Escenario

Los reyes magos

El congelamiento termina el 7 de enero y eso me sugiere que los reyes magos vendrán con un programa global para salir de la pandemia de decadencia que atravesamos.

Los reyes magos
Carlos Leyba Carlos Leyba 15-10-2021
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"Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira". 

Así decía don Ramon de Campoamor y es bueno el recuerdo de esa “ley” en momentos en que, distintas notas periodísticas, han tratado de encontrar filiaciones de familia con el anuncio del secretario de Comercio, Roberto Feletti, sobre el congelamiento de 1.250 precios por 90 días, retrocativos al 1° de octubre y hasta el 7 de enero. 

La filiación es con las muchas veces que, en nuestro país,  y ni hablar en el resto de mundo, se ha apelado a la “congelación” de algunos o todos los precios, para detener el crecimiento del índice que mide la inflación. 
Habrá quienes aluden al fracaso de todos esos intentos y habrá quienes reivindican la propia historia de éxitos. 

Y contra el más popular de los juicios digo que hay muchos procesos exitosos de control. 
Pero no viene a cuento ya que ninguno de esos procesos, en perspectiva planetaria, puede compararse al que hoy estamos abordando. 

Lo que quiero decir es que cualquiera sea el entusiasmo acerca del pronóstico de este remedio, no se va a encontrar antecedente alguno en el pasado de similitud en las condiciones de muchas experiencias del planeta, incluida Argentina.  
Es así porque lo relevante es que, como nos enseñó el viejo Heráclito, “nadie se baña dos veces en el mismo río”.

Este río es el de hoy y no es parecido a ningún otro. En ese río se acaba de lanzar Feletti. Desgraciadamente su profundidad, los rápidos, la enorme cantidad de obstáculos en su cauce, no tienen demasiados puntos de contacto con ningun otro río que se haya navegado en el pasado.

En esta inflación enorme, que se desplaza a pasos de gigante del 50% anual, casi la mitad de la población está en la pobreza. 

Y no porque haya ocurrido una guerra que terminó con todas las vituallas quemadas por las bombas inhumanas. No. 

No es un problema de la oferta de bienes 100% locales si es que de bienes locales se trata. 

Es cierto que faltan dólares y que en la ignorada Matriz de Insumo Producto, que describe la realidad de una manera estática y simplificada, esos dólares en la Argentina son cada vez más necesarios para llenar casilleros que, si están vacíos, hagamos lo que hagamos, los bienes no aparecen. 

Pero, si bien esa ausencia pesa, no es por ahí donde amenaza el naufragio. No.  

Es que en este extraño río al que Feletti se tira con una soga atada a su cintura para remolcar, entre otras cosas, el escenario donde se paran, a recitar sus disucursos convocantes, los actores que militan la elección, lo que no abunda son familias que vivan de un salario que resulta de la actividad productiva. 

Esas familias de los asalariados (la clave del proceso de distribución capitalista) están en un mínimo histórico. 

Y lo que está en un máximo histórico es el número de personas que viven del salario público, del cuenta propismo, del salario en negro o que subsisten merced a los planes que el gobierno debe solventar para que no haya legiones de personas que pasen hambre. Este es un río que, además, se empantana por falta de brazos que empujen el agua. El agua se estanca por falta de energía. Aun en una represa estanca hay naufragios. 

Dificilmente podamos encontrar en nuestro pasado un proceso inflacionario de esta magnitud en el que nadie osaría decir que, esa inflación, es la manifestación promiscua de una demanda de consumo exasperada. Tal vez haya quienes logren superar mes a mes sus apetitos de consumo. 

Pero nadie se atrevería a decir que esa punción es lo que determina esta situación en la que los precios vuelan y en la que los costos son casi siempre una información vieja y no pocos se tientan por adelantarse a los hechos. 

Las expectativas negativas nacen de una mirada para atrás y del cabezazo hacia adelante. 

Ese sólo hecho alcanza para poder afirmar de manera categórica que esta inflación enorme convive con una economía pauperizada aunque, el fin de semana largo, los pocos que se pueden mover se hayan movido con un entusiasmo envidiable.

La palabra inflación no lo dice todo. Porque si bien todos sabemos que es una consecuencia nadie ignora que su pronóstico es finalmente una causa de la inflación que está por venir. 

Lo que se propone Feletti es convencer a todos los que producen y venden esos 1.250 bienes es que no deben adelantarse porque nada va a cambiar. 

Pero esos 1.250 bienes son el resultado de la manipulación de otros miles de bienes y servicios que no están congelados y a cada uno, como en el juego de las estatuas, le tocó quedarse donde estaba. Algunos sentados comodamente, otros en punta de pie cerca de la cornisa y otros en posiciones holgadas o estrechas. Claro que a partir de hoy ni ellos lo saben. 

La referencia a Campoamor tiene que ver que las apelaciones  periodísticas a decisiones del pasado como inspiradoras de estas decisiones del presente. 

Mirar con el color del cristal de hoy las decisiones de ayer y suponer que con esa mecánica se las puede elogiar, criticar, o estimar sus consecuencias, es un tremendo error. 

Es cierto que, si nos referimos al número de días (90), lo más parecido al programa Feletti es el programa de controles de José Alfredo Martínez de Hoz que se propuso 120 días y la conversación pública transitaba sobre que “habría de ocurrir en el día 121”. 

Salvando la distancia, la determinación del período de 90 días, indica que Feletti, además de congelar, debe tener un programa de rápida resolución para terminar con las causas de la inflación o con las causas de la aceleración de la inflación. Lo primero es altamente improbable. Lo segundo es, al menos, posible. 

Caso contrario la pregunta que correspondería es la que se le hacia a Martínez de Hoz: ¿y el día 91 qué?

Por ejemplo, en una acción corajuda, el tipo se tira en el medio de la vía con la intención que el tren se detenga. Puede que como el maquinista lo ve a tiempo y los frenos funcionan, el convoy se detenga. En ese caso la conversación es “o me quedo acá y se terminó el viaje” o, alternativamente, ¿cómo seguimos? La otra no amerita conversación.

Después de todo, Feletti no es el ministro de Producción que es el de quien él depende. Tampoco el de Economía. Es un funcionario, sin ánimo de desmerecer, de tercer nivel. El nivel 1 es el Presidente y, tal vez, el jefe de Gabinete y el nivel 2, los ministros que aquí, por la decisión, están involucrados los ya citados de Economía y de Producción, pero también el de Agricultura y el de Trabajo. 

Una decisión de enorme envergadura que, sin duda, ha sido consultada con todos los ministros mencionados, con el Jefe de Gabinete y con el Presidente. 

Es obvio que esta decisión, de lejos la más importante de los últimos meses, respecto de la coyuntura macro económica, implica la articulación y calibración de política salarial, de tasas de interés, cambiaria, etcétera.

Es que ninguna política, en economía, es tal si no responde a una decisión global y simultánea. Es decir todas las variables interrelacionadas y al mismo tiempo. 

Puede, y es posible que esa sea el criterio dominante, que esas otras decisiones no se anuncien. Pero lo que no puede ser es que no se tomen.

El secreto es una característica de esta gestión. En realidad de muchas en los últimos años. Algunos creen en la sabiduría de la sorpresa. 

Martín Guzmán, cuando asumió, no dio a conocer su plan. Pero todos recordamos su tono parsimonioso y sereno en el que nos informaba en la pantalla de TV que en pocos días daría a conocer su plan integral y detallado. No lo hizo. Eso no quiere decir que no lo haya tenido. 

Simplemente que Guzmán entendió que los actores económicos no tendrían porque saberlo de antemano y que por sus frutos lo conocerían.

Mucho después anunció que su programa era el Presupuesto. 

Los hechos demostraron que la realidad del presupuesto, diría como siempre, se fue construyendo sobre la marcha. Lógico. No fue sólo la pandemia que es muy reponsable de la imposibilidad de prever. Fueron también muchos supuestos que no atinaron a ajustar la mirada y las visiones de distancia fueron muy deformes. 

La realidad fue finalmente muy distinta a la que se veía de lejos cuando todo empezó.    

El nuevo secretario de comercio declaró “queremos permitir que la gente tenga unas fiestas felices” y considera, no sin razón, que “Argentina necesita un poco de alegría” y “necesita recuperar sus estándares de consumo, volver a esa lógica de la clase media que puede tomarse un vino, que puede hacer un regalo el Día de la Madre”. 

¿Quién puede negar ese objetivo más allá de la composición alcoholica de la canasta? 

¿Pero de verdad es tan sencillo recuperar en 90 días  los estándares de consumo cuando la actividad y el empleo, lo que refleja la pobreza, con una medida sobre 1.250 bienes? 

No dudo, dado que Feletti es un hombre experimentado, que detrás de esta medida, él, Martín Kulfas, Martín Guzmán, Julián Dominguez, Claudio Moroni, Juan Manzur, tienen horas de reflexión y programas detallados que den sustento a ese “permiso” de volver al consumo y a la lógica de la clase media, concepto que he capturado, pero que no sería capaz de definir. 

Consciente que hay otros actores en este escenario de congelación, que no sólo estarían los consumidores, Feletti aclaró, apuntado a los productores y vendedores de los productos congelados que el espera que “ganen por cantidad y no por precio”. Es decir “bajar el margen de ganancia” sobre la base de la promesa, la proyección, el pronóstico de un aumento bien importante del consumo de “las capas medias de la población argentina”. 

Concluyendo, el nuevo secretario nos dijo a todos que tratemos que la primera Navidad sin pandemia “no se frustre por una escalada de precios”. 

La congelación termina el 7 de enero lo que, atendiendo al calendario religioso, me sugiere que los Reyes Magos vendrán, esta vez, con un programa global y simultáneo para salir de la pandemia de decadencia económica y social que atravesamos hace 40 años. No es una ironía. 

De verdad imagino que Feletti, que por lo menos hizo algo, tenga, si aún no lo tiene, estos 90 días para articular ese regalo de un plan en serio, que todos nos mercemos. 
 

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