Tras resultados de las elecciones

Para recuperar la iniciativa, el Presidente tiene que abordar los subsidios a la energía

En el desorden a veces hay alguna pieza, coyunturalmente clave, que permite dar una señal potente: pueden ser las tarifas

Alberto Fernández.
Jorge Colina Jorge Colina 17-11-2021
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El Presidente quedó políticamente muy debilitado con las elecciones. De haber asumido con el 48% de los votos en el 2019 quedó con sólo el 33%. Perdió el quórum en el Senado, y no lo tiene en ninguna de las dos cámaras. Pero seguramente que el golpe más duro es el distanciamiento político de su vicepresidenta y mentora. Si bien no está técnicamente sólo ?ya que las organizaciones piqueteras, parte del sindicalismo, intendentes del Conurbano y gobernadores peronistas del norte le manifestaron explícitamente su apoyo? el Presidente parece sentirse abandonado por la vicepresidenta y su influyente ala política. 

Para retomar la iniciativa, el Presidente anunció que encarará un acuerdo económico y social con la oposición, los empresarios y los trabajadores, y hará un plan económico plurianual para sellar un acuerdo con el FMI a fin de refinanciar los vencimientos con el organismo. Así, se podrá crecer primero y pagar después. 

Es ambicioso el proyecto de un plan económico plurianual, con acuerdo del FMI, en un escenario de gran acuerdo económico y social con las fuerzas sociales. En paralelo, es dudoso poder lograrlo en el segundo término, cuando en el primero se decía todo lo contrario y cuando se encara la segunda parte sin la principal compañera de viaje.  

Posiblemente al Presidente le convenga ser más realista y tratar de ir al hueso de su debilidad política, que no es el acompañamiento o no de la vicepresidenta. La raíz de su precariedad política es que no tiene el control de la situación económica. En particular, de la inflación

La gente dijo con antelación a las elecciones en todas las encuestas que la inflación estaba a la cabeza de sus preocupaciones. La inflación es la que empuja el dólar paralelo por encima de los $200. La inflación es la que generó y mantiene la pobreza por encima del 40%. La inflación es la que impide generar un clima favorable a las inversiones, por lo tanto, es la madre del estancamiento económico. Pero lo peor es que la principal fuente de zozobra en la población respecto a qué puede pasar en el 2022 es, precisamente, que la inflación parece no estar controlada. 

Piénsese por un momento si la inflación estuviera cayendo y hubiera un clima de clara confianza en que dicho descenso es sostenible. ¿Dependería tanto el Presidente de la vicepresidenta? 

Bajar la inflación en el actual descalabro económico, político y social no se logra con una sola idea. Pero muchas veces en el desorden hay alguna pieza, coyunturalmente clave, que permite dar una señal potente (sin anuncios grandilocuentes) de que se quiere ir en la dirección correcta en el objetivo de controlar la inflación. En la actual coyuntura, esa pieza clave puede ser las tarifas de energía. 

Controlar la inflación exige mostrar que se va a domar ?por lo menos, algo? el déficit fiscal. Aquí, los subsidios a la tarifa de electricidad son los que están generando, no todo, pero buena parte del déficit.  

En el 2019, los subsidios a la energía eran de 1,1% del PIB. El 2021 lo cerrarán con 2,4% del PIB, poco más de la mitad del déficit primario de 4,3% proyectado para el 2021. Además, las tarifas de la energía están muy atrasadas. Desde diciembre del 2019 a hoy crecieron ?para el consumo domiciliario? apenas 11% cuando la inflación fue de 91%. Definitivamente que esta puede ser la pieza clave que ayude a tomar el control, aunque sea precariamente, de la situación económica. 

El primer paso incluso es una señal clara de que se quiere cambiar: hay que tomar el control del área de regulación energética que estaría bajo el manto del ala de la vicepresidenta.  

El segundo paso es implementar un sistema racional de actualización gradual de las tarifas acompañado con una tarifa social.  

Estos dos pasos hasta podrían cambiar el tono de las conversaciones con el FMI ya que serían hechos concretos de cambio, más que “promesas” que es de lo que están hechos los planes económicos (obviamente, que hay promesas creíbles y otras no tanto, que son las que marcan las diferencias de calidad de los planes).   

Ciertamente que es antipático reducir los subsidios a las familias de ingresos medios y altos. Pero es políticamente mucho más costoso someter a toda la población a una inflación del 50% que corre el riesgo de espiralizarse.  

Un pensamiento verdaderamente estratégico permitiría ver que el congelamiento de las tarifas, lejos de fortalecer al gobierno por su aparente tinte popular, agrava la debilidad política en el mediano plazo. Por eso, cambiar para bien es pensar estratégicamente, por costoso que parezca en el corto plazo. 

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