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Por un pedazo del cielo

El PRO definió su lista de unidad para el recambio de sus autoridades, mostrando su relación de fuerzas interna y su estrategia de cara a los cambios en el sistema de partidos.

Disputas en la alianza "del cielo".
Disputas en la alianza "del cielo". ee
Juan Antonio Yannuzzi 25 marzo de 2024

Mauricio Macri se convertirá en el próximo presidente del PRO, luego de que el partido haya consensuado una lista de unidad de cara a sus próximas elecciones internas. El exmandatario llega al máximo rol del espacio que fundó, con la intención de darle protagonismo al partido y tratar de resguardar una identidad independiente, pero colaborativa, frente al Gobierno.

Como cabeza del PRO, Patricia Bullrich logró imponer su candidatura presidencial frente a la negativa de Horacio Rodriguez Larreta, consiguiendo una victoria contundente y un alineamiento significativo de referentes locales. La ministra logró el objetivo, desde el liderazgo organizacional del partido, de hacer prevalecer su candidatura y obtener una victoria aplastante frente a su rival interno. Sin embargo, hay consenso en cuanto a que parte de esa estrategia personalista causó los conflictos internos que afectaron el desempeño final de la coalición.

La negociación en torno a la lista de unidad no estuvo exenta de problemas. Aunque Mauricio había alineado a la mayoría de los referentes de peso, Patricia impuso sus nombres, con la legitimidad que le dió las PASO del año pasado. Bullrich será la cabeza de la asamblea partidaria, y tendrá a su alfil en la vicepresidencia segunda, siendo que la primera quedó para la intendente de Vicente Lopez, mujer de confianza de Jorge Macri.

De esta manera, el ahora jefe de gobierno de la Ciudad, en complicidad con su primo, gana protagonismo en el partido. No se puede obviar la historia de los referentes del PRO en los zapatos de Jorge, algo que sin duda él no ignora: los dos últimos alcaldes porteños usaron la oficina de Uspallata para catapultarse automáticamente hacía la candidatura por la presidencia de la Nación.

En cuanto al sector dialoguista del PRO, encabezado por Larreta, optaron por mantenerse al margen de la disputa de cargos. Habiendo manifestado su descontento con la cercanía de la conducción del partido con el Gobierno nacional, su poco entusiasmo por influir en las decisiones internas (más que por redes sociales) muestran una apatía que permite pensar en que su futuro estará por fuera del partido amarillo.

Lo cierto es que la lectura de Macri es clara, y excluye a quienes supieron posicionarse como "palomas" dentro del espacio. El expresidente sabe que si crece la popularidad de Milei, su partido pierde toda posibilidad de reconquistar al creciente electorado antiprogresista. A su vez, la extrema proximidad con el Gobierno diluye la identidad del espacio, y vistos los acontecimientos recientes, anula la legitimidad para embanderar las consignas de las instituciones y el republicanismo.

A los ojos de la política, las "fuerzas del cielo" alteraron la distribución ideológica del electorado, algo que los lleva a mutar para no perder los lugares de representación. Esto es especialmente cierto para el PRO, que vió invadido a su electorado liberal y anti progresista, pero también al resto de participantes del sistema de partidos.

Hay riesgo de que en las próximas elecciones legislativas el bicoalicionismo al que nos tenía acostumbrado la política no solo se rompa, sino que estalle en un multipartidismo atomizado. Macri estaría decidido a no alinearse con el Gobierno en un frente electoral y todo apunta a que el peronismo no podrá sostener la unidad en todo el territorio nacional.

En cuanto a las formaciones de centro, al día de hoy extrañamente parecen los más ordenados. Frente al riesgo de desaparición, se encolumnan bajo el liderazgo parlamentario de Miguel Angel Pichetto, quien podría encabezar una formación heterogénea pero que agrupe a muchos referentes con poco que perder. El Radicalismo, aunque se superponga ideológicamente con Hacemos Coalición Federal, apoyándose en sus candidatos locales tiene todo para apuntar a consolidar su unidad y hacerse fuerte frente al desorden y la división de los otros espacios.

La irrupción de Javier Milei y La Libertad Avanza inevitablemente afectará el ordenamiento de la oferta electoral nacional, pero también impactará en el tipo de competencia. La agresividad discursiva y el extremismo ideológico oficialista produce un efecto de imitación en las posiciones antagónicas. La izquierda y los sectores progresistas del peronismo se van a disputar la representación de lo opuesto al Gobierno.

En las manos de Milei estará que la polarización vuelva a hegemonizar la campaña electoral. La lógica llevaría al oficialismo a profundizar su discurso "antisocialista", corriendo del foco a gran parte de la oposición y favoreciendo aún más la atomización del sistema. 

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