La recuperación es parcial

El trabajo se recupera, pero con fragilidad

Al interior del mercado laboral queda claro que la recuperación es parcial y que dista mucho respecto de otros períodos de crecimiento

Desempleo-coronavirus
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La economía creció 9,8% en 2021 y posibilitó, con datos al tercer trimestre, la recuperación de 642.000 puestos de trabajo. Como consecuencia, los indicadores del mercado laboral (tasas de actividad, desempleo y empleo) volvieron a los niveles de 2017, a pesar de que el producto aún está 3 puntos por debajo. Hay más trabajo para una producción inferior.

Sin embargo, observando al interior del mercado laboral queda claro que la recuperación es parcial y que dista mucho respecto de otros períodos de crecimiento. En promedio, la gente trabaja menos horas, cayó su remuneración y se redujo la protección laboral. Un resultado esperable para una economía que en cuatro de los últimos seis años estuvo en recesión y aún atraviesa una gran inestabilidad. 

Los indicadores de visualización típicos, esto es las tasas de actividad, empleo y desempleo, señalan que el mercado de trabajo está en una mejor situación respecto del tercer trimestre de 2017, cuando se registró el máximo empleo de los últimos 5 años.  Tal como se observa en la tabla, la tasa de actividad es incluso 0,9% superior. O sea, la población ocupada y desocupada es mayor. En cuanto a la primera, alcanza a 42,9% de la población total, 0,5 punto por encima del tercer trimestre de 2017. Por el lado de la desocupación, es levemente inferior a la de 2017 (0,1 punto), lo que podría evidenciar, dado el aumento en la tasa de actividad y de empleo, que las posibilidades de conseguir un trabajo sin tenerlo previamente son mayores.

mercado laboral 2021

Pero estos indicadores son incompletos para comprender la real situación del mercado laboral por dos razones íntimamente relacionadas. La primera es si las personas están disconformes con su empleo o desean trabajar más horas, lo que se conoce como “indicadores de presión”. La segunda, posiblemente motivadora de la primera, es la calidad del empleo según las condiciones de contratación.

Los indicadores de presión del mercado laboral, típicamente asociados a situaciones inestables en el mercado de trabajo, no son nada alentadores. Esto se refleja en el incremento de la proporción de aquellos que siguen buscando empleo (ocupados demandantes de trabajo), los que desearían trabajar más horas (subocupados demandantes) y los que, aun no buscando, estarían disponibles ante una eventual oferta de trabajo. Estos tres indicadores son considerablemente superiores actualmente en relación al 2017, la referencia más próxima de una economía en crecimiento.

¿Cómo se puede explicar esta situación aparentemente contrastante entre indicadores que muestran una mejora y otros que no?  

Desde hace varios años se observa un efecto sustitución entre empleo asalariado y en cuenta propia en fases de recuperación de puestos de trabajo. En el espectro de los trabajadores registrados, la dinámica de los asalariados privados fue declinante hasta el comienzo de la pandemia, como se muestra en la figura a continuación, mientras que los cuentapropistas adheridos al monotributo crecieron considerablemente, evidenciando una modificación de la estructura de empleo dentro de los formales. A su vez, se observa cómo el sector público continúa ganando participación como empleador asalariado.

Empleados asalariados

La pandemia generó respuestas sumamente diferentes en el mercado de trabajo de las que se acostumbraba a ver dado el carácter transitorio que se esperaba tuviera la crisis, además de las medidas para contener el empleo registrado como, por ejemplo, la prohibición de despidos. 

En las crisis macroeconómicas típicas que atravesó el país a lo largo del nuevo milenio, el empleo asalariado no registrado y por cuenta propia, principalmente no profesional, oficiaron como “colchón” de empleo. 

En cambio, durante el primer período de la cuarentena, la mayor flexibilidad de estos trabajos, asociado a las dificultades estructurales para convertirlos al teletrabajo, llevaron a que casi la totalidad de la pérdida de empleo se diera en estas categorías, lo mismo que su recuperación.

El reemplazo de asalariados por cuentapropistas da lugar a un fenómeno de desprotección laboral importante. La tasa de asalariados registrados es 0,6 puntos inferior a la de 2017 mientras que la de los asalariados no registrados cayó 1,8 puntos. Es decir, los asalariados perdieron 2,5 puntos de participación sobre los ocupados totales. Significa que más de un millón de personas quedaron fuera de los convenios colectivos de trabajo y con menos chances de mantener el poder de compra en un contexto de inflación al 3,5% mensual en velocidad crucero. En consecuencia, creció la brecha entre los salarios del sector registrado y el resto de las categorías. 

Como la brecha entre los asalariados registrados y los no registrados es superior a la observada en 2017 (pasó del 94% al 101%), si los salarios registrados están 17% por debajo de lo observado en el tercer trimestre de 2017, los ingresos de los empleados no registrados se ubican 25% por debajo de ese periodo. Algo similar se puede calcular para las otras dos categorías.

Teniendo en cuenta que los ingresos se ubican en niveles muy bajos, los trabajadores deben salir al mercado a compensar las pérdidas de poder adquisitivo por puesto, explicando el incremento en la creación de empleo. Aunque los salarios en dólares subieron marcadamente previo a las elecciones, los salarios reales apenas reaccionaron y se encuentran en niveles de 2010, muy por debajo de 2017. Esto es así debido a la apreciación del peso en un contexto inflacionario. Esta configuración de los salarios, con mejoras de los ingresos en dólares oficiales, pero no en términos reales, constituye uno de los grandes escollos de la política económica de cara al acuerdo con el FMI.

A su vez, de modo de comprender totalmente la evolución del mercado de trabajo hay que analizar la dinámica de las horas trabajadas. Durante el segundo trimestre de 2021, como se observa en el cuadro a continuación, eran considerablemente superiores para todas las categorías de empleo. 

Lo primero es marcar la diferencia en las horas trabajadas según la modalidad de registro. Los asalariados registrados son quienes tienen mayor probabilidad de encontrarse empleados plenamente, mientras que, para el resto de las categorías, esta no es la norma. 

En segundo lugar, desde 2017 las horas promedio semanales se redujeron en todas las categorías, pero de forma desigual. Mientras los asalariados tuvieron variaciones de 4%, los cuentapropistas redujeron sus jornadas laborales en más de 8%. 

El tercer punto relevante es que la brecha de horas entre las dos categorías de menor salario horario se redujo. La dinámica de horas evidencia que para más del 40% de los ocupados las probabilidades de trabajar una jornada completa es baja.

Combinando estas tres realidades, es visible que el mercado de trabajo se encuentra signado por la escasez de horas disponibles para trabajar, los bajos salarios reales y la mayor inestabilidad. 

Hacia adelante, en el contexto de un acuerdo con el FMI y un reordenamiento macroeconómico en favor de la acumulación de reservas internacionales, es evidente que el mercado de trabajo parte desde niveles elevados en cuanto a los indicadores tradicionales, pero de una situación delicada al interior de las relaciones laborales. Ante un shock negativo (una devaluación, por ejemplo,) es esperable que el empleo caiga con más facilidad, afectando aún más las frágiles condiciones sociales imperantes.

Al mismo tiempo, los puestos de trabajo en el sector privado formal están estancados desde hace más de 10 años, en línea con el producto per cápita. En este sentido, la estabilización macro es condición necesaria para la recuperación del mercado laboral. 

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