Planes para acercar educación y trabajo

Con un sesgo empresarial, el Gobierno avanza en la revisión de los regímenes de prácticas profesionales y el impulso al empleo joven.

02-05-2016
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“Las competencias de la escuela están divorciadas de las que reclama el mercado”, dice el especialista en educación Gustavo Iaies, para el que la secundaria está construida mucho más para mirar hacia la universidad que hacia el mercado del trabajo. Este diagnóstico es compartido por el secretario de Empleo, Miguel Angel Ponte, lo que ha impulsado al Gobierno a pensar en algunas propuestas. Con la intención de sumar al ya anunciado programa de Primer Empleo iniciativas que tiendan a mostrar actividad en una de las áreas de la gestión macrista más criticadas y con una clara visión empresarial heredada de su experiencia en la actividad privada, Ponte explicó a El Economista cuáles son los planes para avanzar en la integración de los jóvenes al mundo del trabajo.

Según Ponte, además del programa de Primer Empleo, en su Secretaría el “otro gran timón” está orientado a trabajar en la unión entre el sistema educativo y el sistema laboral. En este tema, hay “cuatro puntos de conexión que no funcionan”: uno del sistema secundario, uno del sistema universitario, uno de formación profesional y otro de las empresas que necesitan tomar personas con un período de aprendizaje inicial. El Gobierno cree que si bien las normas que regulan estos encuentros no son malas, tienen aspectos que las hacen poco confiables para los empresarios. Por eso lanzó un plan de consulta a empresas y organismos educativos para elaborar una “propuesta real”.

Para la regulación de las prácticas profesionales en la educación secundaria fue impulsado en 2011 el decreto 1.374/2011, que el secretario de Empleo consideró “razonable”, aunque señaló que “tiene 4 o 5 artículos que hace que ninguna empresa lo use”. Por ejemplo, la norma establece un mínimo de 100 horas de práctica, cuando de todos modos sería provechoso para los alumnos tener experiencias de menor duración. “Hoy ni el 10% de las escuelas secundarias técnicas logra hacer que sus alumnos hagan prácticas en las empresas”, explicó Ponte.

Del mismo modo, el funcionario consideró que “la ley de pasantías universitarias también es una buena ley, pero tiene unos artículos que son imposibles”, aludiendo a que incluye aspectos muy rigurosos para las empresas y las expone a penalidades. “Hoy ninguna a empresa seria toma pasantes universitarios”, agregó. Por otro lado, Ponte elogió el programa lanzado por el ex ministro de Trabajo, Carlos Tomada, de Entrenamiento Para el Trabajo (EPT ) ?prácticas en ambientes de trabajo que incluyen procesos de formación y tutoría personas desocupadas? , señalándolo como “una muy buena herramienta”. Sin embargo, explicó que al tratarse de una resolución interna de la cartera de Trabajo “de lo único que tiene tranquilidad la empresa es que el mismo Ministerio no lo va a sancionar, pero no lo cubre de demandas individuales”. Por eso, la intención oficial es elevar la herramienta a rango de ley. “Si logramos esas tres cosas, tenemos herramientas razonables como para impulsar a las empresas a que tomen la gente”, concluyó Ponte, ex directivo de Techint.

Desencuentro

“Tenemos un desencuentro bastante importante entre el sistema educativo y el mercado de trabajo. En principio porque más o menos la mitad de los que empiezan la secundaria no la terminan, y en segundo lugar porque las competencias de la escuela están divorciadas de las que reclama el mercado”, opinó Gustavo Iaies, especialista en educación y presidente de la Fundación Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP).

Para Iaies la escuela sigue trabajando para un viejo mercado que no existe y a los jóvenes les cuesta mucho encontrar herramientas en la escuela de formación para el trabajo. Además “hay competencias que reclaman los directores de recursos humanos en cualquier orientación laboral” que la escuela no está pudiendo desarrollar, como el trabajo en equipo, la resolución de nuevas problemas o cierto encuadre de orden.

El presidente de CEPP cree que la escuela secundaria está construida mucho más para mirar la universidad que el mercado del trabajo y se impone una reconstrucción que “mire mucho más lo que los jóvenes necesitan hoy y lo que van a necesitar mañana. “La escuela está mirando mucho más hacia sí misma”, insistió.

A juicio del especialista, el Estado no ha encontrado todavía la llave para modificar la lógica de la escuela secundaria, que para Iaies debería ser una escuela “de competencias generales” que pueda articularse con un mercado que “construya la adaptación”. “Es difícil pensar que el Estado construya un direccionamiento para cada una de las orientaciones laborales ?especificó?, pero sí se puede pensar en una escuela que tenga competencia amplias, transversales, y que pueda trabajar con los chicos después en las demandas que cada sector le haga, generadas ad hoc”.

Los números

El impulso de políticas públicas que vayan en el sentido de facilitar la integración de los jóvenes al mercado de trabajo resulta un tema urgente cuando se observan los números del sector. Según diversos estudios, los jóvenes argentinos enfrentan mayores obstáculos que la población general a la hora de insertarse en puestos de trabajo de calidad: registran mayores tasas de desocupación y menores tasas de actividad. Además, aquellos que logran entrar al mercado laboral, suelen hacerlo en el sector informal de la economía, con las vulneraciones que esto implica.

Según señalan Gala Díaz Langou y José Florito, del Programa de Protección Social de CIPPEC, a partir de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), puede deducirse que el 17,6% de los jóvenes de hasta 24 años están desempleados, contra una tasa de desempleo de la población económicamente activa de 6,9% (datos del cuatro trimestre de 2014). Por su parte, el 59,8% de los jóvenes trabajan en la economía informal, mientras que el porcentaje de población económicamente activa que participa en la economía informal es de 34,3% (datos del cuatro trimestre de 2014). “Más allá de la cifra en sí, que puede estar cuestionada a partir de la intervención del INDEC, es importante resaltar la brecha que existe entre las tasas laborales de los jóvenes y las de la población total. Más grave aún es que estas brechas se ampliaron en los últimos años de crecimiento: mientras que en 2013 la tasa de desempleo joven era 2.15 veces mayor que la general, en 2014 (a pesar de que ambas habían disminuido) la tasa de desempleo joven representaba 2.55 veces la tasa de desempleo general”, señalan desde el CIPPEC.

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