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Uruguayos rememoran su crisis del 2002, sin poder olvidar a Argentina

Se cumplen 20 años de la última gran crisis económica de Uruguay

Como una lección aprendida, la ligazón con Argentina hoy es mucho menor en el comercio de bienes y servicios.
Como una lección aprendida, la ligazón con Argentina hoy es mucho menor en el comercio de bienes y servicios.
Ismael Grau Ismael Grau 02-08-2022
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Imágenes y testimonios de tono dramático, reflexiones y análisis se despliegan por estos días en algún nuevo libro y en los medios de comunicación de Uruguay, recordando la última gran crisis económica que atravesó el país hace 20 años. Y la retrospectiva no puede estar desconectada de Argentina.

Indicar el inicio exacto de la debacle uruguaya del 2002 es difícil. Uruguay arrastraba desajustes macroeconómicos, fragilidades en su sistema bancario y un gobierno de coalición de los históricos partidos Colorado y Nacional que se fue resquebrajando. 

Una mecha se encendió al otro lado de los ríos fronterizos cuando, primero, la administración de Fernando de la Rúa, ya con un pie en el helicóptero, a fines del 2001 estableció un “corralito” para los depósitos y muchos argentinos con cuentas en bancos en Uruguay empezaron a hacer retiros. 

El fuego se propagó rápido en enero del 2002 al hacerse pública una estafa en el Banco Comercial -el mayor privado de la plaza oriental- cometida por algunos de sus accionistas: los banqueros José y Carlos Rohm, que también tenían negocios en Argentina.

La fuga de depósitos fue consumiendo las reservas y también la confianza en el equipo económico del entonces presidente Jorge Batlle.

A mitad del 2002, desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) algunos funcionarios presionaban para que Uruguay siguiese un camino “a la argentina”, declarando el default de su deuda pública.

El Gobierno se resistió y terminó consiguiendo un préstamo “puente” de US$ 1.500 millones del Tesoro de Estados Unidos, que a su vez usó su poder de voto en el organismo internacional para terminar acordando un nuevo programa crediticio y un plan de salida para la crisis bancaria uruguaya.

“El Fondo nunca había participado hasta ese momento de crisis como las del Río de la Plata. Venía muy molesto de la experiencia argentina, donde dio una plata que se gastó, y luego no le otorgó el resto, y enseguida llegamos nosotros atrás. Le era muy difícil diferenciarnos”, declaró en el diario El País de Montevideo del pasado sábado Carlos Sténeri, agente financiero de Uruguay en Washington por aquellos años dramáticos. El apoyo logrado del Tesoro estadounidense fue, dijo, “nuestro Maracaná”.

Esos sucesos se procesaron en medio de un feriado bancario decretado el 30 de julio, inicialmente por un día y extendido después por 72 horas, durante el cual el Congreso aprobó una ley para cerrar los bancos insolventes y reprogramar los plazos fijos en divisas en dos instituciones financieras públicas. Ya con esa ley vigente y con los dólares estadounidenses traídos en avión a Montevideo, el drenaje de depósitos y reservas se fue cerrando poco a poco. 

Además, ya había rodado la cabeza del debilitado ministro de Economía Alberto Bensión, quien fue sucedido por el político “colorado” Alejandro Atchugarry, devenido en un hábil bombero durante la crisis. Por otro lado, varios banqueros terminaron encarcelados.

Argentinos “ladrones”

El feriado bancario de hace exactamente dos décadas y lo que ocurrió en esos días marcó un hito en esa crisis uruguaya, aunque quedaría por resolverse el deterioro social -alto desempleo, pobreza, emigración y suicidio de varios ahorristas que perdieron su dinero- así como el de una deuda pública, pesada en montos, moneda y plazos de pago. Por eso, este último fin de semana los principales periódicos publicaron informes especiales. 

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La infame frase de Battle: "Los argentinos son una manga de ladrones, del primero hasta el último"

Esta semana saldrá a la venta el libro “2002: Memorias de la crisis”, del periodista Diego Zas. Allí, el chileno Eduardo Aninat, quien era subdirector gerente del FMI en el 2002, dijo que siempre quiso ayudar al país, aunque los jerarcas uruguayos de la época lo sindican como el propulsor del camino del default. 

“En el fondo lo que hay que ver es antes y después del programa cómo está Uruguay. A mi juicio, mucho mejor, gracias a Dios. ¿Antes y después del programa ha disminuido en algo la dependencia de Argentina y Brasil? Así es. (…) ¿Ha logrado diversificar su economía? En eso está. Y con eso todos dormimos tranquilos”, declaró Aninat en un capítulo adelantado el pasado jueves por la revista Búsqueda.  

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“2002: Memorias de la crisis”, del periodista Diego Zas

Pocas semanas antes del feriado bancario, Argentina había vuelto a tomar protagonismo en aquellos días amargos para los uruguayos, a raíz de la afirmación de Batlle de que los argentinos “son una manga de ladrones, del primero al último”. 

La lanzó enojado, mientras argumentaba que su país era distinto, en el marco de una entrevista con la cadena Bloomberg en la que quedaron dudas si ese tramo era o no “on the record”. Tras la difusión, enseguida el presidente viajó a Buenos Aires para disculparse con su par argentino, Eduardo Duhalde, y tratar de recomponer el vínculo. Batlle falleció en 2016, a los 88 años. 

Mientras salía de la crisis bancaria, Uruguay reestructuró su deuda mediante un canje en 2003, y en los años posteriores corrigió varios de los desórdenes macroeconómicos y sociales, bajo gobiernos de distintos partidos, incluido el Frente Amplio, de centroizquierda. 

Como una lección aprendida, la ligazón con Argentina hoy es mucho menor en cuanto al comercio de bienes y servicios -salvo los turísticos-, lo que le permite, al menos hasta ahora, evitar volver a contagiarse de su inestable vecino.   

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