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El futuro de las tarjetas bancarias

La lógica del mercado parece indicar que el formato de tarjetas plásticas tenderá a desaparecer, pero no así su modelo de negocios

05-10-2017
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Por Pablo Caramelo Economista

La alianza entre la tecnología y las finanzas, así como también la masificación del uso de los smartphones y sus bajos costos asociados, son hoy algunos de los principales factores que explican que las tarjetas de crédito y débito ya no sean la única opción de pago electrónico.

Desde su surgimiento -en los años setenta- la tarjeta de plástico, se erigió como sustituto principal del dinero en efectivo. Sin perjuicio de ello, el avance de la tecnología comenzó a impactar en la evolución de este instrumento de pago. Así fue como con el correr del tiempo surgieron las tarjetas con chip y, posteriormente, las tarjetas contactless, cuya tecnología permite usar los plásticos apoyándolos sobre un lector, sin necesidad de firmar o ingresar un número de PIN.

Pero como todos sabemos, la inercia propia del desarrollo tecnológico nunca se detiene, y muy por el contrario, tiende a acelerar exponencialmente su velocidad.

Es por eso que hoy en día surgen permanentemente nuevas alternativas tanto para pagar y enviar dinero como para recibirlo. Los pagos móviles, el crowdsourcing, los microcréditos o las apps fintech han llegado al mercado para apropiarse de una parte importante del negocio que hasta ahora dominaban de modo hegemónico las tarjetas de los bancos.

Estos plásticos rectangulares de aspecto aureo, ya están siendo reemplazadas en algunos países del mundo por aplicaciones de teléfonos móviles y artículos portátiles como un anillo o un llavero que contienen un chip y permiten a los prestatarios efectuar pagos. En este mismo sentido ya comienzan a utilizase en distintos medios de pago, tecnologías que se basan en el escaneo de la retina o la huella dactilar para optimizar las medidas de seguridad en estas transacciones. A partir de este cambio de paradigma en el mundo de los instrumentos de pago, no sólo habrá competencia entre los proveedores de tarjetas de crédito, sino también con los proveedores de pago, las empresas de tecnología y los propios bancos. En tanto que para los clientes, estas innovaciones redundarán en nuevas oportunidades y mejoras en la experiencia del usuario, propiciándose de esta forma una baja en los costos, una mejora en la seguridad y una optimización en la adaptabilidad del servicio. De esta forma, todo parece indicar que las tarjeta de plástico, que ya tiene 50 años de antigüedad se verán finalmente reemplazadas por medios de pagos digitales.

La lógica del mercado parece indicar que el formato de tarjetas plásticas tenderá a desaparecer, pero no así su modelo de negocios, dado que las posibilidades financieras que ellas ofrecen, lejos de eclipsarse habrán de migrar a otros formatos incluyendo a un universo de usuarios cada vez mayor. De esta forma, el mercado de pagos electrónicos al contado y en cuotas, que se encontraba hasta hoy restringido a las tarjetas bancarias, continuará su expansión pero de la mano de nuevos formatos y esquemas más inclusivos.

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