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La bioeconomía como estrategia de desarrollo

Concretar un cambio en la estructura productiva en línea con la bioeconomía demanda una reorientación de los sistemas promocionales hacia las nuevas actividades líderes, la co-creación de nuevos mercados y la generación masiva de bienes públicos propios del nuevo paradigma.

A diferencia del pasado, la sociedad local tiene un mejor posicionamiento para capturar la ventana de oportunidad "bioeconómica".
A diferencia del pasado, la sociedad local tiene un mejor posicionamiento para capturar la ventana de oportunidad "bioeconómica". .
Roberto Bisang 03 julio de 2023

Buena parte de los desequilibrios macroeconómicos de Argentina deriva de la estructura, funcionamiento y performance de su aparato productivo. Sus dificultades competitivas en los mercados mundiales, incapacidad de generación de empleo masivo y de calidad, desigual localización territorial y rezago tecnológico son incompatibles con las demandas de la sociedad. 

Fracasa, una y otra vez, en el intento de re-editar pasados venturosos, a pesar de incorporar de tanto en tanto, recursos adicionales de magnitud (reservas gasíferas, mineras y petroleras, mejora en los precios internacionales y, más recientemente, a las "energías fósiles no convencionales"). 

Se torna imprescindible revisarlo en profundidad, a la luz de los cambios de paradigmas tecno-productivos a nivel mundial y del dinamismo reciente de un puñado de actividades locales; máxime cuando convergen las tecnología electrónicas y biológicas aplicadas a los recursos naturales (eje de la economía local) generando inéditas oportunidades en el comercio mundial.

La estructura productiva tiene, simplificadamente, dos bloques de actividades con marcadas diferencias productivas y exportadoras: por un lado, la agrobioindustria, los servicios especializados y otras actividades derivadas de los recursos naturales y, por otro, la industria manufacturera tradicional centrada en la metalmecánica y la electrónica. 

El grueso de los sistemas de promoción aplica sobre las últimas que, salvo excepciones, han menguado su otrora capacidad de generar empleo, encadenamientos productivos y reequilibrio del balance externo. Los saldos comerciales netos de las primeras no alcanzan para proveer divisas para solventar importaciones de las segundas alimentando -junto con otros mecanismos- los endeudamientos externos y/o desequilibrios monetarios y fiscales.

Las condiciones internacionales -exigencias tecnológicas para acceder a cadenas globales de valor, competidores globales que combinan alta intensidad capital/tecnologías con salarios bajos y la corta vida útil de algunos productos que restringe la oportunidad de copia/aprendizaje- reducen al máximo recrear la densidad previa del aparato industrial local. 

En el otro extremo, las actividades con potencial exportador cuentan con acotados mecanismos promocionales o, como en el caso, de la agrobioindustria existe una manifiesta desprotección efectiva que ameseta su comportamiento. Sobre estas bases, el modelo termina generando una estructura productiva socialmente sub optima. 

Los cambios tecno-productivos globales en curso son una escalera para salir del laberinto por arriba. El cuidado del ambiente comienza a ordenar las estrategias de desarrollo a través del uso de energías limpias y renovables; la producción crecientemente masiva de materiales derivados de la naturaleza y la valorización de una amplia gama de servicios ecosistémicos. La irrupción de las economías de desarrollo intermedio (liderado por China), el creciente despliegue de cadenas globales de valor (articuladas por empresas globales) y la convergencia de los paradigmas electrónicos y biotecnológicos modelan un paradigma marcadamente distinto como referencia global: la bioeconomía. 

Se inicia con la ampliación/mejora de los procesos de fotosíntesis a fin de transformar la energía libre en biomasa (plantas, animales); su posterior transformación en alimentos, bioenergías, biomateriales y servicios ecosistémicos de manera eficiente e integral (productos y coproductos); la valorización económica de todos los desperdicios y su transformación en materia prima industrial. Sus "locomotoras" son los alimentos (normales y funcionales), los complejos bioenergéticos, la química verde (cracking de materia prima renovable reagrupando monómeros y polímeros para generar bio materiales), las terapias génicas y una larga lista de servicios especializados. O sea, una mayor apuesta a la industria, pero a una industria distinta

A diferencia del pasado, la sociedad local tiene un mejor posicionamiento para capturar la ventana de oportunidad "bioeconómica". Cuenta con favorables dotaciones para producir biomasa, desarrolló durante décadas una aceptable base de capacidades en biotecnología aplicada, tempranamente las aplicó masivamente al agro y la salud humana; tiene recursos empresariales y capital humano destacables y enfrenta una sostenida demanda internacional. 

El campo "extra large" cambió su organización -la producción bajo contrato, tercerizando operaciones en contratistas locales- dio un salto innovador -de clase internacional- y amplió el rango de actividades para asemejarse a una industria cielo abierto.  Similar dinámica caracterizó a la salud humana, los bioinsumos y las bioenergías. 

Conforman, junto otros sectores dinámicos -como los servicios especializados, las "energías fósiles no renovables" y los nuevos minerales- las potenciales locomotoras de un modelo superador al actual. Y expanden su capacidad de generar empleo, desarrollar plataformas tecnológicas y ampliar su efecto multiplicador sobre el resto del tramado productivo. Lejos de antinomias, Argentina necesita más industria, pero una industria distinta.

Concretar un cambio masivo en la estructura productiva en línea con la bioeconomía demanda una profunda reorientación de los sistemas promocionales hacia las nuevas actividades líderes, la co-creación (pública y privada) de innumerables nuevos mercados y la generación masiva de bienes públicos propios del nuevo paradigma. Usemos la escalera y no perdamos el tren.

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