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¿Qué hacemos con los UVA?

Los UVA fueron un error como política de vivienda sustentable. Pero ignorar sus virtudes es equivocado

¿Qué hacemos con los UVA?
Martín González Vilas 21 febrero de 2022

En vísperas de un acuerdo con el FMI, y como consecuencia de la “letra chica” que empieza a discutirse, la necesidad de tasas reales positivas aparece en el frente de la escena. Según se desprende de las comunicaciones oficiales y los trascendidos, una de las condiciones para el acuerdo sería que la tasa de interés en Argentina sea superior a la inflación.

Pero más allá de ser una exigencia del organismo internacional, es una necesidad impuesta por la situación económica y financiera del país: en un escenario de fuerte dolarización y escasez de divisas es menester ofrecer instrumentos de inversión que aseguren, al menos, rentabilidad real positiva (ganarle a la inflación) y compitan con la dolarización (al menos parcialmente). 

Mucho se ha dicho sobre la tendencia cultural de los argentinos a refugiarse en el dólar, como si hubiera cierta idiosincracia que nos empuja a elegir una moneda por sobre otra. Pero es importante entender que, en definitiva, la dolarización de nuestros excedentes no es más que una decisión de cartera. 

El saber popular y las experiencias pasadas indican que la mejor forma de resguardarse de la inflación es ahorrando en dólares (*). De lo que se trata, entonces, es de sumar opciones de ahorro e inversión en pesos a ese “sentido común”. El medio para hacerlo es, lógicamente, que las alternativas en moneda local a la hora de colocar nuestro dinero nos aseguren ganarle a la inflación.

Entre esas alternativas se encuentra la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA). Una política implementada durante el Gobierno de Mauricio Macri que, en resumidas cuentas, brinda una referencia que permite indexar deudas y/o créditos a la evolución de los precios. El elenco de instrumentos UVA vigentes se encuentra reducido principalmente al stock de créditos hipotecarios (otorgados entre 2016 y 2019), los plazos fijos precancelables (a 90 días) y las emisiones de deuda privada (Obligaciones Negociables).

El centro del debate mediático en relación a los instrumentos financieros UVA estuvo siempre acaparado por los créditos hipotecarios. Inclusive fue uno de los ejes en la campaña presidencial de 2019. ¿Debían ser rescatados los deudores hipotecarios UVA? ¿Habían sido víctimas de una estafa? ¿Habían realmente accedido a la vivienda propia? 

Al margen de las situaciones particulares y del enojo de un grupo de deudores que experimentó en carne propia los inconvenientes de endeudarse por 20 años con una cuota variable, es difícil sostener que financiera y patrimonialmente hayan salido perjudicados (otra discusión será si es posible para todos seguir afrontando el incremento de las cuotas). No obstante ello, la demonización del instrumento de indexación puso al actual Gobierno en la contradicción de legitimar, con mayor o menor intensidad, el reclamo de los deudores UVA al mismo tiempo que necesitaba reemplazarlo con otro instrumento similar. 

Quizás sea hora de revisar los argumentos o, mejor aún, complejizar el análisis. La indexación de créditos hipotecarios en períodos de alta inflación conlleva una incertidumbre para el deudor respecto del valor futuro de las cuotas a pagar, y eso puede traducirse en la pérdida de la vivienda. Pero eso no implica que la herramienta sea inútil. 

Al contrario: existen otras posibilidades para aprovechar el instrumento contribuyendo a solucionar problemas centrales de nuestra economía. Diseñar una segmentación de plazos, spreads y montos para la constitución de plazos fijos UVA, permitiría complementar la única alternativa vigente (90 días y UVA+1%). Y asegurar un stock permanente de depósitos minoristas UVA en el sistema financiero, es el puntapié inicial para sostener un mercado de deuda local bajo la misma modalidad. 

Como consecuencia de la volatilidad macroeconómica y de la preocupación por los efectos de la tasa de interés sobre la actividad, la estrategia actual del BCRA corre de atrás a la inflación con aumentos en las tasas de referencia que se vuelven insuficientes al mes siguiente. Sostener en el tiempo una política de tasas reales positivas con ese mecanismo no parece viable. 

Por el contrario, hay espacio para desarrollar instrumentos en UVA para el mercado financiero local, de corto y mediano plazo, que amplíen el abanico de opciones de inversión y ahorro, asegurando rendimientos positivos. 

En resumen, los UVA evidentemente fueron un error como política de vivienda sustentable. En ese sentido, su mala fama está perfectamente justificada. Pero ignorar sus virtudes por la mala praxis del Gobierno macrista es equivocado: reinventar la función de los instrumentos UVA permitiría sostener tasas reales positivas de mediano y largo plazo, reduciendo presiones sobre el dólar y fortaleciendo el mercado de deuda local en pesos.

(*) Es también (obviamente) una cobertura contra devaluaciones. Pero entendemos que se trata de un problema circular, dado que una de las causas de las devaluaciones es la presión que ejerce sobre dicha divisa la ausencia de alternativas de inversión rentables en pesos. 

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