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Somos historias, narraciones

Existe una pregunta tan antigua como urgente en la historia del pensamiento humano que se puede formular de un modo directo y simple: ¿Quién soy yo?

Si constantemente estoy cambiando, ¿puedo afirmar que yo soy algo?
Si constantemente estoy cambiando, ¿puedo afirmar que yo soy algo? Grok
Martín Buceta 23 agosto de 2024

Existe una pregunta tan antigua como urgente en la historia del pensamiento humano que se puede formular de un modo directo y simple: ¿Quién soy yo? 

Esta pregunta que cada uno puede dirigirse indaga la identidad personal y supone un problema bastante grande y de difícil resolución: ¿Cómo puedo ser yo mismo, el mismo, si constantemente estoy cambiando? A lo largo de toda una vida cambiamos completamente, nuestras células se renuevan, nuestra piel cambia, nuestro aspecto con el paso del tiempo se modifica, nuestro cuerpo crece y muta constantemente atravesando variedad de transformaciones desde la niñez hasta la vejez. Y no solo eso, también nuestras ideas, emociones y sentimientos cambian con el paso del tiempo... 

"Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo", rezaba aquella canción popularizada por Mercedes Sosa. Pero en este mundo en que todo cambia, ¿puede algo permanecer? Si constantemente estoy cambiando, ¿puedo afirmar que yo soy algo, puedo identificar algo que permanece unolo mismo? Este es, de un modo fugaz y simple, el problema de la identidad personal. 

Esta misma pregunta se la formuló P. Ricoeur (1913-2005), un excepcional filósofo francés, y elaboró una idea perspicaz para pensar el problema: la identidad narrativa. Para comprendernos es fundamental analizar las historias que nos preceden y nos albergan en el seno de una comunidad, pero también es imprescindible contarnos la historia que nos define. ¿Quién soy yo? Soy una narración personal que se despliega en el entramado de otras historias que me preceden, implican y suceden, pero ¿cómo sucede esto?, ¿qué quiere decir que somos historias, narraciones?

Paul Ricoeur
Paul Ricoeur

La identidad narrativa

En Tiempo y narración, obra publicada en tres volúmenes, Ricoeur concluye con la tesis de la identidad narrativa que posibilita un análisis de la subjetividad y de su composición a partir del entrecruzamiento entre el relato histórico y de ficción. Este concepto se desarrollará luego en otras conferencias y obras que buscarán explicitar que la identidad se construye a través de un proceso y que supone por lo tanto movilidad y dinamismo. Este proceso mediante el cual la subjetividad se construye como un texto, que implica una síntesis de lo heterogéneo, es un proceso de autocreación. 

Esa elaboración se realiza a partir de relatos históricos y de ficción que nos permiten construir la historia de una vida alcanzada mediante la narración. Narrar es un proceso que supone una construcción a medio camino entra la historia efectiva y la ficción como operación creadora. Pero antes de avanzar pensemos mejor con un ejemplo conocido.

En el capítulo titulado "Una tempestad dentro de un cráneo", del libro Los miserables, Victor Hugo nos presenta un momento crucial de la obra: Jean Valjean, ahora conocido como el alcalde Madelaine, se entera de que un hombre será condenado por los crímenes que el propio Valjean había cometido en su pasado antes de cambiar su nombre y convertirse en un funcionario conocido por todos y respetado por su gran bondad. 

En esa situación crucial se desata en su cabeza una tempestad, su espíritu atraviesa una tribulación inédita que se resume bajo el siguiente interrogante que se plantea el protagonista: ¿debo entregarme y decir que yo soy Jean Valjean para responsabilizarme de mis actos y evitar que un hombre inocente pague por mis culpas o esta es una señal de la Providencia que ha hecho que todos confundan a ese hombre condenado conmigo para premiar mi conversión y mi buen obrar librándome de una vez por todas del pasado que me atormenta y por el cual he sido perseguido? 

Esta tribulación que aqueja al personaje principal es muy bien teatralizada en el musical Los miserablesque fue varias veces llevado a la pantalla grande, en una escena en que Jean Valjean se pregunta: "Who am I?" (¿Quién soy yo?). 

Para responder a esta grave pregunta, Valjean se dice primero que él es el alcalde Madelaine, un hombre sabio, prudente y bondadoso. Pero también se sincera luego explicitando que es el prisionero 24601, que había robado una hogaza de pan, aquel que trabaja de podador y que por alimentar a sus sobrinos estuvo dispuesto a robar y a pasar casi dos décadas en prisión. 

Detrás de Jean Valjean existe una identidad fluctuante que se reconoce gracias a una narración que la unifica. Es mediante la narración de su propia historia que el entrañable protagonista de Los miserables logra identificarse y ante la pregunta "¿Quién soy yo?" puede responder "yo soy Jean Valjean". 

En su libro Tiempo y narración Ricoeur afirma que: "La historia de una vida es refigurada constantemente por todas las historias verídicas o de ficción que un sujeto cuenta sobre sí mismo. Esta refiguración hace de la propia vida un tejido de historias narradas" (998). 

Esta afirmación es la que uno ve constatada en el relato que Valjean hace sobre sí mismo. Su narración propia , aquella mediante la cual él advierte quién es, no solo supone su narración personal sobre el pasado, sus actos delictivos, su relación con el policía Javert, el robo al Obispo que luego lo encubre para que no vuelva a prisión, sino que también supone otras narraciones, como la narración religiosa del cristianismo bajo la cual se comprende y lo mueve a un cambio radical en su vida, la narración del pueblo en que el actúa como alcalde y es reconocido por su bondad, prudencia y sabiduría, etc. 

Y, además, esa narración no es cerrada, sino que la ficción que construye sobre sí mismo, a partir de los sucesos y las variaciones imaginativas, está en constante cambio. En ese preciso capítulo sobre la tribulación que atraviesa el personaje asistimos a la reelaboración de la narración a partir de la cual construye su identidad personal en tanto él mismo se pregunta si es o no es aquel que había cometido los actos delictivos o si es o no es ese alcalde. 

Al responder que es Jean Valjean el personaje establece que su sí mismo está constituido por todas esas situaciones y acciones que logra unificar bajo la narración.

Como Jean Valjean, nosotros también narramos para reunir lo disperso, para realizar, como dice Ricoeur, una síntesis de lo heterogéneo. La necesidad de construir una trama entendida como la concordancia discordante supone la unificación de las situaciones, emociones, tiempos y espacios en que nos hemos encontrado. La narración nos permite entretejer el sentido, darle coherencia a esos episodios en que estuvimos implicados y, a su vez, esa actividad es la que nos reúne como sí mismos, nos unifica y nos permite identificarnos como el mismo en esta situación actual y en la pasada. La narración aparece entonces como la mediación para establecer la identidad personal que es, a fin de cuentas, una identidad narrativa.

Dada esta característica inherente a nuestra condición entonces se torna interesante la pregunta por las narraciones que nos enmarcan, preceden y atraviesan culturalmente a cada uno de nosotros. Es de vital importancia preguntarse por la historia que contamos sobre nosotros mismos y nuestra comunidad. Esas narraciones son las que constituyen el entramado en medio del cual cada individuo tejerá su propia narración personal. 

Las mentadas narraciones comunitarias están elaboradas a partir de hechos efectivos y de las ficciones que en torno a ellos construimos. Por un lado, hay una vertiente del relato histórico del orden de la crónica que puede ser sometido a verificaciones y, por el otro, el componente de la ficción que aporta las variaciones imaginativas. Ambos asisten a la construcción de la identidad narrativa.

Por esto, las narraciones a las que estamos expuestos, ya sean ficciones literarias, cinematográficas, narraciones religiosas, políticas, históricas, etc., son el tejido sobre el que y a partir del cual entretejemos nuestra propia narración. Ello nos lleva a considerar la importancia capital de revisar y reflexionar sobre ellas y, a su vez, la necesidad de elaborar narraciones que propicien la construcción de un mundo en que todas las narraciones no violentas puedan coexistir (dado que las violentas supondrían el acabamiento de la sociedad como tal). La construcción de dichas narraciones es crucial en tanto ellas también configuran y condicionan un factor constituyente, juntamente con la narratividad, de nuestra identidad: las acciones que realizamos y nos definen.

Identidad narrativa y responsabilidad ética

En una conferencia sobre la identidad narrativa que Ricoeur pronuncia con motivo de la concesión del doctorado honoris causa en la Universidad de Neuchâtel él explica que: "La intelección narrativa mantiene un parentesco con el juicio moral, en la medida en que explora los caminos mediante los que la virtud y el vicio conducen o no a la felicidad y la desgracia" (352). 

Esto invita a considerar a la literatura (y otros modos de narración) como laboratorio de experimentación mental en que ciertos caminos morales pueden ser recorridos por el autor, pero, principalmente, por el lector. La trama comprendida como mimesis (en su doble sentido de fábula de la acción que se desarrolla en el espacio de la ficción y de imitación de la acción efectiva de los hombres) permite reinterpretar, redescribir y refigurar la acción humana. 

Esto abre un problema completamente original que es aquel de la apropiación que lleva a cabo el sujeto real -el lector- de las significaciones de una acción ficticia y, a su vez, plantea una pregunta interesante: ¿Qué refiguración del sí mismo resulta de esta apropiación mediante la lectura? O, dicho de otra manera ¿qué utilidad pueden tener las narraciones, en este caso las ficciones literarias, en términos prácticos de toma de decisiones? 

La utilidad es directa y, aunque pueden señalarse múltiples utilidades, me limito aquí a dos. En primer lugar, y como explicaba Ricoeur, "el sí mismo no se conoce de un modo inmediato, sino indirectamente, mediante el rodeo de toda clase de signos culturales, que nos llevan a decir que la acción se encuentra simbólicamente mediatizada" (353). La mediación narrativa subraya ese importante carácter del conocimiento de uno mismo que consiste en ser una interpretación de sí mismo. 

La lectura de una narración que desarrolla en su trama las peripecias de un personaje nos permite un proceso de identificación que posibilita un conjunto de variaciones imaginativas en el lector que se convierten en las variaciones propias del sí mismo. La figura del personaje de ficción posibilita al sí mismo interpretarse narrativamente y revelarse como un yo figurado, como un yo que se figura de tal o cual manera. Es decir, un yo que se interpreta a sí mismo por medio de la narración.

En segundo lugar, leer las aventuras y desventuras de un personaje, advertir los caminos que explora fruto de sus decisiones, nos permite experimentar mentalmente esa situación vital. Esta realidad la confirman estudios recientes sobre la exposición a las ficciones que demuestran, como explica J. Gottschall en su libro The Storytelling Animal (2012), que cuando experimentamos ficciones nuestras mentes disparan y cablean los caminos neuronales que regulan nuestras respuestas en las experiencias de la vida real. 

Para Gottschall las ficciones son antiguas tecnologías de realidad virtual para simular los grandes dilemas de la vida humana. 

Gracias a la frecuentación de diversas ficciones nuestro cerebro practica las reacciones a los diversos desafíos que la vida presenta y tal como prueba Paul Zak (en un revelador artículo titulado "Why Inspiring Stories Make Us React: The Neuroscience of Narrative" publicado en el año 2015 en la revista Cerebrum) "las narraciones emocionalmente atractivas inspiran acciones posteriores a la narración" (4).

Estas ideas sugieren que la construcción de una identidad narrativa elaborada al contacto con las narraciones circundantes, la configuración de mundos posibles a los que asistimos y a partir de los cuales nos narramos, tiene efectos prácticos a la hora en que realizamos la toma de decisiones y actuamos. 

Esto la hace estar íntimamente ligada con nuestra responsabilidad ética, es decir, mediante las narraciones también podemos refigurar nuestra identidad personal y representarnos las consecuencias de nuestras acciones, asumirlas como propias y efectuarlas, constituyendo así nuestra identidad completa, aquello que somos y que nos permitirá responder a la pregunta: ¿quién soy yo?

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