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El diagnóstico, los icebergs y la primera trompada

Alejandro Radonjic 12-12-2019
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Por Alejandro Radonjic

La presentación del ministro de Economía, Martín Guzmán, tuvo una recepción inicial positiva en los participantes del mercado a los que consultó El Economista. Como siempre, hubo algunos más moderados; otros más entusiasmados y otros, que dijeron “falta más” pero otorgan, cuanto menos, el beneficio de la duda. En definitiva, aún no implementó nada.

También fue importante reconocer que hoy Argentina tiene un problema en su economía real, con impactos deletéreos sobre la situación social y que ese es, quizás, su mayor problema. Se pueden debatir las causas, peor hay que volver a crecer y más rápido que tarde. Los problemas de “pifiar” el diagnóstico ya se han vistos estos años. Los “ajustes expansivos” que recetan algunos son cuentos de hadas. Tras ello no se deriva que se deba expandir y bombear como sea. Hay que encontrar el mix entre salud macroeconómica y expansión de la economía.

También fue alentadora la comprensión del hecho de que Argentina camina en una cornisa. El supercepo puso una baranda, pero es frágil y el riesgo sigue allí. Hacia 2020, se insinuaban dos icebergs potenciales: un default soberano desordenado y una monetización masiva del déficit fiscal. Lo primero, implicaba una recesión draconiana y volver a ser un paria en el concierto de las naciones mientras que, lo segundo, decantaba en una aceleración incierta de la inflación. Ayer, Guzmán, con tono didáctico y volumen bajo, reconoció esos problemas y, también, que no tiene voluntad alguna de chocar.

Lo que viene después del diagnóstico y los riesgos asociados fue, precisamente, lo que abrió los interrogantes. Nada menos que el tratamiento. Algunas fuentes plantearon que se trató de una presentación generalista y poco específica. Sin metas numéricas, por ejemplo.

Otros dijeron que fue un compendio de buenas intenciones, pero con grandes riesgos de ejecución. El famoso “cómo”. Otros, sin embargo, hablaron (pero positivamente) de la flexibilidad. Como contraste a las metas muy rigurosas y vinculantes. Ese esquema otorga más libertad pero, también es cierto, debe ser acompañado por los propios números. Es decir, flexible, pero consistente a la vez para que, quienes lo examinan, sepan hacia donde va.

Las visiones

“La verdad es que faltaron precisiones, pero dijo principios que son importantes”, sostuvo Bárbara Guerezta (Arriazu-Macroanalistas) ante El Economista. Entre ellos, el equilibrio fiscal primario (“aunque en 2020 parece que no llega”); negociación amigable de la deuda y expansión del gasto consciente de la restricción presupuestaria (“es evidente que habrá aumento de impuestos”). “Propone un Estado más grande, pero más equilibrado”, sugiere Guerezta.

“Con algo de retraso, Guzmán debutó como ministro de Economía. Para ser su primera conferencia de prensa, sin ningún tipo de experiencia previa en materia de gestión pública, se lo vio bastante medido. Con un tono sobrio y didáctico, trató de explicar los lineamientos básicos de la gestión económica. Tal vez podrá acusárselo de ser evasivo en cuanto a lo concreto, como el sendero de superávits, el rol del FMI en las negociaciones, la Unidad de Reestructuración de la Deuda, las medidas iniciales, como “carta de presentación, no estuvo mal”, dice el economista Matías Carugati.

“Yendo a lo medular de la presentación, el ministro volvió a enfatizar algunas líneas que ya se conocían, como el shock inicial de gasto para recuperar demanda, renegociación con acreedores y foco en la cuestión social. Y agregó algunas cosas extra, como el envío de una ley al Congreso por el tema productivo-social, la creación de la Unidad de Reestructuración de la Deuda, la idea de transitar un sendero que implique superávit fiscal y comercial consistente con el pago de la deuda. Una cuestión que remarcó bastante es la necesidad de tener un programa macroeconómico integral y consistente, que esté centrado en la situación social. Una idea que es fundamental para traer certidumbre y anclar expectativas, pero que de la cual no se tiene mucha más idea de la generalidad que comentó el ministro”, agrega.

Es el comienzo nomás y faltan detalles, rodaje y la interacción con la realidad que luego se retroalimenta con el plan. Como diría Mike Tyson, que la realidad pegue la primera trompada. Pero el diagnóstico no está mal. “Habrá que verlo jugar en la cancha”, concluye Carugati.

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