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Taiwán

Nancy Pelosi aterrizó en la "provincia rebelde" y Estados Unidos juega con fuego

Desde Pekín advirtió que no se quedarán de brazos cruzados: "Quienes juegan con fuego, morirán quemados"

Tensión en máximos entre Pekín y Washington
Tensión en máximos entre Pekín y Washington
Damián Cichero Damián Cichero 02-08-2022
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Cuando parecía que la tensión se había disipado, varias fuentes confirmaron que la legisladora demócrata Nancy Pelosi viajaría a Taiwán, lo que podría desembocar en un grave conflicto con China. Lo que finalmente se confirmó hoy: el martes al mediodía (hora de Argentina), Pelosi, a bordo de un SPAR19 operado por la Fuerza Aérea de EE.UU., aterrizó en la “provincia rebelde”

El domingo, la presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU. había ratificado su hoja de ruta por Asia, la cual incluía a Singapur, Malasia, Corea del Sur y Japón, pero no hacía mención sobre Taiwán.

Esta postura descomprimió notablemente la relación entre Washington y Pekín, ya que para el Gigante Asiático la posible visita de Pelosi representa cruzar una línea roja. 

Esto se debe a que China considera a Taiwán una provincia rebelde y no permite que ningún país mantenga relaciones diplomáticas con el archipiélago, el cual igualmente tiene vínculos militares con EE.UU.

En ese sentido, es normal que funcionarios norteamericanos de menor rango visiten Taiwán. Sin embargo, que Pelosi, tercera en la línea de sucesión presidencial, viaje a la isla, será interpretado por Pekín como una señal de apoyo a los partidos independentistas.

Tras las amenazas chinas de que estarían dispuestos a utilizar la fuerza si Pelosi concretaba su viaje, parecía que desde Washington entendían lo complejo de la situación. Sin embargo, no cambiaron la ruta.

Desde la Casa Blanca no confirmaron la noticia, pero dijeron que Pelosi tenía derecho a viajar, ya que la división de poderes dentro de EE.UU. le permitía a la congresista tomar sus propias decisiones. 

“No morderemos el anzuelo ni participaremos en ruidos de sables. Al mismo tiempo, no nos dejaremos intimidar”, agregó el portavoz de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby.

Por su parte, tras conocer la noticia, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, dijo que esto sería "una gran interferencia en los asuntos internos de China" y advirtió que conduciría a "acontecimientos y consecuencias muy graves".

"Nos gustaría decirle a Estados Unidos una vez más que China está a la espera, que el Ejército Popular de Liberación de China nunca se quedará de brazos cruzados y que China dará respuestas resueltas y fuertes contramedidas para defender su soberanía e integridad territorial", añadió. 

La llega de Pelosi representa la visita de más alto rango a Taiwán desde que el republicano Newt Gingrich fuese el último presidente de la Cámara en visitar la región en 1997. 

Así, desde que China se ha convertido en el principal desafío sistémico de Estados Unidos, este es el momento en el que una guerra entre ambos parece más posible que nunca. 

Dicha situación fue adelantada por el politólogo estadounidense Graham Allison, cuando publicó su célebre artículo sobre la “Trampa de Tucídedes”, que explica cómo, a lo largo de la historia, han surgido numerosas situaciones en las que una potencia ascendente desafía a la potencia gobernante.

Según Allison, en 12 de los 16 casos anteriores, la rivalidad entre los dos actores terminó en una guerra hegemónica, mientras que en los otros cuatro se alcanzó una transición pacífica del poder. 

Actualmente, ante la falta de una autoridad supranacional, como consecuencia de la anarquía internacional, Estados Unidos desconfía del increíble ascenso chino y no está dispuesto a ceder parte de su poder. Sin embargo, es probable que el propio accionar norteamericano haya acelerado el conflicto. 

En 1979, en plena Guerra Fría, el presidente Richard Nixon y su secretario de Estado Henry Kissinger decidieron crear su famosa “mesa de tres patas”, que implicaba establecer relaciones formales con China para romper definitivamente los vínculos entre el gigante asiático y la Unión Soviética, los cuales ya venían debilitados por sus diferentes percepciones sobre el comunismo.

Así, EE.UU. obligó a la URSS a tener que soportar dos frentes al mismo tiempo, lo que la debilitó considerablemente y precipitó su caída. Justamente, ese fue el momento en que Washington dejó de reconocer a Taiwán como la “verdadera China”.

Sin embargo, más de 40 años después de ese hecho, Estados Unidos no solo rompió esta mesa de tres patas, sino que, con su accionar, como la expansión de la OTAN o el posible viaje de Pelosi, logró que Moscú y Pekín se unan en su contra, lo que lo obliga a enfrentar al mismo tiempo dos situaciones más que complejas en Ucrania y Taiwán. 

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