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Un Nuevo Tiempo

La desazón y el malestar continuarán existiendo, pero hay transformaciones económicas, sociales y productivas modelando un Nuevo Tiempo

Un Nuevo Tiempo
Daniel Montoya 01 mayo de 2023

"Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan". No es la primera vez que ocurre que la voz de aura proviene del exterior del circuito cerrado de intelectuales cumpliendo pesadas rutinas burocráticas propias de la Academia o de las diversas industrias culturales. ¿Es cierto lo que dice la cantante Shakira? No importa, basta con el logro de haber cambiado el eje de la conversación. Con ello, ya tiene su merecido premio Don Draper, el emblemático publicista de la imperdible serie Mad Men.

Semejante fórmula tan pegadiza y original de la artista colombiana a la hora de transmitir el mensaje de que "hoy estamos en otra cosa, no mires para atrás", nos abre un portal magnífico a los cientistas políticos que hoy estamos como turco en la neblina aferrados a una caja de herramientas del Siglo XX, intentando destripar las tendencias políticas y sociales de un Siglo XXI que es muy factible que haya comenzado o, de mínima, se haya acelerado dramáticamente con la pandemia.

¿Pero qué estás diciendo, Daniel? No lo tengo claro, pero me quiero agarrar de la tabla de flotación de varias grandes tendencias en desarrollo. 

En primer término, me resulta casi imposible procesar que tres referentes de primera línea del poder gremial, empresarial, mediático y político como Hugo Moyano, Fabián Doman y Néstor Grindetti se encuentren envueltos en la crisis de un club de fútbol histórico, enclavado en uno de los grandes núcleos urbanos del país y protagonista de una rivalidad barrial que ningún visitante extranjero consigue entender: dos megaestadios separados apenas por unas cuadras.

En ese ámbito, ¿cómo no tentarse con la aplicación de un viejo ejercicio elemental? Si un monstruo del calibre de Independiente, indisociable de otro coloso como Racing, no tiene sustentabilidad bajo la batuta de aquellas grandes figuras del establishment, ¿qué le cabe a un pequeño club de provincia como Olimpo de Bahía de Blanca o Aldosivi de Mar del Plata? Chau, el último que apague la luz.

En tales circunstancias, este Nuevo Tiempo que estamos recorriendo a veces tan confundidos, nos trajo una pequeña primer, pero a la vez enorme novedad: un personaje con un carisma o un ascendente social difícil de descifrar, le encuentra la punta del ovillo a un problema donde varios referentes del establishment argentino naufragaron visiblemente. 

Y digo punta del ovillo con total conciencia ya que a quién se le puede ocurrir que, aún con un tsunami de pesos argentinos devaluados, se pueda resolver cualquier tipo de crisis en Argentina. ¡Ni la de una familia!

Viejo mundo en ruinas

En tal aspecto, Santiago Maratea ya ganó, sean 10, 100.000 o 100 millones el resultado de su colecta de salvación del Elefante Rojo. El velo de la crisis del viejo modelo de representación y de gestión de los grandes clubes de fútbol ya lo corrió. El todopoderoso Moyano, cuyo sólo nombre le hacía correr sudor al empresario o periodista más pintado allá por los años '90, se pulverizó en horas como gran ícono del poder político. En todo caso, habrá quedado como aquellos personajes que alimentarán en el futuro la imaginación literaria de algún pichón de Gabriel García Márquez. 

Sin embargo, si las señales del Nuevo Tiempo pasaran exclusivamente por el ámbito de la crisis de este modelo de representación y gestión, estaríamos en el mejor de los mundos. En realidad, ese quilombo es apenas la punta del iceberg de una gran cantidad de fenómenos que nos sugieren que nuestra caja de herramientas del Siglo XX, hoy sirve tanto para analizar el presente como aquella patética dirigencia para administrar Independiente. Game over.

Pienso por ejemplo en Nueva York, una ciudad que descuento que me gusta tanto a mí como a los miles de lectores de El Economista. Encontrar hoy alguien que desee trabajar físicamente en esa ciudad los viernes y, en menor medida los lunes, resulta tan difícil como poner de acuerdo a la vieja dirigencia política argentina en algún tema. En tal aspecto, esa Roma moderna es apenas el botón de muestra de un fenómeno del Nuevo Tiempo en pleno desarrollo: la actividad en las oficinas volvió acotada a menos del 50% tras la pandemia.

 

Más aún, esa transformación sustantiva en la modalidad de trabajo de cuello blanco se agrega a otra muy profunda en evolución desde mediados de los años '70 que tiene que ver con la gradual evaporación de la actividad industrial manufacturera, el mundo del cuello azul que fuera gran protagonista en los años '50 del hit peronista "de la casa al trabajo y del trabajo a la casa". 

En síntesis, un mundo que se transforma y otro que se evapora, nos sugieren la necesidad de reubicar las piezas dentro del valioso trípode analítico "exit, voice and loyalty" propuesto por Albert Hirschman en 1970.

En este Nuevo Tiempo, cuando Marcos Galperín no se siente a gusto con el tratamiento impositivo argentino aprieta escape en el marco del 'exit' hirschmaniano, aunque en un mismo plano que los miles de instagramers de bajo presupuesto que trajinan los mismos circuitos que, hasta hace pocas décadas, solo estaban al alcance de un adinerado Marco Polo moderno o de las grandes empresas que copaban las revistas con las publicidades de cigarrillos de la mítica Claudia Sánchez.

En la actualidad, ahí opera una nueva lógica dónde sectores de clase media típicamente encuadrables dentro de la góndola 'voice' del tridente original de Hirschman, la queja y la cacerola, cruzan los límites hacia otro cuadrante del tablero, antes sólo de acceso VIP, que hoy los torna ubicuos. Por ejemplo, la larga fila de votantes -en su mayoría cambiemitas- en el consulado de Miami respondiendo a la consigna #sisepuede en las elecciones de 2019.

Por otro lado, ¿cómo imaginarse hoy un Cordobazo? Es decir, una manifestación popular de alto voltaje protagonizada por obreros que hasta en países de vieja tradición industrial como Brasil ya son una vieja reliquia, en combinación con estudiantes universitarios que en muchas casas académicas asisten a clases en una modalidad online que hoy excede el 50% de la matrícula.

De igual modo, un Big Bang estilo 2001 en un casco céntrico semiabandonado, donde la actividad de oficinas mermó no sólo en Argentina sino también a nivel internacional en 50% aproximadamente. 

Por ello, no es casual que hoy asistamos a conflictos sociales con una modalidad un tanto bizarra, donde activistas sociales como Eduardo Belliboni no logran encender la mecha de una base social que tiene su fidelidad repartida entre estos dirigentes sociales de cercanía y un Estado que, al final del día, es quién termina encargándose de su obra social, jubilación y demás necesidades básicas.

Una vez más, el fenómeno de los límites difusos y la profunda transformación del mundo de la producción y el trabajo que hace mucho más fluida la circulación dentro del trípode setentista propuesto por Hirschman de sectores sociales que canalizan sus impulsos por triple vía: votando con los pies, quejándose o dándole vida a las organizaciones de base que representan los reclamos de aquellos que no pueden protegerse migrando ni quejándose.

En tal sentido, vivimos una época marcada a fuego por semejantes evaporaciones y transformaciones que alcanzan a todos los actores políticos, sociales y económicos. ¿Explica ello el por qué un país con inflación de triple dígito y con una sociedad que descree de su dirigencia no vuele por el aire como en otras épocas? No tengo tanta certeza aunque sí una en particular: transitamos un Nuevo Tiempo dónde hasta la idea de Patria cambió.

En contraste a aquella definición de carácter físico asociada a la ocupación del desierto y a la recuperación de las Islas Malvinas, ambas asignaturas pendientes por cierto, hoy los jugadores de nuestra Selección generaron una perspectiva que no tuvimos en el pasado y es muy propia de esta época. 

 

En particular, quienes apretaron el botón 'exit' a raíz de su enorme jerarquía y calidad deportiva transmitieron que Argentina también es ese espacio de pertenencia virtual que está muy por encima de los millones de euros y comodidades que tienen a la mano en Europa, algo que era impensable en el mundo de 1978 como de 1986. ¿Pudieron en su época contagiar semejante visión de la Patria figuras como Guillermo Vilas, el Lole Reutemann o Juan Manuel Fangio? 

Quizás quisieron hacerlo, pero no lo habrían logrado de ningún modo ya que de su vida, de sus entrenamientos y de sus familias se sabía poco y nada. En tal sentido, resulta imposible comparar este nuevo mundo protagonizado por la dupla invencible entre conectividad y aire libre con aquél viejo de compartimentos estancos y de actores sociales ineludiblemente adheridos a su territorio, a sus representantes y a sus viejos espacios físicos de trabajo.

A modo de epílogo, me animaría a poner en tela de juicio cualquier vaticinio relativo a explosiones o conflictos sociales de alto voltaje como los que ya conocimos en el pasado. La desazón y el malestar continuarán existiendo, pero hay transformaciones económicas, sociales y productivas modelando un Nuevo Tiempo que, al menos por ahora, excluye cualquiera de las viejas variantes de alto voltaje.

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