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“El tipo de cambio debería estar 10-15% más arriba”

El Economista dialogó con José Luis Machinea

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 Por Alejandro Radonjic

En diálogo con El Economista, José Luis Machinea, exministro de Economía  y presidente del BCRA y hoy en la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), ofrece su visión sobre el plan de reformas que anunció el Presidente en el CCK y los retos de la política económica del Gobierno.

¿Lo sorprendió el plan de reformas que anunció el Presidente el lunes pasado?

No me sorprendió porque sigue con la misma lógica con la que el Gobierno ha abordado la economía: una tónica reformista, pero muy gradualista. Y eso queda muy claro con la reforma tributaria propuesta. Algo similar ocurre con la reforma laboral y con la previsional, aunque en esta última el tema político será más candente.

¿Cuál es la reforma más necesaria para darle sustentabilidad a los brotes verdes que hemos vistos en los últimos meses?

El Gobierno atiende, o intenta, el problema de la inversión, que hoy está en 17% del PIB. Bajo cualquier estándar, y no hablo del sudeste asiático, es muy baja. Los países de la región a los que les ha ido bien invierten entre 23% y 26% del PIB. Poner allí la prioridad, como ha hecho el Gobierno, es central y las reformas son razonables. Teniendo en cuentas las restricciones que operan, va en el sentido correcto. Uno podría decir que la mayor inversión va a mejorar la competitividad, pero otros pueden llegar a decir que falta más en ese sentido. Lo primero puede ser cierto en el largo plazo, pero en el corto la competitividad depende del tipo de cambio y esa es otra discusión.

Hoy está de moda hablar de la competitividad no-precio y decir que no todo pasa por el dólar, pero, ciertamente, es una variable importante. ¿Se pueden esperar mejoras en el tipo de cambio real o el modelo actual tiende a la apreciación del peso?

A mediano y largo plazos, efectivamente, la competitividad no pasa por el tipo de cambio porque, si así lo fuera, sería basarse en salarios reales bajos. Pero, en el corto plazo, y mientras las reformas de fondo tengan su impacto, el tipo de cambio debería ayudar en esa transición. Veo complicado el asunto, y ya lo dije varias veces. Hay un problema de consistencia entre el gradualismo fiscal y el intento de reducir muy rápidamente la inflación. Eso genera una tendencia hacia la apreciación. El margen no es enorme y me gustaría tener un BCRA más activo e, incluso, diciendo que quisiera tener un dólar más elevado a mediano plazo. La preocupación no debe ser solo la inflación sino, también, tratar de tener un tipo de cambio competitivo. Debería estar 10% o 15% más alto. Haberlo atrasado en los últimos dieciocho meses no ayuda a tal fin. Debiera usar más instrumentos, desde las compras del BCRA hasta algún tipo de regulación con algunas entradas de capitales de corto plazo.

"Los países de la región a los que les ha ido bien invierten entre 23% y 26% del PIB. Poner allí la prioridad, como ha hecho el Gobierno, es central y las reformas son razonables"

Más teniendo en cuenta que las cuenta corriente es cada vez más deficitaria y apunta a un rojo no menor a 4% del PIB en 2017...

Me preocupa más ese déficit que el fiscal, aunque también comparto que hay que ir reduciendo la brecha en las cuentas públicas. Tener un déficit de cuenta corriente de 4% o más cuando el PIB recién recupera los niveles de 2015 me pone un poco nervioso porque pronto vamos a llegar a 5% y la región demuestra que los inversores extranjeros empiezan a mirar con algún cuidado lo que anda pasando.

Volviendo a la cuestión del BCRA y la inflación, sus palabras no son inocentes dado que la autoridad monetaria tiene hoy un sesgo muy contractivo y la tasa de interés real está muy arriba de esos 4-5 puntos reales...

El BCRA bajó la inflación de 40% en 2016 a 23-24% en 2017. Sobre ese éxito, reconociendo que la inflación inicialmente se fue por encima de lo previsto y que recién está arrancando el inflation targeting, podría flexibilizar las metas del 2018, pero no lo hace porque dice que pierde credibilidad. Aunque no sé si pierde más credibilidad no cumpliendo la meta. Ante eso, puede no cambiarla y hacerse el distraído o tomarselá en serio y poner la tasa de interés muy alta durante varios meses para intentar domarla, pero eso impacta sobre el tipo de cambio y lo aprecia. Sería un error. Y no estoy queriendo decir que la inflación de 23% sea razonable sino que digo tener en consideración la realidad fiscal, ser graduales allí también y no autoimponernos una política monetaria excesivamente restrictiva.

El grueso de sus colegas coincide en que la economía crecerá en 2018. ¿Usted qué cree?

Sí, puede estar en 3%, pero teniendo en cuenta que el arrastre estadístico va a ser de 1,6% o 1,7%, es decir, cierta desaceleración. Hay que reducir el déficit fiscal un punto y la obra pública no podrá ser la impulsora del crecimiento, las reformas que venimos hablando no ayudan sobre el consumo porque no impactan positivamente sobre el salario real en el corto plazo y las exportaciones no son un motor que está encendido. Salvo que aparezca una mayor inversión, podremos crecer 3% y, como dije, eso sería una desaceleración.

Se escucha por estos días que el riesgo político se disipó, que Cambiemos tiene un ciclo de seis años más como mínimo y algunos, incluso, sostienen que el peronismo murió. ¿Coincide o en 8-9 meses más vamos a estar hablando, una vez más, de las presidenciales del 2019 y la eventualidad de un nuevo cambio en las reglas de juego posterior?

Ambas cosas son ciertas. La posibilidad de la vuelta del cristinismo ya no existe y ojalá exista un peronismo renovado que aporte a la discusión de los problemas de Argentina. El Gobierno tiene una posibilidad considerable de ganar en 2019, pero eso no significa que el peronismo está muerto, como ya sabemos los que tenemos algunos años. Y, además, eso no implica que el peronismo no presente una discusión importante cuando haya medidas que no ayuden a su propia reconstrucción. La discusión en el Congreso no será fácil, pero por suerte aparecen algunas voces razonables dispuestas a discutir.

"Hay un problema de consistencia entre el gradualismo fiscal y el intento de reducir muy rápidamente la inflación. Eso genera una tendencia hacia la apreciación. El margen no es enorme y me gustaría tener un BCRA más activo e, incluso, diciendo que quisiera tener un dólar más elevado a mediano plazo"

Volviendo a los inicios de la charla. Usted decía que el debate previsional será el más acalorado...

Uno debería acordarse porque tenemos la indexación actual: no teníamos índices de precios. No podíamos hacer como hacía todo el mundo: que las pensiones se movieran con la inflación, y quizás también con salarios. Como no teníamos índices, inventamos lo de la recaudación. Lo mejor sería una fórmula que tenga un componente de precios y, a su vez, también de salarios. Parece lo más razonable a largo plazo. Ir con precios solo puede ser lógico, pero difícil de vender políticamente.

¿Y la reforma laboral?

No soy un experto en el tema, pero aquellos que sí lo son dicen que no hay grandes cambios. Son cuestiones en el margen, como las indemnizaciones o que apuntan sobre cuestiones como los excesivos juicios laborales.

¿Qué piensa sobre gravar la renta financiera?

Me hubiera parecido más razonable gravar la tasa de interés real. El Gobierno lo sabe, aunque sé que es complicado instrumentarlo. Es más lógico y equitativo. Implica que los que ponen el dinero en Lebac van a pagar más que aquellos que ponen sus ahorros en el plazo fijo a una tasa de 18-20%.

¿Qué rol deben tener los empresarios?

Hay que pedirles algún esfuerzo. Desde cuestiones como la Ley de Defensa de la Competencia a través de la que hay que avanzar hasta las retenciones a la soja: hay que bajarlas a 25% ya y después dejarlas ahí, y no bajarlas 5 puntos por año. Cuanto menos, hasta que dure la emergencia fiscal. Y mostrar, políticamente, además, que el sector empresarios también está haciendo algún esfuerzo, como el que se le pide a los consumidores y los asalariados.

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