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Es hora de entender lo que pasó en el G20

La discrepancia entre la imagen exitosa que generó el G20 en el país y la impugnación de los especialistas extranjeros ofrece una valiosa pista acerca de dónde estamos parados y cuántas chances tenemos de jugar a la inserción inteligente en el mundo si seguimos con esta onda.

11-12-2018
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Por Jorge Riaboi Diplomático y periodista

En varias oportunidades recomendé ajustar el enfoque de la presidencia argentina, y de la sociedad civil de nuestro país, a la hora de mirar la agenda sustantiva de la cumbre del G20 que se realizó en Buenos Aires hasta el pasado 1° de diciembre. Conociendo el paño, no tenía la menor expectativa de ser escuchado. Sólo quise decir a tiempo lo que finalmente pasó y no iba a ser recibido con aplausos por la inmensa mayoría de los actores que captaron al segundo la frivolidad y simpleza del enfoque nacional. Son los que deseaban preservar las ventajas y utilidad del mayor foro de diálogo y cooperación del mundo, no las ideas de un país que hizo lo posible por sacarse de encima, sin muchos raspones o heridas, un gigantesco compromiso global que solicitó por propia iniciativa. Como se verá en los siguientes párrafos, alguna gente ya empezó a hablar claro, muy claro, en un ejercicio que puede ayudar a entender por qué Argentina siempre tropieza con la realidad y la recibe con el paso cambiado.

El mensaje que pasé era muy directo. El país debía evitar que el G20 se desentienda, por otro año más, de su original vocación de pergeñar fórmulas para frenar y revertir problemas tan candentes como las guerras y otras manifestaciones del proteccionismo comercial. O que se vea como normal la idea de esconder en el closet el objetivo de mitigar el desborde del cambio climático o la tangible evolución del desarrollo sostenible. En síntesis, que no debíamos dar rienda suelta a nuestra tradición de disimular nuestro temor al riesgo con un relato ingenioso o con lo que un querido colega bautizara, hace más de dos décadas, como “los cuentos para argentinos”.

El actual formato del G20 surgió en los tiempos de la crisis económica y financiera, energética y alimentaria de los años 2007-08 con la explícita intención de crear una vitamina política capaz de dinamizar y modernizar el funcionamiento de las organizaciones inter-gubernamentales como el Fondo Monetario, la OMC y la FAO, que tenían y tienen la misión específica de desatar los nudos de la compleja realidad internacional. No se pensó como un foro burocrático, ni para esconder bajo la alfombra los serios problemas globales, sino para resolverlos con madurez política y profesional, un lenguaje que a muchos les resulta utópico o extraño. En ese momento los líderes mundiales encontraron útil dejar de lado sus diferencias para trabajar en las fórmulas que ayudaron a resolver varios de los gravísimos problemas que agobiaban la economía del planeta. Por estas y otras razones, la reciente presidencia argentina del foro pasó con excelentes notas su tarea logística de organizar la cumbre, pero le faltó músculo, talento y oficio para anticipar e introducir de algún modo los elementos de una crisis comercial y económica que está en los pronósticos de casi todos y evoca las peores experiencias humanas del Siglo XX (la Crisis del '30 y la Segunda Guerra Mundial).

El pasado 3 de diciembre, el Consejo de los Consejos de Relaciones Internacionales, un proyecto que agrupa a 28 entidades de 25 países e incluye al Consejo Argentino de la especialidad (el CARI), difundió cinco reflexiones que contienen ideas iguales o similares a las periódicas alertas sobre el G20 que expuse a lo largo del último año y medio. Con excepción de una de ellas (sí querido lector, la Argentina), esas breves columnas respaldaron mis comentarios previos y provienen de un muestrario de especialistas elegido por esa entidad provenientes de de Canadá, Sudáfrica, Alemania y China. La columna de los colegas argentinos sólo abordó de refilón los aspectos comerciales al referirse a lo “positiva” que había sido la reunión bilateral entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping (sin advertir que ésta se llevó a cabo una vez terminadas las deliberaciones del G20 y no como parte de su agenda y que las chances de que sea o no productiva están en el aire).

El escrito más contundente se originó en el canadiense Thomas A. Bernes del Centro para la Gobernabilidad Internacional de la Innovación. Voy a citar, con traducción propia, dos o tres párrafos muy indicativos de tal aporte. Bernes sostiene, entre otras cosas: “Si el G20 es el Comité Impulsor (steering Committee) para la economía global, la última cumbre, en Argentina, hizo un insólito revoltijo (lurched) temático sobre el mapa. El FMI (donde Bernes fue Director-Ejecutivo por Canadá e Irlanda) envió, hace más de un año, un claro mensaje sobre los crecientes riesgos que atañen al crecimiento global y sobre la prioridad de reducir las acciones que destruyen o limitan el comercio. Para aquellos que esperaban liderazgo de este G20 respecto de tal desafío, este fue un desilusionante evento. (Su desarrollo)? amplió aún más (la influencia de) las voces de aquellos que temen que el G20 haya perdido el rumbo y decidido convertirse en nada más que una cara tienda de charla.” Y sigue: “(?) El Presidente argentino y presidente temporal del foro, Mauricio Macri, no estaba en condiciones de ser enérgico (con ningún referente estratégico de la reunión, acotación nuestra) dado el delicado estado de la economía de su país. Y finalizó diciendo que “Los líderes dejaron Buenos Aires habiendo eludido el asunto económico de mayor importancia mundial”.

La columnista consultada del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales, Elizabeth Sidiropoulos, hizo varias referencias al hecho de que la batalla contra el proteccionismo fue un lenguaje que terminó de desaparecer de la Declaración de rigor aprobada esta vez por los líderes del G20 que estuvieron en la Argentina. También señaló el fuerte comunicado emitido por el desdibujado clan de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), un lobby que adquirió gran presencia e importancia en la época del Presidente Lula, pero que hoy está perdiendo oxígeno a gran velocidad.

La columna escogida con la opinión de la representante alemana (Laura von Daniels del Instituto Germano para Asuntos Internacionales y Seguridad) atribuyó importancia altamente dañina a la convergencia de dos factores humanos que potenciaron la decadencia del G20: la presencia desequilibrante de Trump y el simultáneo ocaso de la gestión de Angela Merkel como canciller y como indiscutible referente de su país, por su clásica influencia en la vida política europea y su gravitación en los asuntos globales. Enfatizó que dada la incidencia de éstos y otros hechos relevantes, la Declaración de la Cumbre llegó inclusive a renunciar a su clásico respaldo en favor de la existencia de un orden de economía abierta en materia de comercio internacional. El columnista que dio un testimonio o visión china fue Ye Yu de los Institutos de Shanghai para Estudios Internacionales. Este hizo una enumeración de situaciones, donde destaca algunos puntos de gran realismo. La primera, es la vana ilusión de esperar que el mencionado diálogo bilateral entre Trump y Xi produzca un cambio “copernicano” de la noche a la mañana (noventa días), sin tiempo de preparación ni una acabada tarea de concepción de planes específicos. A lo sumo, destaca, será posible acordar una tendencia con objetivos a distinto plazo en el contexto de las relaciones bilaterales. En segundo lugar enfatiza que las deliberaciones del G20 sólo permitieron marcar la importancia del comercio y la inversión, al costo de ningunear o hacer que desaparezca, de la clásica Declaración del foro, la idea de valorar al sistema multilateral de comercio.

Ye Yu remata su columna con una previsible reflexión “Como el Centro de una red tras-gubernamental, el G20 debería tener un rol mayor en aprobar consensos de largo plazo (lo que constituyó el enfoque central del resumen de la presidencia china de la Cumbre realizada en ese país en setiembre de 2016, acotación nuestra). ¿Por qué Macri no utilizó un camino similar para recordar el alineamiento argentino con las ideas sustanciales del foro y con los intereses detectados por la mayoría de sus Miembros?, es algo que la historia develará.

En suma, por uno u otro enfoque, sería lógico entender que todos coincidieron en señalar “es el comercio, estúpido”.

Con mucha frecuencia caigo en la tontería de decir que “peor que no saber, es creer que uno sabe.” Sería una brisa de aire fresco que todos los participantes nacionales del G20 se pregunten por qué sus diagnósticos, imágenes y conclusiones no son vistos con igual sesgo en el resto del mundo. No digo mejor, ni peor, sólo otro sesgo. Esta discrepancia entre la imagen exitosa que se generó para consumo nacional y la impugnación sustantiva de los especialistas extranjeros, ofrece una valiosa pista acerca de dónde estamos parados y sobre cuántas chances tenemos de jugar a la inserción inteligente en el mundo si seguimos con esta onda.

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