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“El de Macri es un discurso con poco presente”

08-03-2017
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Entrevista a Mario Riorda, politólogo y consultor en comunicaciones

“Lo que intenta el presidente Macri es ideologizar el discurso, nuevamente, para partir aguas e intentar reeditar el escenario que le permitió ganar el bajotaje en 2015”. Quien esto dice es Mario Riorda, politólogo cordobés, consultor en comunicaciones y especialista en estrategias electorales, con radio de acción buena parte de América Latina. Quien también advierte sobre los contratiempos para Cambiemos que genera “una marcha de la economía que, en términos de expectativas, está lejos de lo que el votante esperaba, hechos pocos transparentes y el ida y vuelta en términos de grandes decisiones políticas”.

¿Qué evaluación hace del discurso de Mauricio Macri en la apertura de sesiones ordinarias?

El de Mauricio Macri es un discurso con poco presente, con una línea muy clara basada en el pasado, en clave diferenciación. Y en el futuro, en clave de promesa. Es un discurso con una carga ideológica contundente, reflejada en la frase “basta de que nos regalen el presente para robarnos el futuro”. Si bien es una expresión que utiliza el escritor Mario Vargas Llosa, y Macri se vio con él hace unos días, es la constatación de máxima carga ideológica del discurso de Cambiemos que, si se lo traduce, significa diferenciarse del populismo que “reparte lo que no tiene”. De alguna manera, es un discurso que reproduce la misma voluntad de diferenciación ideológica que tuvo el discurso de apertura de sesiones de 2016.

En ese discurso hubo menos apelaciones a la unidad y el diálogo y una elección más decidida de confrontar con el kirchnerismo. ¿Qué gana con ese intento de polarización y qué pone en riesgo?

Evidentemente, sí. En clave ideológica hubo una decisión concreta de diferenciarse del kirchnerismo. Pero si bien la consecuencia práctica es confrontar, en verdad, la idea es aglutinar desde la perspectiva del voto ideológico a una porción de votantes habida cuenta de que, si se hace una matemática sencilla, hoy la propia imagen del Presidente, y en mucho menor medida la de la gestión, que está por debajo al voto obtenido en el balotaje. Por lo tanto, lo que está permitiendo ideologizar el discurso es, nuevamente, partir aguas para intentar reeditar el escenario que le permitió ganar el bajotaje en 2015. Con eso, evidentemente, se pierde consenso, pero se intenta aglutinar voto duro. Es decir, solidificar el voto propio e intentar recuperar parte del voto desencantado, como el que provenía del Frente Renovador.

Las encuestas marcan un deterioro de la imagen del Gobierno y empieza a detectarse un sector del electorado crecientemente disconforme, incluso entre quienes votaron a Cambiemos. ¿Qué cuestiones incidieron en mayor medida para que se dé este proceso?

Suelo decir que los factores que inciden en el voto son muchísimos, y no solamente el voto económico. Lo que sucede es que el voto económico funciona generalmente como un velo que suele tapar el resto. Cuando este se corre, deja pasar muchas otras cosas. En este sentido, al mermar las expectativas no sólo políticas sino también económicas deja ver otro tipo de cosas. Particularmente, la percepción de menos transparencia, que era un activo central y explícito en el contrato electoral de Cambiemos frente a la sociedad. También lo que compete a la eficacia de la gestión, con la idea del mejor equipo de los últimos cincuenta años. Una marcha de la economía que, en términos de expectativas, está lejos de lo que el votante esperaba, hechos pocos transparentes y el ida y vuelta en términos de grandes decisiones políticas quedan más al descubierto y la gente lo percibe cada vez más.

Se consideró al PRO, en especial, como una fuerza meticulosa en términos de comunicación. No obstante y más allá de la cuestión estrictamente política, también se marcan déficits en ese sentido. ¿Comparte?

Uno de los aspectos en donde se creía que más iba a lucirse la gestión de Cambiemos era en la comunicación, y ello no ha sido así. Independientemente de eso, es un error atribuirle los errores a la comunicación porque, en realidad, cuando falla la comunicación el defecto no es comunicacional sino político. Aunque instrumentalmente pudiera haber errores de comunicación y, de hecho, los hay, lo que existen son errores políticos que se hacen visibles a través de la comunicación.

En el radicalismo hay reafirmación de pertenencia a Cambiemos, pero también cierta incomodidad. ¿Qué análisis hace de esa relación?

Por supuesto que, el radicalismo, al ser parte de una coalición electoral, pero no ser fuerte en el protagonismo de lo que significa una coalición de gobierno, las incomodidades existen. El radicalismo ha resurgido a través de Cambiemos, pero también es su límite. Al no ser parte central en la toma de decisiones sufre el impacto. Todavía mantiene un discurso público, hacia afuera, en el que le es más cómodo criticar al pasado, compartiendo el corazón argumental de Cambiemos, pero le queda bastante incómoda la defensa del presente.

¿Cómo evalúa la situación de Cristina, con importante intención de voto en algunos sectores, pero también con cuestionamientos al interior del peronismo y complicaciones en el frente judicial?

Cristina es lo que en la ciencia política se denomina el perdedor condorcet: entre muchos gana, pero también puede perder. Eso no es tan dramático si las elecciones son de medio término y en cada distrito. Sí lo sería en escenario de balotaje. Esto sucede porque tiene un piso muy alto y un techo muy discreto. Hay que ver cómo se paran aquellos que necesitarían mayor autonomía para jugar con lógica distrital y desligarse de una situación incómoda como pueden ser las causas de la expresidenta en la Justicia.

¿Cómo ve a Florencio Randazzo en ese escenario?

Randazzo se ha consolidado como el dirigente más importante del peronismo luego de la expresidenta, con un piso algo menor, pero un techo también algo mayor. Es probablmente uno de los dirigentes con mayor nivel de conocimiento e imagen positiva de todo el espectro del peronismo nacional. Representa una figura de recambio, pero su suerte dependerá no sólo de cómo se presente públicamente para mostrar que es la renovación, sino también del juego de alianzas en la provincia de Buenos Aires y de que pueda dar la pelea dentro de una primaria y no por separado, escenario que conviene al oficialismo más que a cualquier otro actor.

¿Qué puede pasar con el Sergio Massa y el Frente Renovador? En principio, pareciera perjudicado por un escenario de creciente polarización.

Massa tuvo una tentación en la anterior elección presidencial: desconocer el posicionamiento ideológico del electorado y elegir la autopista centrista, moderada, del medio. Y quedó atrapado, más allá de la buena performance individual, en ese tercer lugar por la polarización que generaron Cambiemos y el Frente para la Victoria. Ahora reproduce lo mismo. Es sumamente interesante la confluencia con Margarita Stolbizer. No obstante, creo que le aporta más en términos discursivos, de posicionamiento simbólico, que en términos electorales. De hecho, la sumatoria de uno más uno para el propio Massa sigue dando uno. Es decir, no suman voto extra de lo que sacarían individualmente.

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