Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, HBO Max, Prime Video, Apple TV y cines.
1. Película para ver en Prime Video: Las ovejas detectives
Esta adaptación del exitoso bestseller de la escritora alemana Leonie Swann, convierte un clásico policial de enigma en una entrañable aventura para toda la familia. La historia comienza cuando George Hardy (Hugh Jackman), un pastor que cada noche lee novelas policiales a su rebaño, aparece asesinado en circunstancias misteriosas. Convencida de que se trata de un crimen y no de un accidente, Lily, la oveja más inteligente del grupo, decide aplicar todo lo aprendido en esas lecturas para descubrir al culpable. Mientras el torpe policía del pueblo fracasa en la investigación, serán las propias ovejas quienes intenten resolver el caso siguiendo las reglas del mejor detective.
La gran virtud de la película consiste en combinar con sorprendente naturalidad el policial clásico de Agatha Christie con una fábula de animales parlantes. Craig Mazin, guionista de Chernobyl y The Last of Us, adapta la novela respetando las convenciones del misterio de "juego limpio", sembrando pistas y falsas sospechas, pero sin renunciar al humor que surge de observar el mundo desde la lógica ingenua de un rebaño. Las ovejas interpretan literalmente lo que ven, desconocen el funcionamiento de la sociedad humana y convierten cada descubrimiento en un momento de comedia, logrando un equilibrio muy efectivo entre el suspenso y el absurdo.
Visualmente, la producción alcanza un nivel extraordinario. Los efectos digitales nunca buscan exhibirse, sino integrarse con absoluta naturalidad al entorno. El pelaje, el peso, la forma de caminar y las expresiones de cada oveja poseen una credibilidad que recuerda a los mejores trabajos recientes de animación híbrida. La ilusión funciona porque los animales jamás parecen caricaturas insertadas sobre escenarios reales, sino auténticos habitantes de ese paisaje rural. El resultado evoca el encanto de Babe, el chanchito valiente y el espíritu de los relatos británicos de misterio, demostrando que la tecnología puede ponerse al servicio de la narración en lugar de convertirse en un espectáculo por sí misma.
El reparto humano y el elenco de voces –para quienes eligen verla en la versión original en inglés- sostienen ese delicado equilibrio. Hugh Jackman aporta enorme calidez a George, cuya presencia continúa sintiéndose incluso después de su muerte. Nicholas Braun (el larguirucho sobrino del patriarca de Sucesión) resulta muy divertido como el policía completamente sobrepasado por el caso, mientras Emma Thompson se roba cada escena como la severa abogada encargada del testamento. Molly Gordon y Nicholas Galitzine completan un reparto eficaz. Del lado de las ovejas, Julia Louis-Dreyfus dota a Lily de inteligencia y determinación, Chris O'Dowd convierte a Mopple en el núcleo emotivo de la historia, Bryan Cranston aporta serenidad a Sebastian y Patrick Stewart presta toda su autoridad a Sir Richfield, construyendo personajes con auténtica personalidad más allá del simple recurso de hacer hablar a los animales.
Las ovejas detectives consigue algo poco frecuente: ser una película para toda la familia sin infantilizar a su público. El crimen, el duelo y la pérdida conviven con un humor amable y una genuina ternura que nunca cae en el sentimentalismo fácil. El director Kyle Balda demuestra que puede trasladar su experiencia en la animación a una producción de imagen real con gran soltura, ofreciendo una comedia policial ingeniosa, emotiva y visualmente impecable. Bajo su apariencia de entretenimiento ligero se esconde un inteligente homenaje tanto al policial clásico como a la capacidad del cine para encontrar humanidad y ternura incluso en un rebaño de ovejas parlantes.
Muy recomendada.
2. Miniserie para ver en Apple Tv: Cabo de miedo
La tercera adaptación de The Executioners, la novela de John D. MacDonald que ya había dado origen a Cabo de miedo (1962) y al célebre remake de Martin Scorsese de 1991, llega convertida en una miniserie de diez episodios para Apple TV+. Con Martin Scorsese y Steven Spielberg como productores ejecutivos, la serie intenta actualizar el clásico para la era de los crímenes reales, las redes sociales y la paranoia digital. El enfrentamiento entre el abogado Tom Bowden (Patrick Wilson), su esposa Anna (Amy Adams) y el vengativo Max Cady (Javier Bardem) ya no gira únicamente alrededor de la culpa y la venganza, sino también del espectáculo mediático y la manipulación de la opinión pública. El problema es que, en su afán por modernizar el material, termina alejándose de la precisión psicológica que distinguía a las dos versiones cinematográficas.
El mayor acierto de la serie es Javier Bardem. En lugar de imitar la interpretación explosiva de Robert De Niro, construye un Max Cady más ambiguo, seductor e imprevisible, capaz de alternar la cordialidad, el fanatismo religioso y la violencia con una naturalidad inquietante. Bardem domina cada escena y justifica por sí solo buena parte del interés de la producción. Amy Adams también encuentra matices en una Anna Bowden mucho más protagónica que en las versiones anteriores, mientras Patrick Wilson cumple con solvencia como un abogado corroído por sus propias contradicciones morales.
Sin embargo, la serie confunde complejidad con acumulación. Donde Scorsese condensaba el conflicto en un thriller de una tensión insoportable, aquí aparecen traumas familiares, adicciones, cancelaciones en redes, inteligencia artificial, podcasts de crímenes reales, documentales sensacionalistas y múltiples subtramas que diluyen el eje central. Todo parece diseñado para responder a la ansiedad contemporánea, pero pocas de esas ideas alcanzan verdadero desarrollo. La historia termina convertida en una sucesión de golpes de efecto antes que en una exploración profunda del miedo.
Ese énfasis en el impacto inmediato acerca la serie más al terror adolescente contemporáneo que al thriller psicológico clásico. Los sobresaltos constantes, las muertes espectaculares, la violencia gráfica y los giros sorpresivos recuerdan más a la lógica de películas como Scream que al suspenso construido con paciencia por J. Lee Thompson o Martin Scorsese. El resultado privilegia el shock sobre la sugestión y el entretenimiento sobre la ambigüedad moral. Incluso cuando recupera momentos memorables de la película de 1991, lo hace buscando el reconocimiento nostálgico antes que una verdadera relectura dramática.
La puesta en escena es impecable y se sostiene por la extraordinaria presencia de Bardem. Cabo de miedo funciona como un thriller eficaz y de consumo rápido, pero también como un ejemplo de cómo las plataformas tienden a convertir relatos compactos en experiencias infladas. La serie posee ritmo, elegancia formal y algunas secuencias de gran intensidad, aunque sacrifica la densidad psicológica y el poder perturbador que hicieron inolvidables a sus predecesoras. Más cercana al entretenimiento juvenil que al cine de suspenso adulto, esta nueva Cabo de miedo demuestra que no siempre más episodios significan mayor profundidad.
Recomendada.
3. Película para ver en Netflix: Mensajes de voz para Isabelle
Esta nueva comedia romántica escrita y dirigida por Leah McKendrick, parte de una premisa tan emotiva como improbable: tras la muerte de su hermana Isabelle, Jill (Zoey Deutch) continúa dejándole mensajes de voz en su antiguo número de teléfono, sin saber que la línea ya pertenece a Wes (Nick Robinson), un desconocido que comienza a escuchar esas confesiones íntimas y termina enamorándose de ella. Aunque la historia combina romance y duelo con delicadeza, resulta imposible ignorar las semejanzas con Amor a primer mensaje (2023), además de evocar el espíritu epistolar de Tienes un email. La película introduce pequeños cambios, pero nunca consigue desprenderse de la sensación de estar reformulando una idea ya conocida.
Lo más atractivo del film reside en su equilibrio entre la ligereza de la comedia y una melancolía que nunca desaparece del todo. La relación entre Jill e Isabelle constituye el núcleo del relato, convirtiendo el duelo en una presencia constante que impide que la historia se reduzca a un simple cuento romántico. Leah McKendrick entiende que el amor y la pérdida pueden convivir en un mismo espacio, y encuentra algunos momentos de genuina sensibilidad al mostrar cómo los mensajes de voz funcionan como un diario íntimo para alguien incapaz de despedirse.
Zoey Deutch como Jill transmite vulnerabilidad sin caer en el sentimentalismo fácil, mientras que Nick Robinson aporta calidez a un personaje cuya conducta resulta éticamente cuestionable: escuchar durante semanas mensajes privados y construir una relación ocultando ese secreto convierte a Wes en un protagonista bastante más inquietante de lo que la película parece admitir. A su alrededor aparecen Nick Offerman como el severo chef del restaurante donde trabaja Jill, Harry Shum Jr. como el mejor amigo de Wes y Lukas Gage aportando algunos momentos de humor, aunque los personajes secundarios quedan apenas esbozados.
La principal debilidad de Mensajes de voz para Isabelle está en su falta de riesgo. La película reconoce con ironía que su premisa podría pertenecer a un thriller sobre acoso antes que a una comedia romántica, pero nunca se anima a explorar esa incomodidad. Prefiere refugiarse en los lugares comunes del género: montajes musicales, declaraciones bajo la lluvia, crisis previsibles y reconciliaciones obligatorias, paisajes soñados. Incluso su duración, cercana a las dos horas, hace que una historia sencilla se estire innecesariamente, como si completar el manual de la comedia romántica fuera más importante que sorprender al espectador.
Es una película que funciona mejor por el ineludible carisma de sus intérpretes y cuando habla de la dificultad de dejar ir a quienes amamos que cuando intenta convencernos de un romance construido sobre un engaño. Entre la tristeza y el optimismo encuentra un tono agradable, aunque nunca alcanza la personalidad suficiente para convertirse en una referencia del género.
Recomendada
4. Miniserie para ver en HBO Max: Fit for a Killer
Esta producción polaca de HBO Max dirigida por Rafał Skalski, reconstruye en tres episodios uno de los crímenes más estremecedores de la historia reciente de Polonia: el asesinato de la estudiante Katarzyna Zowada, cuyos restos despellejados fueron hallados en 1999 en el río Vístula, incluyendo un macabro fragmento de piel humana que conmocionó al país. A partir de ese hecho, la miniserie no solo revisa una investigación plagada de errores, sino que también expone cómo la presión pública y mediática terminó condicionando el trabajo de policías y fiscales.
El relato se centra en Robert Janczewski, un hombre de personalidad reservada y socialmente aislado, aficionado al culturismo y con intereses poco convencionales, cuyo perfil alimentó rápidamente las sospechas de los investigadores. Condenado principalmente sobre la base de pruebas circunstanciales y testimonios controvertidos, pasó años en prisión hasta que una revisión judicial reveló las graves inconsistencias del proceso y terminó absolviéndolo en 2024. El guion evita convertirlo en héroe o villano y utiliza su historia para cuestionar cómo los prejuicios y la necesidad institucional de encontrar un culpable pueden pesar más que las pruebas
Más que una investigación sobre un asesino serial, Fit for a Killer es un documental sobre el fracaso de la justicia. Skalski construye un relato sobrio, sin recreaciones sensacionalistas ni golpes de efecto, donde la mayor inquietud proviene de comprobar que, tras décadas de investigaciones, el crimen de Katarzyna Zowada continúa oficialmente sin resolverse. La sensación final no es la satisfacción de un caso cerrado, sino la amarga certeza de que un homicidio brutal permanece impune mientras un hombre pasó años encarcelado por un delito que la justicia finalmente concluyó que no pudo demostrar.
Recomendada.
5. Película para ver en cines: 76 89 23: el documental
Hay films que reconstruyen el pasado y otros que lo utilizan como un espejo deformante del presente. 76 89 23: el documental, de Federico Benoit, pertenece a esta segunda categoría. Más que un recordatorio de la ficción 76 89 03 (Cristian Bernard y Flavio Nardini, 2000), funciona como un ensayo sobre la memoria del cine argentino, la relación entre crítica e ideología y, sobre todo, la persistencia de ciertas lógicas políticas y culturales que atraviesan más de medio siglo de historia nacional. Benoit parte de un film de culto para preguntarse por qué fue rechazado en su momento y por qué hoy parece hablar con una inquietante actualidad.
El documental recupera el argumento de 76 89 03, en el que tres amigos atraviesan tres momentos decisivos de la historia argentina, 1976, 1989 y un entonces imaginario 2003, unidos por una obsesión erótica y por una degradación moral que los convierte en síntesis de una sociedad enferma, una Argentina donde el terrorismo de Estado, la hiperinflación y el menemismo no aparecían como episodios aislados, sino como etapas de un mismo proceso de descomposición de valores. Benoit retoma esa estructura temporal y demuestra que aquella hipótesis, que parecía exagerada en el año 2000, adquirió con el tiempo una resonancia inesperada.
Uno de los mayores aciertos del documental consiste en reconstruir la feroz polémica que acompañó el estreno de la película. Buena parte de la crítica de la época leyó 76 89 03 desde un prisma moralista, confundiendo la representación de personajes miserables con una celebración de sus conductas. Benoit entrevista a realizadores, actores, historiadores y críticos para revisar aquella recepción y plantear una pregunta incómoda: ¿la película fue incomprendida porque era fallida o porque exhibía un retrato demasiado desagradable de cierto sector de la clase media porteña? Sin convertir el documental en un ajuste de cuentas, el director evidencia cómo los debates críticos también responden a climas culturales e ideológicos determinados.
También resulta revelador el contexto industrial de aquel lanzamiento. 76 89 03 llegó a las salas el mismo día que Plata quemada, la superproducción de Marcelo Piñeyro basada en la novela de Ricardo Piglia, respaldada por un enorme aparato publicitario y concebida para competir en el mercado internacional. Mientras una representaba la consolidación del cine argentino como industria exportable, la otra proponía una obra incómoda, grotesca y deliberadamente incorrecta. Esa simultaneidad terminó eclipsando a la película de Bernard y Nardini, aunque el tiempo le otorgó un destino inesperado: convertirse en un clásico de culto cuya influencia creció precisamente porque nunca ocupó el centro del canon.
El aspecto más ambicioso de 76 89 23: el documental reside, sin embargo, en su lectura política. Benoit sostiene que existe una continuidad ideológica entre la dictadura iniciada en 1976, el neoliberalismo menemista y el presente mileísta, olvidando antecedentes como el racismo que retrataba tan bien Germán Rozenmacher en su cuento Cabecita negra, del año 1962. No plantea una equivalencia simplista entre esos procesos históricos, sino que identifica permanencias en determinados valores: el individualismo extremo, la mercantilización de la vida pública, el desprecio por la solidaridad, el vilipendio de las minorías sexuales, la naturalización de la violencia simbólica y la construcción del éxito económico como única medida del valor humano. Desde esa perspectiva, los protagonistas de 76 89 03 dejan de ser personajes exclusivamente menemistas para convertirse en figuras recurrentes de una subjetividad argentina que reaparece bajo distintos contextos políticos. Esa tesis constituye el corazón intelectual del documental, aunque algunos espectadores podrán considerar que en ciertos pasajes la argumentación privilegia la afirmación política sobre la complejidad histórica.
En el plano cinematográfico, Benoit también reivindica las influencias que hacían de 76 89 03 un corpúsculo extraño dentro del Nuevo Cine Argentino. Mientras buena parte de la producción de fines de los noventa apostaba por el minimalismo, el naturalismo y la observación distante, Bernard y Nardini, - provenientes del mundo publicitario- recuperaban la tradición de la "comedia a la italiana" más corrosiva, donde un Alberto Sordi podía llegar a vender uno de sus ojos para pagar sus deudas (Il boom, de Vittorio de Sica, 1963). Las sombras de Mario Monicelli, Dino Risi, Pietro Germi y Ettore Scola atraviesan la película en esa mezcla de sátira con humor negro, grotesco social y desencanto político donde los personajes nunca son héroes sino productos deformes de una sociedad igualmente enferma. El documental logra explicar con claridad por qué esa genealogía cinematográfica fue malinterpretada en un contexto donde predominaba otra sensibilidad estética que privilegiaba el realismo de films como Pizza, birra y faso, Mundo grúa o La libertad.
Formalmente, 76 89 23Ñ el documental combina entrevistas, abundante material de archivo, fragmentos de la película original e ilustraciones para construir un ensayo dinámico. La edición mantiene un ritmo ágil y evita que el documental se convierta en un simple "making of". En sus mejores momentos, el documental consigue que las discusiones sobre crítica cinematográfica, política e historia cultural dialoguen entre sí con naturalidad, convirtiendo a 76 89 03 en el punto de partida de una reflexión mucho más amplia sobre el cine argentino y su relación con la sociedad que representa.
Como toda obra de tesis, el documental no está exento de riesgos. Su posicionamiento político es explícito y en ocasiones las entrevistas privilegian voces afines a la interpretación propuesta, dejando menos espacio para perspectivas divergentes. Esa falta de mayor contrapunto puede restarle complejidad al debate. Sin embargo, incluso quienes no compartan todas sus conclusiones encontrarán una película estimulante, capaz de reabrir una discusión sobre los vínculos entre estética, recepción crítica e historia política.
Muy recomendada.
- Nota: el documental puede ser visto en el cine York, desde este jueves hasta el miércoles próximo a las 20.30 hs. Quienes deseen ver el film en que se basa pueden hacerlo concurriendo a esa sala a las 18 hs. En la misma semana se puede ver el documental en el cine Cosmos UBA, a las 21.15 hs. Y en J. J. Circuito Cultural, el domingo 5 de julio puede verse el documental a las 17 hs.
- Quienes deseen ver el film, pueden encontrarlo en YouTube, sin la calidad de la copia restaurada que se exhibe en el cine York.
- Información más detallada sobre las exhibiciones en el Instagram @768923eldocumental.


