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“La pobreza en Argentina no es similar a la de la región”

20-10-2016
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Entrevista José Juan Ruiz Economista Jefe del Banco Interamericano de Desarrollo por Alejandro Radonjic

“Argentina sigue más los patrones de los países desarrollados en los que se han producido un empobrecimiento de las clases medias. No es que recuperan un nivel de pobres que tenían antes. Eso es bastante distinto a lo que ocurre en América Latina pues allí los pobres no han salido de la pobreza. Es otro tipo de pobreza, aunque cuantitativamente el número sea similar”, dice José Juan Ruiz, economista jefe y gerente del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en diálogo con El Economista desde Washignton DC. Asimismo, comparte su visión sobre la situación de la economía en la era Macri y dice que el problema de Argentina es (y siempre lo fue) el corto plazo. “El mediano plazo nunca ha sido un problema. Sus recursos, su sociedad y sus instituciones son los de un país que da el salto hacia el desarrollo”, sostiene.

Estuvo hace pocos días en Argentina y por su trabajo, naturalmente, sigue muy de cerca los acontecimientos del país. ¿Cómo está viendo estos primeros diez meses del nuevo Gobierno y percibió aquí el mismo optimismo que existe afuera?

Vengo siguiendo la economía y la sociedad hace muchísimos años. La sensación que tengo es que hay grandes expectativas. No sólo en Argentina, sino también en el resto de América Latina, vemos que hay datos negativos y, en 2016, por segundo año consecutivo el crecimiento será negativo. Esto no ocurría desde 1983, es decir, hace 33 años. Sin embargo, la sensación que uno tiene cuando habla con los players importantes y los analistas de opinión es que no está la angustia que había en la región en los '80 o '90. Es como una disociación entre los datos y las expectativas. Esto se debe a que la región está más segura de sí misma que en esas épocas y, también, porque las políticas económicas se hacen más endógenamente y por eso son más sólidas y tienen más credibilidad en el exterior. Eso ocurre de una manera muy marcada en Argentina. Lo vi muy claramente en la Asamblea del FMI. Los datos actuales son mediocres y hay muchos retos y riesgos todavía, pero uno no percibe la sensación de urgencia y crisis terminal como la que sintieron en otras épocas. Esto está fuertemente correlacionado con la percepción de que el actual equipo económico tiene una estrategia coherente y verosímil, y que puede llevar a una recuperación de la economía sostenible y una moderación de la inflación. Esto es más importante que el último dato de tal o cual variable. Si la estrategia presentada es vista como consistente y plausible, Argentina está en una muy buena posición. El nuevo Gobierno compró mucha credibilidad con el éxito de las medidas de sus primeros meses. Fueron una prueba muy positiva la resolución del régimen cambiario, la cerrazón de las importaciones que trababan el crecimiento y la presentación de un programa macro. Generó problemas, como siempre, pero ha puesto al Gobierno en un umbral de credibilidad muy elevado, tanto en el país como afuera. Eso va a pagar dividendos.

Algunos analistas locales sostienen, como usted sugiere, que el Gobierno arrancó con todo, pero luego el ímpetu reformista se fue apagando con los meses. ¿Coincide?

No, discrepo. Hubo un inicio de Gobierno que marcó un cambio de rumbo en la política económica y los resultados han mostrado que tanto el diagnóstico como la implementación han sido buenos. Eran prerrequisitos para volver a crecer. El Gobierno compró capital político. Ahora viene la parte más complicada. La gente percibe que el plan oficial, pese a sus riesgos, es internamente consistente. Tiene lógica, por ejemplo, que el proceso de desinflación no sea en uno o dos años sino a través del proceso de institucionalización del sistema de metas de inflación. Eso lo hace viable y creíble porque el Gobierno está emitiendo en pesos a tasas muy razonables y a plazos que exceden su mandato. Aunque, como decías, es cierto que hubo menos progresos en otros temas, como la consolidación fiscal. De todas maneras, tiene márgenes allí y los niveles de deuda con el sector privado son bajos, cerca de 18-19% del PIB.

O sea que es financiable el gradualismo fiscal?

La idea del gradualismo es razonable en tanto y en cuanto el programa conduzca al crecimiento. Las previsiones que andan circulando van desde 2,7% hasta 4% para 2017.

Argentina, por diversos motivos, tiene una sociedad muy demandante y que siente que debe vivir mucho mejor que lo que puede llegar a permitir la economía. Dadas las restricciones que tenemos y la situación global, ¿a qué puede aspirar realísticamente el país en los próximos años?

El mediano plazo nunca ha sido un problema para Argentina. Sus recursos, su sociedad y sus instituciones son los de un país que da el salto hacia el desarrollo. Si uno rankea a los países de la región en base a cuáles son los que a priori tienen más posibilidades de desarrollarse, es muy difícil no incluir a Argentina. Su problema es el corto plazo y cómo la sucesión de esos cortos plazos hace posible ese mediano plazo de desarrollo que todos dan como un derecho. Como dicen en el Gobierno, “Argentina está de vuelta”, y es cierto. Pero el mundo no es el mismo que hace diez años. La tolerancia hacia los grandes acuerdos de integración comercial o liberalización en el mundo hoy es más complicado.

Hace poco, el Indec volvió a publicar la tasa de pobreza y dijo que fue del 32,2% de la población en el segundo trimestre de 2016. Algunos expertos, dicen que la estructura social se “latinoamericanizó”. ¿Coincide?

Argentina sigue más los patrones de los países desarrollados en los que se ha producido un empobrecimiento de las clases medias. No es que recuperan un nivel de pobres que tenían antes sino que, como en EE.UU. o en los países europeos, los procesos de concentración del ingreso o baja productividad hacen que la pobreza sea engrosada por las clases medias anteriores. Eso es bastante distinto a lo que ocurre en América Latina pues allí los pobres no han salido de la pobreza. Es otro tipo de pobreza, aunque cuantitativamente el número sea similar. Lo que ilustra el 32,2% que informó el Indec es la vulnerabilidad de esa clase media al crecimiento bajo más que la típica trampa de la pobreza latinoamericana. La cuestión de la concentración del ingreso y la creación de empleos con poco valor, inestable y bajos salarios en los países desarrollados es clave para entender el descontento de las clases medias. En Argentina, me parece que el problema está en la acumulación de distorsiones en la economía y sus efectos distributivos, que quizás tuvieron efectos distintos a los que buscaba inicialmente. El problema no es el 1% o 10% que se haya enriquecido. Una normalización de la economía, por lo tanto, debería ayudar a crecer y lograr que los vulnerables sean menos vulnerables. Hay que tener políticas sociales muy bien diseñadas y que lleguen a quienes tienen que llegar.

Por último, Brasil. Un tema clave para nosotros pues allí enviamos 20% de nuestras exportaciones. Parecería que ya pasó lo peor de la crisis económica, y también política. Sin embargo, las proyecciones de crecimiento para 2017 son muy bajas. No superan el 2%. ¿Será lenta su recuperación, o podría sorprender?

Los indicadores de los grandes desequilibrios, como la cuenta corriente, se han corregido y también hubo un cambio en la apreciación del “riesgo Brasil” en la comunidad brasileña e internacional. Pero van a tardar varios años para que la deuda se ubique en una senda decreciente y van a tener que ir mostrando resultados. Hay medidas positivas que se han aprobado hace poco que sugieren que el gradualismo va a funcionar, pero la recuperación va a ser lenta y la probabilidad de que crezcan por arriba del 2% en el corto plazo es baja.

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