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Lo que ellos quieren

Una radiografía de los tres grandes clubes empresariales que apoyan a Milei y una hipótesis sobre cuánto durará su acompañamiento.

Milei tiene una relación muy cercana con los grandes empresarios.
Milei tiene una relación muy cercana con los grandes empresarios. .
Daniel Montoya 23 abril de 2024

"Hacer negocios y ganar mucha plata" es la devolución que califica mejor a la hora de imaginar una entrevista mano a mano con cualquiera de los empresarios que asistieron con el espíritu festivo propio de un viaje de estudios al reciente encuentro del círculo rojo realizado en el espectacular Hotel Llao Llao. 

No obstante, vale aclarar que semejante aseveración tampoco es la piedra filosofal que permite explicar motivaciones, inspiraciones ni, menos aún, el diverso modus operandi de muchos de los hombres así como pocas mujeres de negocios que posaron exultantes junto al presidente Javier Milei.

Que el dinero es la savia o el combustible elemental de cualquier actividad empresarial es una verdad de perogrullo que, de ninguna manera, sirve para explicar su intrincado vínculo con la jerarquía de medios y fines aplicados por los diferentes seres humanos en su faceta corporativa. Para muestra sobra el botón de una escena de la célebre saga "El Padrino" dónde Vito Corleone exhibe una áspera y, a la postre, peligrosa hostilidad hacia la postura común de otras familias mafiosas en cuanto a involucrarse en el entonces incipiente y muy próspero mercado de los narcóticos.

En tal aspecto, "juego y prostitución sí, drogas no" era la dura posición del pater familias encarnado por el inolvidable Marlon Brando, in memoriam. 

De igual modo, aunque ya en el ámbito de una realidad siempre indistinguible de la ficción, ¡no olvidemos que somos animales con la única capacidad distintiva de elaborar ficciones!, resulta imposible pasar por alto la referencia de un Steve Jobs obsesionado por el control de la experiencia del usuario de los productos Apple, un rasgo profesional que, a lo largo de su carrera, explicaría muchos de sus grandes éxitos, fracasos e innumerables trifulcas con sus ocasionales compañeros de ruta.

Vale decir, apenas un episodio más de la larga saga que exhibe la complejísima relación del dinero versus los medios y fines implicados tanto en su obtención como en su goce. En ese plano, nunca dejo de rememorar un recorrido por las inmediaciones de aquél gigante tecnológico californiano dónde está ubicada una vivienda familiar de Jobs que, perfectamente, podría poseer en Argentina un exitoso empresario pyme pero jamás un multimillonario fundador de una de las compañías hoy más valiosas a escala mundial. En definitiva, una escena que me generó la duda de si ese icónico innovador no llegó al oro buscando el bronce o, simplemente, la perfección por la perfección misma.

Tres grandes clubes empresariales

Fue amor a primera vista, un flechazo tan ardiente como el tuit subido por Elon Musk el 18 de enero pasado tras el discurso atípico y propio de un predicador pronunciado por Milei en el foro de Davos. "Tan caliente", en esos términos rotulaba el excéntrico multimillonario top 3 a nivel mundial su reacción a las palabras de nuestro presidente en la tradicional cumbre suiza de líderes mundiales. 

Milei y Musk
Milei y Musk

De esa manera, el propietario de Tesla, SpaceX y de tantas otras firmas sinónimos de futuro fundaba un primer club empresarial que Milei puede reivindicar como 100% propio y cuya utilidad trasciende ampliamente a un eventual anuncio de inversión en Argentina por parte del empresario sudafricano.

En tal sentido, la bendición de Musk es una suerte de ISO 9001 de calidad internacional para Milei que resulta emblemática al momento de analizar los movimientos de otros grandes emprendedores que están orbitando alrededor del planeta Milei, tanto en la modalidad bajo perfil como el cofundador de PayPal, Peter Thiel, visitando Buenos Aires a fines de febrero, al igual que aquellos que lo hicieron en modo selfie en el Llao Llao y ya perfectamente asimilados a "Las Fuerzas del Cielo"

Ello vale especialmente para dos referentes del unicornio argentino Globant, Martín Migoya y Guibert Englebienne, hoy tan jugados en la cruzada mileísta como el líder piquetero Eduardo Belliboni en la misión inversa.

En segundo término, y valga la redundancia, está el club empresarial "segundo tiempo" cuyo buque insignia es Marcos Galperín, el fundador del gran unicornio nacional Mercado Libre. A diferencia de Musk, el romance con Milei del CEO de esta corporación que hoy supera ampliamente en valuación a nuestra mayor empresa YPF y al conjunto de las 20 mayores empresas argentinas que cotizan en Bolsa, es el subproducto de un Pacto de Acassuso que, en cierto modo, le renovó al emprendedor hoy radicado en Uruguay la expectativa de que Milei pudiese concretar la promesa incumplida de Macri: la interrupción del ciclo de "70 años de peronismo" y la clausura definitiva de "Peronia", un rótulo habitual utilizado por Galperín en sus calientes cruces tuiteros.

Marcos Galperín
Marcos Galperín se sumó en el segundo tiempo a "Las Fuerzas del Cielo"

Por último, está el tercer club empresarial, el de los viejos lobos de mar, es decir, de aquellos empresarios que, sin perjuicio de sus pasiones íntimas, deben sentir en palabras de Jorge Luis Borges "la humillación de la vejez, la convicción de haber vivido ya cada día". 

Para ellos, Milei es una ola novedosa pero de un mar que surfearon una y mil veces y dónde las fotos simpáticas de Bariloche se apilan con otras distantes ya de color sepia dónde aparecen funcionarios de gobiernos militares, peronistas, radicales y, en la dimensión internacional, hasta dictadores célebres como Muammar Gaddafi. Para cualquiera de ellos, el latiguillo "la ven" queda corto. Ellos ya vieron todo. Bulgheroni, Eurnekian, Rocca y continúan las firmas.

Romper todo

La primera versión de la Ley Ómnibus, a la par del mensaje presidencial inaugural y de la reciente conferencia del asesor Federico Sturzenegger en la Universidad de Miami, dejó en claro que Milei interpreta a la perfección un mandato político que trasciende ampliamente el hecho de una misión acotada como la que cumplió Domingo Cavallo en abril de 1991: aniquilar la inflación. Por cierto, una faena que le sirvió a Menem de garantía para sucesivos batacazos electorales hasta en la esquiva ciudad de Buenos Aires e, inclusive, hasta de plataforma política para la victoria opositora de la Alianza en 1999.

A diferencia de aquél estallido económico, la actual crisis precedida por un largo estancamiento de más de una década, sucede en el contexto de un sistema político que se quedó sin nafta y cuyo termómetro de ello es la consagración de un Milei que no se cansa de meter el dedo en la llaga de esa herida gangrenada. En ese plano, nuestro ya consagrado outsider va un paso más allá del "estoy aquí por ustedes" que solía emitir Donald Trump, para imaginariamente vociferar "romperé todo y les haré el máximo daño posible para celebrarlo con quienes me ungieron y me piden sangre a diario".

De tal forma, aquello que algunos economistas bautizan como el "ancla fiscal del programa" en realidad es un virtual plan de aniquilación de la habitual esfera de influencia de la política: el gasto público, cualquiera sea su formato. Es decir, aquí no se trata de cualquier método de reducción o exterminio de la inflación sino de aquél que sacando a la política del centro de la escena desemboque en un índice de inflación que, en la locura de la ola libertaria, hasta algunos pretenden que se exprese en términos de la igualmente temible deflación.

A tal fin, la pregunta del millón es si Milei contará, a diferencia del fallido "primer tiempo" de Macri, con el apoyo de aquellos tres clubes empresariales cuyo rol, en ausencia de un Estado bobo pero Estado al fin, resultará decisivo para reactivar la rueda del crecimiento económico. Prima facie, da la idea de que el Club Musk como el Club Segundo Tiempo lo sostendrán y hasta impulsarán. 

No obstante, debería ser con las efectividades conducentes para ocasionalmente compensar el esquivo sostén de un Club de los Viejos Lobos de Mar que está tan acostumbrado a aplaudir como a exigir garantías políticas que Milei no está en condiciones de dar o que, puesto en blanco sobre negro, contradicen el sentido profundo de su misión política: romper todo.

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