Minnelli, diferenciándola definitivamente de la figura de su madre, Judy Garland.

Lejos de limitarse a filmar el escenario, Fosse adapta el show al lenguaje audiovisual. La cámara acompaña el movimiento de los bailarines, el montaje marca el ritmo de las canciones y los primeros planos potencian la expresividad de la protagonista. El resultado conserva la energía del espectáculo en vivo, pero con una puesta en escena pensada específicamente para la televisión, estrenando recursos que luego serían habituales en la filmación de conciertos.



El centro absoluto del especial es Liza Minnelli. Su desempeño resulta extraordinario por la combinación de potencia vocal, precisión como bailarina y un carisma que llena la pantalla. Cada número está interpretado con una intensidad dramática poco común, alternando humor, sensualidad y vulnerabilidad sin perder nunca el dominio del escenario. Fosse comprende que su mayor fortaleza es la intérprete y construye todo el espectáculo alrededor de su presencia.

La sencillez visual también juega a favor del conjunto. Sin recurrir a grandes escenografías, el especial concentra toda la atención en la coreografía, la iluminación y la interpretación de Minnelli. Esa economía de recursos permite apreciar con claridad la precisión del estilo de Fosse y la química artística entre ambos, en una colaboración que representa uno de los momentos más altos del musical estadounidense.



El reconocimiento fue inmediato. Liza with a Z obtuvo cuatro premios Emmy, entre ellos mejor especial de variedades, mejor dirección para Bob Fosse y un galardón para Liza Minnelli por su actuación, además de una nominación al Globo de Oro. Más de cinco décadas después, sigue siendo uno de los mejores shows musicales realizados para televisión y el documento definitivo del talento descomunal de una artista que, en 1972, se encontraba en el punto más alto de su carrera.

Imperdible.

Nota: los escasos monólogos están subtitulados en inglés.



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