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El dólar del 15 de noviembre y el riesgo de devaluar sin plan

La política del aguante cambiario tiene fecha de vencimiento: las elecciones. ¿Qué viene después?

Emmanuel Alvarez Agis
11-10-2021
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Según los distintos escenarios monetarios y cambiarios planteados por Equilibra, la economía llegará a las elecciones con reservas netas positivas y una situación manejable en el mercado de dinero, aun llevando al dólar oficial muy por debajo de la inflación. 

La pregunta que se hacen todos es qué pasará con la política cambiaria desde el 15-N, el día después de las elecciones. Hay coincidencia en que se vienen cambios y, también, en la dirección de los mismos. Hay menos coincidencia sobre los tiempos y los ritmos.

“La estrategia cambiaria preelectoral es insostenible y que rápidamente deberá virar a otro esquema”, dice el informe de Equilibra. En concreto: ¿alcanzará con un crawling-peg o se requerirá algún ajuste de golpe? 

El cuadro macro-financiero poselectoral luce delicado: i) las reservas netas alcanzarían niveles muy bajos; ii) la fuerte emisión para financiar el déficit pandémico del año pasado dejó los pasivos del BCRA (base monetaria y pasivos remunerados) muy por encima del promedio posconvertibilidad (habría un excedente, o “overhang” monetario de al menos en 3% del PIB); iii) si bien el tipo de cambio real está en torno al promedio histórico, tampoco hay un colchón de competitividad con el que arrancar un plan de desinflación, y iv) la derrota de las PASO exaltó y expuso públicamente las internas en la coalición gobernante. La historia, dice el informe, recuerda que las crisis políticas de los gobiernos alimentan las expectativas de depreciación.

“Nos cuesta ver un escenario en que, tras las legislativas, el Gobierno acelere el ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial tan sólo para acompañar el ritmo de la inflación como hizo en 2020”, dice el reporte. No por una cuestión de voluntad política sino de márgenes financieros. A fines de 2020, por ejemplo, la soja voló y, además, el tipo de cambio real era más competitivo. Recién en 2021, cuando la inflación se empezó a acelerar, el Gobierno se inclinó por el ancla cambiaria.

Como mínimo, dice el reporte, el Gobierno modificará su estrategia hacia un crawling peg “acelerado”, “en el que el tipo de cambio oficial vaya algunos meses por encima de la inflación para recomponer lo que se atrasó durante el periodo preelectoral”.

“La apuesta oficial sería construir un puente hasta alcanzar un acuerdo por la deuda con el FMI y el Club de París en marzo y la temporada alta de liquidación de agrodivisas que arranca en abril 2022”, describen, como posibilidad. 

“Pero no podemos asegurar que esta estrategia sea exitosa. Primero porque un esquema de depreciación acelerada requiere una suba significativa de la tasa de interés durante los meses en que se implemente. Esa es una razón que dificulta la sostenibilidad de un esquema de esta naturaleza. El segundo y más relevante motivo es que revertir las expectativas de devaluación supone que el Gobierno despeje las dudas de gobernabilidad y que implemente una política económica que conduzca a estabilizar la macroeconomía. Un paso clave en esa dirección es avanzar rápidamente en la negociación de la deuda con el FMI y el Club de París. Sobre esto lo único que trasmite hoy la política es incertidumbre”, dice el informe.

Medialunas de manteca y café con edulcorante

El escenario más temido es el del salto discreto, similar al del verano de 2014, cuando el dólar saltó 23% en un enero. El economista Emmanuel Alvarez Agis, que era el vice de Axel Kicillof en esas épocas (Juan C. Fábrega estaba en el BCRA), asemejó eso con desayunar dos medialunas de manteca con café con edulcorante

“Devaluar 20% es el edulcorante, pero seguís con las medialunas. No sirve de nada. Devalar sin un programa solo va a acelerar la devaluación”, recordó en una charla en ByMA la semana pasada. Además, señaló que, en aquel entonces, la inflación era de 22% y hoy, más del doble; las reservas eran cuatro veces mayores entonces y la brecha era de 50% y hoy, de 90%. “Devaluar y esperar a ver qué pasa sería un error”, dijo y señaló que lo ideal sería “apreciar el paralelo, es decir, achicar la brecha por arriba”.

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