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Llegaron los brotes (pero también los errores no forzados)

06-03-2017
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Los brotes verdes son tan tardíos como incuestionables. Se puede discutir su fortaleza y/o su grado difusión, como en rigor se hace, pero allí están. Se asoman, salen, pero allí vuelven y marcan una tendencia hacia el crecimiento. O, cuanto menos, hacia la recuperación de una caída no menor de 2-3% del PIB en 2016. Según Nicolás Dujovne, esos brotes se irán sintiendo en los próximos meses.

Más creativo aun fue su virtual Nº2, Sebastián Galiani, quien apeló a la metáfora del auto que agarra velocidad. “Poner una economía en marcha es como arrancar un auto. Va la primera, después la segunda, luego la tercera y así. Cuando arranca un proceso de crecimiento se genera empleo y el empleo genera consumo para después generar más empleo. Todo esto lleva unos meses para que se vea, lógico”, dijo ayer ante Clarín. Según sus números, la recesión se terminará en el trimestre que estamos transitando y el PIB estaría creciendo en el orden del 3,6% anual en estos momentos. Falta tiempo nomás.

Pero las fisonomías de las recuperaciones, más allá del planteo de Galiani, no siempre son idénticas y vale la pena plantear algunas dudas sobre su duración, así como sobre su derrame en las variables que mueven el amperímetro societal y las percepciones colectivas: empleo, salario, consumo.

El economista Eduardo Levy Yeyati, que merodea el universo Cambiemos, señaló algunas luces amarillas en el tablero, también ante Clarín: “El crecimiento de 2017 será muy desigual. Veremos sectores que crecen muy marcadamente, como el campo, y otros que incluso pueden llegar a contraerse. Habrá brotes verdes conviviendo con sectores que todavía están ajustando. Dentro de la comunidad empresarial habrá percepciones desiguales”. No es solo por una cuestión de timing sino que se trata, como decíamos, de la difusión. Ya no es lo mismo una recuperación difundida en que todos empujan sino algo más selectivo. ¿Qué peso económico tiene cada sector, cuánto empleo aporta y cómo cala su derrotero en el imaginario?

Eso, lógico, determinará un de rrame diferenciado. Agrega Levy Yeyati, quien también coordina el espacio de reflexión de mediano plazo Argentina 2030: “(Entre los trabajadores) es más complejo porque depende de cómo el crecimiento impacta en el mercado laboral. Da la sensación que la expansión de la actividad de este año no tendrá un efecto particularmente alto sobre el empleo. El hombre de la calle es esencialmente el trabajador o la familia del trabajador, no una persona que mira los indicadores y los brotes verdes como un analista macroeconómico. A esa persona la recuperación de la que habla el Ministerio de Hacienda le llegará cuando tenga un salario o su poder adquisitivo aumente, cuando se entera de que el amigo que había perdido el trabajo vuelve a tenerlo”. Ganadores y perdedores, como siempre.

Los brotes tardíos, imperceptibles y desparejos se complotaron con los errores no forzados, que son letales en el tenis, la vida y también en la política. Eso retrajo, también, la imagen presidencial. “No deja de ser llamativo que la popularidad de la gestión macrista se haya sostenido en niveles más que aceptables durante todo 2016, mientras atravesábamos una situación económica muy difícil (recesión + alta inflación) y que, precisamente, cuando se aprecian indicios consistentes de recuperación de la economía y de moderación inflacionaria, su imagen pública se haya resentido de manera significativa”, agrega Federico Muñoz en un informe reservado difundido el fin de semana. Alude Muñoz al sondeo mensual de UTDT sobre la imagen presidencial, que tocó mínimos desde el 10 de diciembre de 2015 en febrero pasado.

¿Fue el hartazgo ante la ausencia de los prometido superbrotes, o fueron los errores no forzados y, en concreto, las sospechas de manejos corruptos con amigos del poder (Correo) o los fallos en contra de los más débiles (jubilaciones)? Todo indica que fue esto último, y que caló más hondo que la recesión de 2016. Quizás la sociedad se encuentre hoy más sedienta de transparencia en el manejo de los recursos públicos y los negocios privados que por la tasas chinas kirchneristas. Sobran los motivos.

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