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Donald Trump no es una amenaza para Argentina

Las chances de que el republicano gane han crecido y aumentaron los temores sobre sus efectos en la región y nuestro país. ¿Hay que preocuparse?

15 septiembre de 2016

por Gustavo Neffa

La enfermedad que Hillary Clinton escondió y el affaire de los emails incrementó nuevamente las posibilidades de que Donald Trump sea elegido presidente de Estados Unidos en noviembre.

Lo que puede inclinar la balanza es el factor anónimo: pocos dicen que van a votarlo pero lo harán, dada su alta imagen negativa o, al menos, su antagonismo en la base del electorado, especialmente en las minorías.

México, nominado Si Trump es presidente, México lo sentirá en carne propia: las proyecciones para México llegan hasta el 2% de caída del PIB, exacerbado por la caída en las exportaciones en el marco de un NAFTA menos ventajoso para el socio menor. Pero no será el caso para el resto de Latinoamérica.

Recordemos que Trump advirtió que, si no gana, “Estados Unidos se convertirá en Argentina o Venezuela”, pero recurrir al miedo y atacar es un viejo caballito de batalla para sumar votantes, poniendo claramente y en forma equivocada a Argentina en una vereda en la que ya no está.

¿Y el resto?

Básicamente el “riesgo Trump” sobre Latinoamérica se centra en el mayor proteccionismo que le imprimirá a su economía, nada muy diferente que su plan hacia China, país al que dijo le impondría un arancel del 45% a sus productos, algo totalmente impracticable para mí.

Se da, además, justo en un momento de reversión en la actividad de todos los emergentes: los vínculos de la región con la economía estadounidense, el dólar y los flujos de inversión directa están preparados para un aumento considerable.

Ocurre luego de una etapa en la que, tras el giro a la izquierda visto en la década de 2000, la mayoría de los gobiernos de la región se alejaron un poco de EE.UU.: hoy las exportaciones a EE.UU. representan apenas el 5%-13% de las exportaciones de los principales países de Latinoamérica (para Argentina, explicó el 6%). La excepción son sus mayores aliados: Colombia (32% de las exportaciones) y México (79%). Y los flujos de inversión directa no llegana explicar ni el 15% del total de la inversión extranjera: las excepciones son Argentina, con el 24% y México, con 29% (datos de 2014).

La inversión extranjera directa hacia la región cayó 9% en 2015 según la Cepal. El único lugar a donde uno puede ir desde el subsuelo es hacia arriba: tengan en cuenta que Brasil, en su peor crisis de su historia reciente, tuvo unos US$ 75.000 millones de inversión directa extranjera, casi siete veces lo destinado a Argentina (unos US$ 11.000 millones).

¿A salvo?

El potencial aumento de la inversión en Argentina es muy elevado: vientos de cambio soplan y basta con ver el interés de inversores extranjeros hacia nuestro país en el foro de inversiones que se está llevando a cabo actualmente. Trump podría poner palos en la rueda desde lo comercial a la región, pero el mayor protagonismo que le quiere imprimir EE.UU. a su política exterior choca con la realidad de que México se ha convertido en un lugar de fabricación de alto valor agregado para las cadenas de suministro de muchas empresas estadounidenses.

Las propuestas de Trump apuntan a favorecer la industria nacional para generar empleo con proteccionismo vía aranceles, sustitución de importaciones y revisión de acuerdos comerciales. Eso perjudica a Argentina.

Habrá que ver la suerte del dólar en este contexto: Trump es partidario de debilitarlo para poder competir mejor, pero eso en definitiva debería favorecer a Argentina a través de precios de las commodidities más elevados. Ese deseo choca con el de remover a Janet Yellen de la Fed y subir las tasas de interés cuanto antes, que no solo perjudicaría a Argentina sino, sobre todo, al resto de los países emergentes más endeudados (Argentina sólo posee 27% sobre su PIB de instrumentos colocados al sector privado).

Pero Trump prometió, por otro lado, “la mayor revolución fiscal en el país desde Reagan” con una importante rebaja impositiva, un fuerte recorte de impuestos a corporaciones y rebajas a la clase media, así como una reforma fiscal para repatriar capitales de multinacionales. En este caso, hasta podría ser positivo si EE.UU. crece más.

Tanto su política inmigratoria más estricta, como la reducción planeada del tamaño de los grandes bancos y el fortalecimiento como potencia militar son relativamente neutros para Argentina y va más apuntada a México y/o China.

Por lo tanto, la amenaza de Trump no es tal, además de que muchos de los anuncios son políticos y varias de estas propuestas podrían no llevarse a cabo por sus costos y/o porque dependerán de la composición del Congreso.

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