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Reelección de CFK y un mundo menos amigable

Ese es el escenario base.

26-08-2011
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El mundo transita el comienzo de la segunda década del primer siglo del tercer milenio. En números: 2011-2021. Para la Argentina será una década decisiva para consolidar lo avanzado en la precedente. Luego de la crisis 1998-2001, cuando se perdió más de 10% del PIB, se rompió el tejido social y se registró una grave erosión en los lazos identitarios entre los políticos y los representados, el país ha progresado.

Hoy, el país es más estable tanto en términos económicos como políticos. Una década después, la

economía acumula varios años de crecimiento y la relación entre los políticos y los representados está volviendo a reestablecerse. Aunque muchas de los desafíos sean los mismos, el país del 2011 tiene poco que ver con el de 2001.

Gustavo Cañonero, responsable de investigación para mercados emergentes del Deutsche Bank y

Dante Sica, ex secretario de Industria y actual director de la consultora abeceb, fueron los economistas convocados por IDEA para el Precoloquio de la Región Centro para ofrecer su visión de la economía global y la argentina en los próximos años.

El escenario base de ambos es similar: la Presidenta será reelecta en octubre con un alto porcentaje de votos y, pese a que enfrentará un contexto global menos favorable en su próxima gestión, el país seguiría creciendo.

El dato central del mundo que viene es que los países centrales, aquellos que integran el G-7 y que

aún conservan una porción sustantiva del PIB global, crecerán muy poco, mientras vayan limpiando las hojas de balances privadas y públicas. No tendrán el dinamismo que exhibieron en el primer lustro de la década del 2000 y contribuirán sustancialmente menos al crecimiento global.

El impacto

¿Cómo impactará, en caso de que lo haga, el menor crecimiento de los países centrales en el país? La primera duda que despeja Cañonero es que sí impactará. “Ningún país está blindado”, dijo. Pero aún no está claro cómo los problemas en EE.UU. y Europa se derramarán en todo el mundo.

“América Latina sufrirá una desaceleración importante en 2012”, aseguró el economista, aunque

pronosticó que el PIB avanzará entre 3,5 y 3,8% el año entrante, que no es una mala cifra. Este año, el crecimiento se estima alrededor de 4,1%.

Asimismo, sostuvo que el desacople entre las economías emergentes y las centrales continuará. Es decir, el mundo seguirá avanzando a distintas velocidades. “Los emergentes pueden crecer aun si el G-7 crece menos”. Los motivos son dos: los países en vías de desarrollo tienen mejores fundamentos macroeconómicos y han aumentado el comercio entre ellos (esto es particularmente cierto en Asia). Además, la hiperliquidez global, acompañada de una tendencia declinante del dólar y de motivos estructurales de demanda, aseguran un piso alto para el precio de los principales productos exportables del país.

Por ello, la conclusión de Cañonero es que “el contexto global no es el peor posible”. Simplemente, dijo, dejará de ayudar como antes. Según su cálculo, el contexto internacional favorable aportó entre 1,5 y 2,5 puntos al crecimiento anual del país en la última década.

La macro

La Argentina tendrá una Presidenta legitimada en las urnas y un contexto global favorable, aunque menos que antes. El gran foco de conflicto, según Cañonero y Sica, será el manejo macroeconómico local. El “modelo” ya no tiene los mismos colchones que hace unos años. “Se agotan los márgenes heredados de la crisis de 2001”, dijo Sica.

Si bien el peso no está sobrevaluado, dijo el economista del Dutsche Bank, la tendencia es a que haya una menor competitvidad-precio. Si bien la fuerte apreciación del real (principal socio comercial de país) ayudó, y mucho, agregó Sica, la Argentina no tendrá en esta década las ventajes cambiarias de los diez años anteriores.

El motivo, coincidieron, es la inflación, que volverá a estar por encima del 20% este año. El uso del tipo de cambio como principal ancla antiinflacionaria va carcomiendo la competividad. Según Sica, el salario promedio en dólares ya está cerca de los U$S 1.300. “Ya superan los niveles de finales de la década del '90”, agregó. No es algo, asimismo, que pueda ser revertido con una devaluación del peso. En un panel posterior, el titular de la Unión Industrial de Córdoba indicó que los salarios promedio son de U$S 2.000 según su visión.

Por ello, Sica le dijo a los empresarios presentes en la Bolsa de Comercio de Rosario que, más que

preoecuparse por una eventual devaluación de Brasil, la gran amenaza a la competitividad es la inflación local.

Si bien ambos coincidieron en que los niveles de inversión no son bajos (de hecho, son altos en términos históricos), este sigue siendo un tema pendiente. “El stock de capital, como porcentaje del PIB, cae desde 2002”, señaló Cañonero. Sica fue aún más allá y dijo que “la gran apuesta de los próximos años es crecer en productividad”. Para el economista, “al empresario que no invierta en el futuro y piense que puede seguir creciendo en base a teconología vieja, le recomiendo que venda”. Sica agregó que la inversión estuvo concentrada en unos pocos sectores, dentro del cuales el automotor fue el gran beneficiario. Otros, en cambio, prácticamente no avanzaron. “¿Cómo puede explicarse que, con un parque automotor mucho más grande y una cosecha que se duplicó, tengamos la misma capacidad de refinación de petróleo que a finales de los '90?”, preguntó. El uso de la capacidad instalada ha venido creciendo y en algunos sectores, como el de metales básicos, está muy creca de su techo.

La recornversión tecnológica será un imperativo, dijo Sica y puso como ejemplo a las empresas que se dedican a fundir hierro, un insumo clave de la industria. “Más del 90% de la tecnología de ese sector tiene entre 20 y 30 años”, graficó.

En cuanto a las prescripciones, ambos coincidieron en la necesidad de reducir la inflación coordinando expactativas de salarios y devaluación; recuperar el ahorro público mediante la reducción de subsidios (ya superan el 5% del PIB) y mejorar la relación con los mercados voluntarios. “La Argentina va a necesitar más financiamiento que en los años pasados”, dijo Cañonero.

La política económica adquirirá, pues, un rol clave para estimular el crecimiento y evitar mayores desequilibrios a nivel macro. “En la medida en que la política macroeconómica no cambie, se requerirán crecientes intervenciones sobre la microeconomía”, dijo Sica y puso como ejemplos los controles de precios o las restricciones impuestas en el comercio exterior. “La macroeconomía será más hostil que en 2003-2009 para el empresariado”, concluyó.

(De la edición impresa)

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