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Finanzas

Por la inflación, los inversores huyen buscando protección

Con alta inflación en todas partes, las tasas de interés en varios países empiezan a subir y los tenedores de fondos abandonan las monedas más débiles.

inflacion
Luis Varela Luis Varela 11-10-2021
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La emisión sin fin y la lenta salida del Covid-19, con bajo o nulo crecimiento de empresas, está sumergiendo al mundo en una realidad con alta inflación, incertidumbre, activos que pierden valor, dificultades para obtener ganancias y un verdadero disloque para encontrar nichos donde mantener o incrementar el capital ahorrado.

Durante el primer tercio de octubre la humanidad entera, no sólo Argentina, está enfrentando un proceso de altos precios de los alimentos y de la energía. El hemisferio norte, donde vive el 87% de la población mundial, está entrando al invierno y en lo que va del mes el petróleo saltó 6% y el gas anotó un salto del 20%.

El FMI, donde se vive un temblor por la posición de su titular Kristalina Georgieva, acaba de advertir que la inflación global es alarmante. En octubre la emisión de todo tipo de monedas es tan enorme que las materias primas pegan un salto. Los metales básicos borbotean: el níquel sube 6,7% en el mes, el cobre 4,4% y el aluminio 3,6%.

Commodities y alimentos

Los granos sin procesar no tienen tanto impulso porque los precios de hace cinco meses fueron tan altos que hubo siembra en todas partes, hasta en las macetas. Así, en una Argentina con pocas lluvias, el trigo sube en octubre 2,5% en Rosario y la soja avanza 1,2%, pero el maíz cae 3,7%. Mientras que en Chicago la soja baja 1,3%, el maíz achica 2,3% y el trigo cede 2,9%.  

Pero los alimentos procesados, que requieren del trabajo de las empresas, muestran una foto muy alcista: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) denunció que a causa de la "restricción de la oferta" y la "fuerte demanda" los productos que llegan a las góndolas tienen precios que se acercan a los máximos en una década.

Y otro foco de cuestión que está generando gran inquietud es la deuda de muchas compañías que ahora están con ingresos bajos o nulos, y no se sabe cómo van a pagar sus compromisos. Los cisnes negros de las inmobiliarias gigantes chinas Evergrande y Fantasy, con problemas para pagar cupones de sus compromisos están generando entre los inversores una salida de bonos que no rinden y son riesgosos.

Sucede que con una inflación anual del 5% en países desarrollados, bonos que pagan 3% significa perder poder de compra. Y, paradójicamente, esa salida de esos papeles está bajando sus precios contado, por lo que las tasas a vencimiento de los Estados más sólidos están trepando de manera veloz, provocando una creciente salida de capitales de las posiciones más débiles.

Así, la tasa del bono a 10 años del Tesoro de EE.UU., que hace un año estaba en el 0,5% anual, se triplicó, al llegar al 1,6% el viernes pasado. Y la tasa similar promedio mundial saltó del 1,8 al 3% anual: en lo que va del mes tuvieron subas consistentes las tasas largas de Hong Kong, Corea, Australia, Gran Bretaña, Singapur y Canadá.

Y cinco países que hace un año tenían en sus bonos largos tasas negativas del orden del 0,4% promedio también se dieron vuelta. Francia y Japón ya tienen tasas a 10 años de 0,2 y 0,1%. Holanda y Alemania siguen con tasa negativa. Pero Suiza, que hace un año pagaba -1,1% (había que pagar para comprar bonos en francos suizos) ahora tiene una tasa del -0,1%, al borde de cruzar la línea.

El rumbo de las monedas

Todo se convierte en muy volátil, las tensiones sociales crecen y los capitales de los mercados emergentes vuelan hacia posiciones más seguras. De esa manera, huyendo de mercados débiles, las monedas latinoamericanas pierdan valor en bloque: en México el dólar acaba de subir de 19,75 a 20,69, en Brasil aumentó de 4,93 a 5,51 reales, en Uruguay pasó de 41,90 a 43,30 pesos y el cimbronazo más fuerte se está dando en Chile, donde el billete verde acaba de subir de 699 a 824 pesos.

En Argentina, que no es considerado ni siquiera un mercado débil, sino más que eso: fue calificado "stand alone", fuera de todo registro, con un riesgo país de 1.600 puntos, ocho veces más alto que el de los países vecinos, la inflación no es alta, vuela: hoy es del 52% y los analistas privados proyectan para 2022 un mapa con una verdadera nebulosa.

La suba de los precios local vuelve a ser tan intensa que el Gobierno, en plena campaña electoral, a 850 horas de las elecciones legislativas, se vio obligado a sacar de su lugar a la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, reemplazándola por un kirchnerista aún más duro y tenaz como Roberto Feletti.

Por supuesto, este proceso viene enmarcado por lo que pueden dictar las urnas el 14 de noviembre. Como si ese día terminara el mundo, el Gobierno repartió dinero a mansalva para ver si con ese incentivo (desigual con los partidos que no tienen dinero público para financiarse) logran que los votos sean más benévolos, y que el oficialismo no pierda el quórum en el Senado. 

Con gran incertidumbre porque el BCRA debe $4,3 billones en pases y Leliq, el Tesoro enfrenta hasta agosto una deuda en pesos por $3,5 billones. Y en 2022 hay vencimientos por US$ 23.000 millones, de los que sólo una parte es con el FMI, también hay compromisos que cubrir con acreedores privados.

Por esa razón, conocedores de lo que ocurrió en los defaults del pasado, los argentinos con más conocimiento financiero se están bajando del barco. Las grandes empresas están cancelando plazos fijos y se están pasando al dólar por cualquier vía. De ahí que el billete volvió a la zona de los 190 pesos, con el BCRA y la CNV, obligadas a apretar más el torniquete.

Pero, ¿es el dólar el refugio adecuado? La Reserva Federal tiene dos objetivos principales: lograr el pleno empleo y mantener a raya la inflación. Y no está logrando ninguna de esas dos metas. El jueves pasado hubo sonrisas porque se anunció que el pedido de ayuda por desempleo había sido bajo: se esperaban 348.000 y hubo 326.000. Pero el viernes hubo un sacudón porque se anunció que se creó mucho menos empleo que el esperado: surgieron 194.000 puestos y se esperaban entre 250.000 y 500.000, por lo que estuvieron por debajo del nivel más pesimista, con la inflación arriba del 5% anual.

Esta baja creación de empleo hizo que los inversores altamente especulativos sigan pensando que el tapering (recorte de compra de bonos) irá muy lento, muy muy lento, porque la Fed no tiene otra alternativa. Así, siguen colgados peligrosamente de la cima de la burbuja de Wall Street y la semana pasada el Dow subió 1,2% y el Nasdaq logró terminar 0,1% arriba. No parecen preocuparse: están convencidos de que Jerome Powell, hoy muy criticado, deberá seguir repartiendo dinero sin parar.

En la última reunión de ese organismo (el 21 de setiembre) sus 18 integrantes  votaron iniciar el tapering muy despacio en noviembre y la suba de tasas cortas a mediados de 2022. La próxima reunión de agenda de la FED es el 2 de noviembre: ahí dirá cuánto corta del estímulo actual: compra US$ 120.000 millones en bonos al mes (80 federales y 40 hipotecarios). Si la Fed desaparece como comprador, los bonos van a sufrir, van a bajar sus precios contado, y las tasas a futuro se van a disparar.

Con ese marco, los buscadores de refugios enloquecieron. Después del llamado telefónico entre Biden y Xi, los metales preciosos usados como refugio por excelencia quedaron casi clavados: en octubre el oro baja 0,3% y la onza de plata sube 1,9%. Y las que resucitaron fueron las criptomonedas, con el bitcoin saltando casi 27% en diez días del mes, rozando los US$ 56.000, a pesar de que Jamie Dimon, presidente y director ejecutivo del principal banco de inversión multinacional estadounidense JPMorgan Chase, volvió a calificarlo como el oro de los tontos.

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