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“Hay aún un oasis del 30% en medio del desierto que simboliza la grieta”

27-12-2018
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Entrevista a Gonzalo Arias Sociólogo y autor de “Gustar, Ganar y Gobernar”

Para el sociólogo y consultor Gonzalo Arias, la polarización ocupará un sitio preferencial en la campaña presidencial de 2019, en tanto es la apuesta de los dos referentes más importantes de la política argentina, en contraposición: el presidente Mauricio Macri y su antecesora Cristina Kirchner. No obstante, señala que esos espacios están lejos todavía de abarcar el universo electoral, aunque advierte sobre las dificultades de las terceras fuerzas para capitalizar eso. “El electorado no sólo valora la diferenciación, sino también que tenga claro su identidad”, sostiene el autor del libro “Gustar, ganar y gobernar”.

¿Cuánto cambió el mapa político en este 2018?

Si bien en el arte de gobernar está implícito que no existen períodos extensos de calma y por eso hay que estar siempre alerta, 2018 fue sin dudas uno de los años más turbulentos para Cambiemos. El Gobierno experimentó un comienzo de año diametralmente distinto al que está concluyendo. En términos electorales, la inercia del importante triunfo en las legislativas de 2017 insinuaba la posibilidad de que el Presidente pudiese ganar en 2019 en primera vuelta. Hoy ese escenario es casi una utopía, ya que la mayoría de los sondeos están mostrando un balotaje muy ajustado. En términos económicos, 2018 quedará marcado como el año en el que el dólar pasó, en apenas unos días, de $20 a $40. Ese fuerte desajuste cambiario, que tuvo evidentes impactos en el resto de los precios en un contexto de inflación alta y forzó al Gobierno a buscar un acuerdo con el FMI, marcó el clima de la segunda parte del año. El descontento que generó la situación económica se convirtió en el gran “premio” para una oposición que, pese a los recurrentes “errores no forzados” del Gobierno, no logró ni superar la fragmentación ni construir una alternativa competitiva por fuera de la que representa el espacio liderado por Cristina Kirchner.

¿Vamos hacia un escenario de polarización creciente o tendrán chances terceras opciones? ¿Cuáles podrían ser las sorpresas?

Si algo aprendimos estudiando y trabajando en campañas electorales es que, con tantos meses de anticipación, ningún escenario está definitivamente clausurado. Las contingencias y factores inesperados son también parte de la política. En este sentido, y si bien nunca descartaría que surjan sorpresas, hoy la tendencia indica que la polarización nuevamente ocupará un sitial preferencial en la campaña presidencial del año próximo. La polarización vuelve a ser la apuesta tanto de Macri como de Cristina. Aunque con una novedad: algunos integrantes del denominado “círculo rojo” del Gobierno ya comienzan, por lo bajo, a cuestionar el excesivo énfasis en la estrategia de la polarización en detrimento de una campaña que pudiese estar basada en la gestión, y aspiran a que la campaña comience cuando la macroeconomía arroje un dato esperanzador. Estos referentes del oficialismo se entusiasman con la relativa recuperación de la imagen presidencial que comenzaron a mostrar algunas encuestas tras la cumbre del G20. Así las cosas, la polarización como estrategia consistente en resumir una contienda electoral en una decisión dicotómica, en la que solo se puede optar por uno o por otro, no sólo resulta atractiva para muchos dirigentes sino que ciertamente es funcional para un electorado desinteresado.

¿Sin terceras fuerzas?

Estos dos candidatos contienen aproximadamente 60% del electorado. Hay todavía 30% que puede ser en gran medida el que defina el futuro del país. Ahí hay un “oasis electoral” en medio del desierto que simboliza la grieta para los demás contendientes y que podría beneficiar a terceras fuerzas. Sin embargo, el problema central para las terceras fuerzas sigue siendo su incapacidad para generar la percepción de una identidad fuerte. En general se están “presentando” como lo que no son. “No somos kirchneristas” o “no somos Cambiemos”, pero tienen dificultadespara comunicar con claridad lo que sí son. El electorado no sólo valora la diferenciación (es decir que una expresión política se diferencie de otra), sino también que tenga claro su identidad.

¿Cuáles considera que pueden ser los ejes de campaña de unos y otros?

Cambiemos no pudo generar, en casi cuatro años de gobierno, noticias económicas positivas. Por distintas razones, la economía no fue su fuerte. En este sentido, creo que la estrategia de discutir política será el eje central de su campaña. Con “política” los consultores solemos incluir temas como liderazgos, corrupción, formas de gestionar lo público, etcétera. Discutir “política” para Cambiemos es polarizar con el kirchnerismo. Por su parte, Unidad Ciudadana, atosigada por una imagen negativa de CFK aún muy alta, y el proceso judicial de los llamados “Cuadernos de Centeno” aún vigente, intentará que el tema de la campaña sea la economía y la comparación de la performance del gobierno de Macri respecto a las mejores épocas kirchneristas. Desde 1983 a la fecha, los candidatos que logran instalar en la agenda pública su tema predilecto fueron quienes lograron consagrarse ganadores: Alfonsín lo hizo con la democracia, Menem con la reactivación económica, De la Rúa con la lucha contra la corrupción, Kirchner con la idea de renovar la clase política y Macri con la necesidad del cambio.

La economía no mostrará señales de mejoras importantes, según lo proyectado. ¿Cuáles serán las chances de Cambiemos en ese contexto?

La esperanza fue la variable que acompañó a Macri desde 2015 hasta mediados de 2018, y que según los últimos sondeos de opinión pública el gobierno perdió como recurso electoral. Algunos estrategas de Cambiemos se entusiasmancon que si la esperanza vuelve a ser un elemento presente en el escenario electoral, la campaña puede tener otro color, muy distinto del ambiente de temor y negatividad que agitaría la estrategia polarizadora. El Gobierno, consciente de que será difícil esperar una mejora sustancial de la economía, procurará convertir alguna mejora que se pudiera registrar en determinadas variables macroeconómicas en una percepción de recuperación. En este contexto, la memoria electoral será un elemento seguramente gravitante en las estrategias de campaña. El kirchnerismo apuesta a que su elasticidad les permitirá comparar el ciclo 2003-2015 con los cuatro años de Macri. Por el lado de Cambiemos, están convencidos de que los electores solo ejercitan (y votan en las urnas con) una memoria más corta y relativa.

CFK tiene un núcleo duro muy importante. ¿Qué tiene que darse para que pueda volver a construir una mayoría?

Cristina logró consolidar un núcleo de votantes duros, es decir que votaron y votarían por ella en casi cualquier contexto, que oscila en torno al 30% del electorado. Sin embargo, el “costo” de haber logrado esa importante fidelización de prácticamente un tercio del electorado es que su figura genera, para aproximadamente el 40% del electorado, absoluto rechazo. Esto es loque en los sondeos se ve como “imagen negativa”. Lo interesante es que lo que sienten estos votantes no es tanto un rechazo a su gobierno o a su situación personal y familiar durante esos años, sino más bien un rechazo en términos personales. En el último año, y como lo acaba de reconocer en entrevistas el propio Durán Barba, Macri logró algo similar. Consolidó el 30% de electores como votantes duros. En el caso del líder de Cambiemos, aún no tiene una imagen negativa tan alta como la de Cristina, y eso, para él y su equipo de campaña, es una luz de esperanza para aspirar a persuadir a votantes independientes o de otros espacios fuera de la polarización. Está claro que las campañas electorales se ganan sumando voluntades. Sin embargo, en esta contienda, las estrategias estarán dirigidas también a dispersar los posibles votos de los adversarios.

¿En qué sentido?

Cambiemos priorizará que Unidad Ciudadana llegue a octubre (elecciones generales) y noviembre (balotaje) escindida del peronismo no kirchnerista. Para eso ponderará la figura de Cristina, generando antagonismos en las filas del justicialismo. Por el lado de la expresidenta, la estrategia será que Cambiemos llegue desgastado a la elección y que aquellos electores que lo votaron en 2015 y 2017, hoy voten por otras opciones.

¿Cuánto incidirán los procesos judiciales en marcha?

En términos de opinión pública, los procesos judiciales no modificaron las tendencias electorales. La corrupción en tanto tema de la agenda pública, tocó un techo: tanto la causa de los cuadernos como el escándalo del financiamiento de la campaña de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, no parecen haber modificado la intención de voto en ambos espacios. En este marco, quienes creen que Cristina es inocente lo seguirán creyendo, independientemente de lo que diga la justicia.

¿Y temas que han ganado centralidad como la cuestión de género y el feminismo?

Las demandas comprendidas en torno al feminismo afortunadamente llegaron para quedarse. Habrá, en este sentido, un antes y un después que nos hará crecer como sociedad. En este marco, si bien son temas que estarán presentes en la campaña de 2019, con propuestas y posicionamientos concretos en relación a dicha agenda, no creo que tengan un peso gravitante en términos de orientación del voto. Más aún teniendo en cuenta que varios puntos de esta agenda se han revelado como transversales respecto a oficialismo y oposición.

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