El crédito en pesos destinado a las personas acumula ocho meses consecutivos de caída. La combinación entre ingresos deprimidos, creciente informalidad laboral y elevados niveles de morosidad viene restringiendo la oferta de los bancos tanto en créditos personales como en prendarios. En la misma línea, el salto en el nivel incumplimiento del pago de los saldos en las tarjetas llevó a los bancos a imponer límites de crédito más bajos para esa operatoria.
Sin embargo, a contramano de esa tendencia, el financiamiento no bancario, particularmente el otorgado por billeteras digitales y aplicaciones fintech, volvió a reactivarse. Luego de dos meses de caída, en mayo creció 2,2% en términos reales frente a abril y alcanzó un stock de $ 15,4 billones –unos U$S 11.000 millones-. Esa alza marca un claro contraste con el crédito bancario, que cayó en mayo 0,9% interanual, según la consultora EcoGo.
"Los bancos tradicionales históricamente no han podido, o querido, extender crédito a trabajadores informales, consumidores jóvenes y personas sin historial crediticio, mientras que plataformas digitales, con acceso a datos transaccionales a través de sus billeteras y registros de pago, pueden construir evaluaciones crediticias alternativas", dijo a El Economista Alejandro del Río, director regional para Latinoamérica del procesador y emisor de tarjetas Paymentology.
- "A medida que aumenta la adopción de billeteras digitales, las entidades cuentan con más información para desarrollar ofertas de crédito personalizadas y tomar decisiones prácticamente en tiempo real", agregó.
Según el último informe de la Cámara Argentina Fintech y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) con datos de febrero pasado, más de 8,1 millones de personas ya tienen crédito fintech en el país, lo que representa casi 4 de cada 10 personas con crédito formal. Apenas dos años antes, el sector alcanzaba a 3,7 millones de usuarios y representaba poco más de 2 de cada 10 tomadores de crédito formal.
Buena parte de ese meteórico crecimiento está basado en que el perfil de préstamos de estas entidades no bancarias corresponde a montos mucho más bajos que en el sistema tradicional. El monto promedio de estos préstamos fue, con datos actualizados a febrero, de $ 541.394 frente a más de $ 4,1 millones en entidades financieras tradicionales. Esas diferencias explican que, aunque las fintech ya otorgan uno de cada cuatro créditos vigentes, la participación en volumen sea apenas del 3,3% del total del sistema financiero.
- Otro rasgo clave es que el 51% de quienes toman este tipo de crédito tienen entre 18 y 39 años, una participación de ese segmento mucho mayor a la registrada en entidades financieras tradicionales.
En todo caso, el costado negativo es que las características de este tipo de créditos llevan a que los índices de morosidad sean incluso más elevados que los registrados en los bancos. "En general, los bancos solo dan crédito a personas que están en situación 1 (atraso no mayor a 31 días), mientras que los proveedores no financieros –billeteras virtuales o cualquier entidad que no sea bancaria- pueden dar un crédito a una situación irregular y no están obligados a previsionar (apartar y reservar dinero propio para cubrir posibles pérdidas futuras)", dijo a El Economista Guillermo Barbero, socio en FIRST Corporate Finance Advisors. "Dado que las fintech y billeteras digitales asumen más riesgos porque no tienen esa normativa obligatoria sobre su contabilización, en general tienen niveles de morosidad más altos", añadió.
En mayo, las entidades no financieras (casas de electrodomésticos, tarjetas no bancarias y billeteras virtuales/fintech) registraron una morosidad del 32,2%, casi cuatro veces más que la registrada a fines de 2024, según la consultora 1816. El salto de la irregularidad en esas entidades viene siendo impulsado por los rangos etarios más bajos (menor a 20 años), en los que la mora pasó de 5,6% a 24,3% en solo un año, de acuerdo a Eco Go.
"Es importante analizar la morosidad dentro del contexto del segmento que atiende cada tipo de institución: las fintechs y billeteras digitales suelen llegar a clientes que, en muchos casos, no habían sido atendidos por el sistema financiero tradicional, por lo que el perfil de riesgo y el comportamiento esperado de la cartera son diferentes", señaló Del Río.
"Al mismo tiempo, uno de los mayores avances del crédito digital es precisamente la capacidad de mejorar continuamente la gestión del riesgo mediante inteligencia de datos, modelos analíticos y monitoreo en tiempo real; conforme estas capacidades evolucionan, las entidades pueden tomar decisiones más precisas, ajustar sus políticas de originación y ofrecer crédito de manera más responsable y sostenible", agregó.

Oferta en aumento
Aún en contexto de niveles de irregularidad en rápido ascenso, la oferta de crédito de las billeteras digitales y fintech sigue creciendo. Ese segmento, que es liderado por Tarjeta Naranja y Mercado Libre, viene expandiendo las opciones de financiamiento.
A comienzos de 2024, Mercado Pago amplió su oferta de BNPL ("Buy Now, Pay Later" o "Compra ahora, paga después"), a través de alianzas con grandes retailers, mediante la utilización de evaluación de riesgo basada en inteligencia artificial para gestionar la exposición crediticia. En paralelo, Ualá lanzó un producto similar dirigido a consumidores jóvenes y digitalmente activos.
Dentro de ese menú, los usuarios acceden a una línea de crédito digital otorgada directamente desde la app. La plataforma evalúa el perfil del usuario en tiempo real utilizando su historial de transacciones y comportamiento en el ecosistema, lo que evita los papeleos bancarios tradicionales. Al momento de la compra, el comercio recibe el dinero completo al instante, mientras que el comprador devuelve el monto en cuotas fijas a la plataforma.
Si bien este tipo de iniciativas de las billeteras digitales y fintechs permite a un gran segmento de la población excluida de la banca tradicional acceder a financiamiento, el problema es que los consumidores suelen subestimar el total adeudado, lo que en un contexto de bolsillos flacos incrementa los riesgos. "Los proveedores no financieros atienden a una cartera más riesgosa, a deudores que recién están ingresando en el universo de la bancarización", señaló Barbero. "Son sectores más débiles en cuanto a sus posibilidades de cumplimiento de los créditos", añadió.
- Las necesidades crecientes de tomar préstamos ante ingresos que no llegan a cubrir, en muchos casos, los gastos fijos derivan en situaciones inverosímiles que parecen reflejar el clima de época, como los préstamos de las plataformas de delivery a sus propios repartidores.
Con condiciones de extrema precariedad laboral que les impiden acceder a un crédito formal, los repartidores están atrapados en un círculo vicioso en el que registran deudas de unos $900.000 en promedio a tasas muy altas principalmente solo para adquirir bicicletas, motos o realizar reparaciones necesarias para continuar con su actividad. Esos préstamos se asignan a partir de parámetros como la cantidad de horas trabajadas o la calificación obtenida en la plataforma.
Una de cada dos personas se endeudó en los últimos meses para pagar consumos cotidianos, de acuerdo a un reciente estudio de la consultora Opina Argentina. En ese marco, la morosidad alcanzó el nivel más alto en más de dos décadas, una tendencia que es aún más acentuada en las billeteras digitales y fintech.
"Si hay un período de estabilidad financiera que permita una baja de las tasas, las entidades financieras podrán ofrecerles a sus clientes morosos mayores plazos para ponerse al día y regularizar sus cuentas dado que las deudas son pagables o no en función del plazo que se le da al deudor", dijo Barbero. "Entre seguir viviendo y pagar una cuota, la gente opta por seguir viviendo y queda en mora, pero ahora hay que darles posibilidades de que otra vez se vuelva a poner al día: la gente no deja de pagar porque quiere, sino porque no tiene otra posibilidad", agregó.