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La inflación sigue importando

13-03-2017
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por Mariano Cúparo Ortíz

El dato del IPC CABA de febrero, que publicó la Ciudad el último viernes, sorprendió a muchos, ya que quedó por debajo del IPC GBA del Indec. Aun así, mostró una aceleración respecto a lo que había dado en enero. Esta vez llegó a 2,2% (la núcleo 1,6%), un poco por debajo del 2,5% que dio el del Indec. Esta volatilidad fuerte de la dinámica de los precios ensucia el proceso de desinflación al que viene apuntando el Gobierno, aunque la desaceleración respecto al pico alcanzado durante el primer semestre de 2016, tras la corrección de precios relativos, sigue siendo un hecho y en todo caso la discusión pasa por cómo es que se está logrando.

Un informe del Banco Ciudad detalla: “De acuerdo al IPC CABA, el incremento contra un año atrás fue del 35,6%, alrededor de once puntos porcentuales por debajo de los máximos registrados a mediados de 2016 (47% en junio) y cinco puntos menos que en el mes de diciembre (41%). Este nueva y persistente desaceleración de la variación interanual tiene lugar en la medida que se compara con los meses de fuertes correcciones de precios relativos que siguieron a la unificación del mercado cambiario y las primeras subas tarifarias, que ubicaron transitoriamente la inflación mensual en un promedio del 4,1% en el primer semestre del año pasado”.

¿Falta o sobra tasa? Durante el fin de semana los informes de las distintas consultoras no pudieron evitar las reflexiones y cálculos respecto a las malas noticias que trajeron los IPC publicados por el Indec y la Ciudad. Federico Muñoz, titular de la consultora homónima, se mostró preocupado, en su panorama semanal, por el “feo dato de inflación de febrero” que “coloca al presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, ante una compleja encrucijada”. Y explica: “Las tasas de interés lucen atractivas para los dólares que buscan rendimientos en pesos y es un factor explicativo central de la tenacidad del retraso cambiario. Estas tasas también lucen demasiado altas para una demanda interna a la que le cuesta arrancar. Pero en contrapartida, claramente son insuficientes para garantizar la continuidad del proceso desinflacionario”. Es decir, que sobra tasa para mantener anclado al dólar pero no de cara a lograr disciplinar las expectativas, con un marco de IPC observados cada vez más acelerados. “De hecho, en febrero la inflación core mensual anualizada prácticamente equiparó a la tasa de interés de referencia interrumpiendo una secuencia de varios meses de tasas reales bien positivas”, remató Muñoz, que concluyó con dureza: “Con el foco en la inflación, el BCRA debería subir la tasa. Pero con un ojo en la reactivación y otro en las elecciones de octubre, acaso haya llegado el momento de que Sturzenegger abandone la meta de inflación y evite un endurecimiento de la política monetaria que resultaría sumamente inoportuno”.

Atraso cambiario

Cierta coincidencia surge respecto a las consecuencias que la inflación tiene sobre el tipo de cambio real. Con el dólar quieto o cayendo, la aceleración de precios internos lo aprecia visiblemente en términos reales. De hecho, tal como destaca FyEConsult en su último informe, el tipo de cambio real bilateral peso / dólar “ya se ubica en el nivel más apreciado de la era Macri, situándose 4% por encima del pico anterior en junio de 2016”.

FyEConsult profundiza en las consecuencias que el atraso cambiario, que llega de la mano de una inflación desacelerando con volatilidades, tiene sobre la economía local. “Esta combinación de políticas económicas, que incluyó una apertura comercial moderada, no resultó neutralsobrelaactividadeconómica agregada y sectorial. Con contracción del PIB, las cantidades de bienes importadas aumentaron 10,4%, generando un aumento de la participación de los productos importados en la oferta agregada global. En términos desagregados, de trece sectores seleccionados, endiezseregistrauna pérdida relativa de mercado de las áreas productivas locales respecto de los importados”, detalla.

Los sectores con mayor impacto por el atraso son turismo (las salidas del país subieron 12,5% y las entradas 1,8% en enero), textil y similares, cuero y sus manufacturas y maquinarias, instrumentos y material eléctrico.

En ese sentido, según el informe de marzo del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), la estrategia antiinflacionaria del Gobierno es “la apertura comercial con apreciación cambiaria, lo que tiene costos que se hacen sentir en el cierre de ramas productivas y pérdida de puestos de trabajo en sectores que no pueden competir con la importación”.

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