Género, economía y la apuesta por la transversalización

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20-04-2021
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Por Daniela Vargas

A pesar de que en los últimos años hubo un gran avance respecto a intentar reducir la desigualdad de género en Argentina, la problemática continúa atravesando violentamente toda la sociedad. La desigualdad se sumerge en ámbitos culturales, políticos y económicos, y fuertemente en el sector de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (CTIM o STEM, por sus siglas en inglés).

En este marco, el Gobierno lanzó el Centro Género + Tecnología (G+T) cuyo objetivo es promover la inserción, formación y capacitación de mujeres y disidencias en este sector, y tuvo como principal articuladora a Anabel Cisneros, primera directora mujer de la empresa estatal Arsat.

La primera reunión de coordinación para el plan 2021 será el próximo jueves. “De ahí va a salir el cronograma de todas las acciones de 2021. Voy a poder anunciar un montón de cosas que ahora están en proceso administrativo de firmarse”, anticipó Cisneros a El Economista. “Ningún gobierno hasta hoy ha avanzado tan firmemente. Obviamente queda mucho trabajo por delante”, agregó.

En diálogo con El Economista, la Secretaría de Innovación Pública de la Jefatura de Gabinete, Micaela Sánchez Malcolm, explicó: “El 20% de la currícula en este sector es representada por mujeres y disidencias: ese es el punto desde el que nosotras partimos”.

Con respecto al abordaje desde el cual se plantea, la funcionaria señaló que la propuesta es “establecer prácticas, capacitaciones, proyecciones y debates que fomenten un aumento del porcentaje de participación de mujeres y disidencias en el marco de la formación académica y profesional”.

El lanzamiento contó con la participación de empresas STEM que vienen trabajando sobre esta problemática puertas adentro, como Nokia con StronHer, Huawei con Igual ICT o Telecom con Chicas Digit@lers, cuyos objetivos se basan en promover el empoderamiento de futuras líderes. Por ejemplo, desde Telecom señalaron a este medio que la compañía cuenta con casi 30% de mujeres, de las cuales 23% ocupa posiciones de liderazgo.

La mayoría de las mujeres enfrenta barreras vinculadas a estereotipos de género: un ambiente masculinizado, prácticas rígidas que no permiten equilibrio entre la vida personal y profesional y diferencia en la valoración de las capacidades técnicas de las mujeres respecto de las de sus pares varones”, explicó Esperanza Gao, Gerente de Relaciones Públicas de Huawei, ante El Economista. Además dijo que “es muy importante poder formar parte de esta iniciativa que materializa el compromiso del Gobierno y del sector privado en pos de la igualdad de género”.

Es así como el Centro G+T se plantea un trabajo conjunto del sector público y privado. “Las empresas de tecnología en su gran mayoría incorporaron programas de género, eso es lo que nos permite tener una mesa con ellas aún cuando tenemos situaciones en disputa en el ámbito de la política publica”, mencionó Sánchez Malcolm, y agregó: “A partir de la presentación queremos federalizarlo, queremos trabajar con las provincias, con empresas grandes pero también con empresas medianas con incidencia territorial”.

La iniciativa se suma a varias políticas que viene desarrollando el Gobierno vinculadas a reducir la desigualdad de género. Sin embargo, la desigualdad es tan profundamente estructural que pareciera que no es suficiente. “Si no hacemos nada, las desigualdades que existen van a subsistir en el tiempo porque no son coyunturales”, dijo la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta. ¿Alcanza con la capacitación de mujeres para que éstas lleguen a la misma cantidad de puestos laborales en el área STEM que varones?

En diálogo con El Economista, Cisneros explicó: “El programa G+T ataca una arista muy chiquita de toda la problemática que tiene que ver con las incumbencias de Arsat y la Secretaría de Innovación Pública. Nuestro centro tiene como objetivo concentrarse en el sector STEM y combatir las brechas de género desde ahí con acciones que tienen que ver en la inspiración”. Y resumió: “No podés aspirar a hacer lo que no conocés”.

Por su parte, la Gerente de Calidad para Cono Sur de Nokia, Lilian Denicola, aseguró a este medio: “La formación es clave, pero es el primer paso”, y agregó que ésta no está siendo equitativa “por eso la importancia de un trabajo articulado entre organismos públicos y privados, y una política de Estado orientada a eso”.

Sobre la necesidad de transversalización del nuevo lanzamiento, Sánchez Malcolm explicó: “Si nosotros queremos pensar en un desarrollo profesional y federal de los géneros en la generalidad deberíamos formar una mesa con Trabajo, el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad y con Desarrollo Productivo”, al tiempo que resaltó que “la transversalización de las políticas de género se está llevando adelante y el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad tiene un plan nacional de 3 años donde se cruza el desarrollo, la formación, la capacitación y la inserción laboral en mujeres de diferentes niveles económicos y minorías”.

Denicola, quien participó del lanzamiento del Centro G+T en representación del sector privado, enfatizó que la desigualdad es de género y también en cuanto a nivel socioeconómico: “Hay un montón de personas que no están teniendo acceso ni siquiera a la señal del teléfono celular, y eso ya de por sí te limita. Cuando hablamos de formación significa que nuestro objetivo es diseminar esa información de manera equitativa”.

La pobreza tiene cara de mujer

La brecha de género se entrelaza con otra tan estructural como la brecha de ingresos. Esto hace que sea aún más difícil determinar medidas que verdaderamente tengan un impacto profundo.

Un informe publicado por la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género indica que las mujeres dedican tres veces más tiempo que los varones en el Trabajo Doméstico y de Cuidados No Remunerado (TDCNR). “Esta distribucio?n asime?trica contribuye a explicar que su participacio?n en el mercado laboral sea ma?s baja que la de los varones. Tambie?n incide en que tengan trabajos ma?s precarios”, explica el informe.

Esto afecta directamente el nivel y la independencia económica que las mujeres pueden alcanzar, y se suma a los estereotipos de género que atraviesan toda la sociedad. “Las niñas a partir de los 7 años dejan de verse como inteligentes y comienzan a verse como aplicadas y bonitas, se las orienta a lo que es el cuidado, y ahí es en donde hay que seguir haciendo mención de qué podemos hacer distinto para que eso no suceda, para no seguir hablando siempre de lo mismo e ir con las propuestas”, enfatizó Denicola.

Todavía resta ver cómo se articulará concretamente la nueva iniciativa con la necesidad de disminuir los trabajos precarizados que afectan en mayor porcentaje a mujeres.

La desigualdad en números

Las mujeres ganan 24% menos que los hombres. La brecha se ampli?a para las asalariadas informales, alcanzando 35,6%.

Las mujeres enfrentan las tasas ma?s altas de desocupacio?n de toda la economi?a con 23%.

9 de cada 10 mujeres realizan tareas de Trabajo Doméstico y de Cuidados No Remunerado, que significan en promedio 6,4 horas diarias y un total de 96 millones de horas diarias de trabajo gratuitas.

La tasa promedio de la participacio?n de las mujeres en el mercado laboral es de 49,2%, y la de los varones 71,2%.

8,5% de los varones tienen puestos de jefatura o direccio?n, mientras que este porcentaje en mujeres es de 4,7%.

Entre 2017 y 2020, sólo el 23,5% de las empresas lideradas por mujeres se financió a través de un banco (público o privado), frente al 48,7% de los casos que cuentan con hombres en los cargos decisorios.

Sólo el 25% de las adolescentes argentinas menores a 24 años expresó tener la intención de estudiar o estar estudiando carreras dentro del área de tecnología.

Las mujeres se insertan de manera más intensiva en las denominadas profesiones del cuidado: docencia, salud, y trabajo doméstico, reproduciendo en el mercado laboral la división sexual del trabajo que opera al interior de los hogares. Mientras que sólo 6% de los varones se dedica a estas actividades, entre las mujeres asciende a 32%.

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