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Una mirada panorámica al horrible sistema tributario argentino

El sistema tributario argentino es horrible. Es muy poco progresivo y muy poco productivo.

Jorge Colina 21 junio de 2024

A los progresistas argentinos les encanta llenarse la boca con palabras políticamente correctísimas como cobrarles impuesto a los ricos para redistribuir entre los pobres y así construir la Argentina inclusiva. El objetivo es inapelable. La herramienta también. Porque la verdad es que en una sociedad inclusiva, más igualitaria -sin dejar de respetar las diferencias que pueda generar cierta meritocracia-, es fundamental que los impuestos los paguen en mayor proporción los ciudadanos de mayores ingresos. El Estado luego redistribuye a través de buenos servicios sociales a toda la población.

Si bien el progre argentino, en general, no suele involucrarse en la dimensión de los incentivos a la producción que tienen subyacentes los impuestos (esto es porque tienden a pensar que la riqueza se genera sola, por lo tanto, el tema a debatir es sólo cómo la redistribuimos), esto también es un punto central de la agenda tributaria.

La mejor forma de ilustrar las teorizaciones es con ejemplos. En el campo de las estructuras tributarias, quienes hacen lo mejorcito incentivando la producción y la redistribución de ingresos son los países de la OCDE, que son los de mayor desarrollo social e inclusión. 

Sin desconocer que en el grupo de la OCDE hay países que dejan bastante que desear en términos de inclusión (como Chile, Colombia y Turquía, a modo de ejemplo nomas) y que hay países centrales con notables distorsiones impositivas (como Alemania y Francia, por ejemplo), en el conjunto, se puede decir que es lo que más se acerca, en la realidad, a lo que serían sistemas tributarios que incentivan la producción y la redistribución de ingresos. Como punto de referencia es válido.

La OCDE clasifica los tipos de impuestos en cinco: 

  1. A los bienes y servicios
  2. A la seguridad social
  3. A los ingresos de las personas
  4. A las ganancias de las empresas
  5. A la propiedad

Los países de la OCDE tienen una presión tributaria total de 33% del PIB. En Argentina es de 28% del PIB. Veamos la composición.

  • En impuestos sobre los bienes y servicios la OECD recauda 11% del PIB mientras que Argentina, 9% del PIB.
  • En impuestos a la seguridad social la OECD recauda 9% del PIB, Argentina sólo 5% del PIB.

En impuesto a los ingresos personales, en la OCDE se recauda 8% del PIB, en Argentina apenas 1% del PIB. Cabe recordar que en Argentina los diputados, senadores, gobernadores patagónicos, sindicalistas (y los progres) ponen el grito en el cielo cuando se les dice que deben pagar Impuesto a las Ganancias (que es el errado nombre que adopta el impuesto a los ingresos en Argentina). Cuando en los países inclusivos se paga 8 veces más de impuesto a los ingresos que en Argentina. Pero, bueno, la dejemos pasar.

Las empresas en la OCDE pagan 3% del PIB en Impuesto a las Ganancias, en Argentina pagan 2% del PIB. 

Aquí hay que aclarar que en los países de la OCDE las empresas tienden a pagar poco de Impuesto a las Ganancias porque el impuesto lo pagan los dueños de las empresas con el impuesto a los ingresos personales. Por eso ingresos personales recauda 8% del PIB y ganancias de las empresas, sólo 3%. 

En el impuesto a la propiedad la OCDE recauda 2% del PIB, mientras que Argentina recauda 1% del PIB.

Sumando: la OCDE, con estos 5 tipos de impuestos, junta 33% del PIB, donde los impuestos redistributivos (ingresos personales, ganancias de las empresas y a la propiedad) aportan 14 puntos porcentuales. Argentina, en cambio, junta 19% del PIB donde los impuestos redistributivos aportan apenas 5 puntos porcentuales.

O sea, la Argentina se queda corta en recaudación y corta en redistribución.

Los argentinos todo lo atamos con alambre

No importa. Los argentinos todo lo atamos con alambre. En lugar de avanzar hacia una estructura tributaria más acorde a los diseños de la OCDE con una administración tributaria más simple y profesionalizada para reducir la evasión, procedemos "al alambre".

Entonces, inventamos el "impuesto al comercio exterior" encareciendo las importaciones (para recaudar y de paso defender la industria nacional) y gravamos las exportaciones (total, los exportadores la levantan con pala); inventamos el "impuesto PAIS" (Para una Argentina Inclusive y Solidaria, el nombre ya parece una broma de mal gusto) que sobrecarga el impuesto al comercio exterior; inventamos el "impuesto al cheque" que es estrictamente a las transferencias bancarias (fácil de recaudar; los bancos la cobran y la dejan en la cuenta de la AFIP); y las provincias, no contentas con la parte del IVA que reciben por coparticipación, aplican superpuestamente su "impuesto a los ingresos brutos". 

Aquí no está, por falta de datos oficiales, la guadaña que meten los municipios a la producción con los tasas municipales de industria y comercio.

Con estos "parches" Argentina recauda 9% más del PIB. O sea, con "parches" obtiene el 34% de la recaudación impositiva.

Esto demuestra que el sistema tributario argentino es horrible. 

Muy poco progresivo. Porque cobra poco impuestos los ingresos y a la propiedad (5% del PIB). Muy poco productivo. Porque suplanta, lo que no cobra por la vía progresiva, con impuestos que castigan la producción y la formalidad (las exportaciones e importaciones, las transacciones bancarias y la compra-venta de insumos).

¿Qué debería hacer la Argentina?

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Tender a cobrar más impuesto a las ganancias de las personas y a la propiedad. Unificar los impuestos a los bienes y servicios con ingresos brutos provinciales y que cada provincia se apropie de los impuestos a los bienes y servicios que se generan en su territorio, eliminando la coparticipación. Eliminar el impuesto al cheque. Eliminar los impuestos al comercio exterior y el PAIS.

Pero, para el gobierno nacional y provinciales, los diputados, los senadores, los sindicalistas y los progres lo mejor es dejar las cosas como están y esperar que el crecimiento económico con inclusión ocurra por milagro. 

Total, Dios es argentino, ¿no?

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