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Desarrollar sectores estratégicos requiere políticas públicas

Argentina debe evitar las recetas del libre mercado y apelar a un Estado que oriente, articule, coordine y fije prioridades para el desarrollo con perspectiva federal.

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Mercedes Marcó del Pont 02 julio de 2023

La transición energética ofrece a la Argentina mucho más que la posibilidad de contar con divisas que le permitan aliviar la restricción externa. 

Apostar al desarrollo de vectores estratégicos como el hidrógeno representa una oportunidad para la industrialización y la reducción de las brechas territoriales. Lograrlo requiere torcer el curso natural que limita la participación de los países con abundancia y calidad de recursos al rol de meros exportadores de materias primas. 

Como parte de las profundas transformaciones y los desafíos que presenta la transición energética, los países desarrollados asumieron ambiciosos compromisos de descarbonización y comenzaron a instrumentar políticas públicas tendientes a garantizar el abastecimiento de recursos críticos para sostener la competitividad de sus sectores industriales.

Sin embargo, los países centrales no están en condiciones de autoabastecerse y, por eso, deberán recurrir a la importación de energías limpias. 

Las excelentes condiciones para la producción de hidrógeno de bajas emisiones que se presentan en Argentina, principalmente al sur de la provincia de Buenos Aires y en la Patagonia, convierten a nuestro país en un destino atractivo para las inversiones que buscarán abastecer los distintos mercados de exportación. 

Para evitar la cristalización de un modelo de enclave exportador y avanzar en un proceso de industrialización, el Gobierno presentó un proyecto de ley que busca incentivar la localización de inversiones y promover la articulación de esos proyectos con las capacidades científico-tecnológicas locales. El objetivo de la iniciativa, que ofrece un marco de previsibilidad y estabilidad para los proyectos de largo plazo, es lograr que Argentina participe de estas cadenas no solo con sus recursos naturales sino también a partir del despliegue de sus capacidades industriales, científicas y tecnológicas, con perspectiva federal. 

Junto con la producción de hidrógeno bajo en emisiones emerge un conjunto amplio de nuevos sectores industriales y tecnológicos, que mostrarán un gran dinamismo en los próximos años. Existe una industria de bienes de capital en expansión asociada al crecimiento de la economía del hidrógeno donde Argentina pretende insertarse a partir de sus competencias industriales y así participar en los distintos eslabones de estas cadenas. En algunos casos esto sucederá con tecnología propia, en otros, mediante  inversiones para la fabricación de bienes de capital. 

Para profundizar ese sendero, el proyecto de ley impulsado por el Poder Ejecutivo será complementado en los próximos meses con finalización de la Estrategia Nacional del Hidrógeno. El plan se trabaja en forma articulada junto con autoridades provinciales y representantes de los distintos eslabones del sector privado. 

La Estrategia Nacional de Hidrógeno ofrecerá herramientas para atender las necesidades en materia de capacitación laboral, anticipar el diseño de normativas complementarias, afrontar aspectos ambientales y definir prioridades en materia de inversiones en infraestructura y transporte.

El camino recorrido por el Gobierno, junto con las provincias y el sector privado, ofrece una hoja de ruta que puede replicarse para avanzar en el desarrollo de otro frente estratégico como es la industrialización del litio y la producción de autos eléctricos. En ambos desafíos, las distintas áreas especializadas del Gobierno se encuentran trabajando, en articulación con representantes del sector privado y las provincias, para lograr los consensos que permitan la aprobación e instrumentación de los marcos regulatorios y políticas públicas necesarias para torcer el curso natural.

El escenario global nos abre una inmensa oportunidad para avanzar en la explotación y el desarrollo de los recursos naturales. Debemos evitar los riesgos que supone la transición energética y aprovechar las capacidades de nuestro país en materia industrial y tecnológica. Argentina debe evitar las recetas del libre mercado y apelar a un Estado que oriente, articule, coordine y fije prioridades para el desarrollo con perspectiva federal.

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