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Así funciona la macroeconomía del populismo en Argentina

En Argentina, el sistema de precios se encuentra completamente roto.

La Argentina de nuestros días es el resultado del paradigma populista aplicado de manera casi sistemática durante las últimas dos décadas.
La Argentina de nuestros días es el resultado del paradigma populista aplicado de manera casi sistemática durante las últimas dos décadas. EE
Juan Manuel Morales 11 junio de 2023

En el año 1990, los economistas Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards escribieron un ensayo titulado "La Macroeconomía del Populismo en la América Latina". 

En dicho documento, los autores compararon las similitudes en términos de política económica del caso chileno durante la presidencia de Salvador Allende y el peruano durante los primeros años de la administración de Alan García. 

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A pesar de basarse en el estudio de dos experiencias puntuales, las definiciones y conclusiones a las que arribaron los economistas alcanzan con creces para identificar los aspectos generales de los diversos episodios populistas acontecidos en nuestra región y otras partes del mundo. 

En ese contexto, también el ensayo nos da pistas interesantes para poder analizar el ciclo en el que se ha metido la Argentina los últimos 20 años.

Los economistas mencionados definen al populismo económico como "un enfoque de la economía que destaca el crecimiento y la redistribución del ingreso y menosprecia los riesgos de la inflación y el financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de los agentes económicos ante las políticas agresivas ajenas al mercado". 

Podríamos afirmar entonces que la aplicación del populismo económico conduce siempre a la autodestrucción: a medida que los gobiernos avanzan en su implementación se acumulan progresivas distorsiones que socavan el sistema de precios e impiden la coordinación que los agentes económicos necesitan para crear riqueza. 

La Argentina de nuestros días es el resultado del paradigma populista aplicado de manera casi sistemática durante las últimas dos décadas. Gobiernos que menosprecian las limitaciones a la hora de financiar el déficit fiscal no encuentran reparos a la hora de aumentar el gasto público y llevar adelante políticas redistributivas que, una vez implementadas, resultan inflexibles a la baja.

La Argentina de nuestros días es el resultado del paradigma populista aplicado de manera casi sistemática durante las últimas dos décadas.
La Argentina de nuestros días es el resultado del paradigma populista aplicado de manera casi sistemática durante las últimas dos décadas.

De acuerdo con el ensayo de Dornbusch y Edwards, la economía populista se desarrolla en cuatro fases que describiremos muy brevemente a continuación:

  1. La primera fase es de crecimiento: los políticos populistas se afianzan en el poder de la mano de una caída del desempleo y aumento del consumo. La demanda artificial comienza a generar una inflación incipiente que se neutraliza temporalmente con controles de precios, aumento de importaciones y disminución de stocks. 
  2. En la segunda etapa se forman los primeros cuellos de botella fruto de la expansión de demanda por un lado y la notable escasez de divisas por otro. Se profundizan los controles de precios, pero la inflación no cede. Además, el tipo de cambio se atrasa, aparecen los cepos. Respecto a las cuentas públicas, el déficit fiscal se ensancha como resultado de la expansión del gasto.
  3. Posteriormente, la situación se vuelve más desesperante. En la tercera etapa la combinación de la escasez generalizada de bienes e insumos con la falta de divisas provocan una caída en la demanda de dinero y fuga de capitales. La situación presupuestaria se deteriora de manera vertiginosa mientras el gobierno intenta reducir subsidios y comienza a depreciar el tipo de cambio real. Los salarios reales caen y la situación política se vuelve compleja. 
  4. Por último, en la cuarta fase se aplica un programa ortodoxo de la mano de un nuevo gobierno. Muy probablemente a partir de un programa del FMI, se implementa un típico plan de austeridad que consiste en aumentar impuestos y reducir el gasto público. A la vez, se sinceran los precios relativos que acumularon distorsiones durante los años anteriores. Mientras tanto, los salarios continúan su caída estrepitosa. Cuando todo termina, el nivel de salario real es más bajo que antes de comenzar la primera fase populista. Además, debido a la descapitalización de la economía durante las tres primeras fases, la recuperación de los salarios tardará varios años.    

No hay dudas que Argentina se encuentra metida en la dinámica descripta. Sin embargo, en el caso argentino el ciclo populista ha durado más de lo habitual. 

En primer término, esto se debe a la alta productividad de sector agrícola que, a pesar de un complejo entorno micro y macroeconómico, ha generado un constante flujo de dólares por balanza comercial que le permitió a los gobiernos un cierto margen de maniobra en la administración de las divisas y, en segundo lugar, el intento de normalización del esquema cambiario, tarifario y fiscal durante la gestión de Mauricio Macri que, a pesar de haber sido transitorio, dio cierto respiro antes de comenzar una nueva avanzada populista que vino posteriormente.

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Las distorsiones acumuladas que impiden el correcto funcionamiento de los mercados han alcanzado un punto de saturación que no deja que la economía crezca desde hace más de diez años. A continuación, mencionaremos las más importantes:

  • Mercado de dinero: la inflación se produce en este mercado a partir de la expansión sistemática de la oferta monetaria para financiar déficit fiscal. Además, al aumento de oferta se le agrega la caída progresiva de la demanda de dinero. Esta última fruto de la expectativa de los agentes a una mayor inflación futura ante la ausencia de un programa de estabilización serio.  
  • Mercado de fondos prestables: a las discrecionales manipulaciones de la tasa de interés se suma lo que economistas denominan "efecto expulsión", un fenómeno generado cuando el Estado compite con el sector privado por el financiamiento disponible, causando suba de tasas y dejando menos crédito para consumo e inversión privada. El mercado financiero se encuentra saturado de deuda pública e instrumentos del BCRA. 
  • Mercado cambiario: la insistencia en utilizar el tipo de cambio oficial como ancla inflacionaria en un entorno de constante expansión monetaria ha provocado un fenomenal atraso cambiario y dilapidación de las reservas. Por otra parte, el cepo como respuesta ante la caída de reservas generó una brecha cambiaria que incentiva importaciones y desincentiva exportaciones. Imposible mejorar los niveles de inversión y poder aprovechar la potencialidad exportadora argentina hasta no corregir y unificar el tipo de cambio.
  • Por último, al conocido atraso en el precio de tarifas de servicios y combustibles se suman los ridículos programas de Precios Justos y otros "acuerdos voluntarios" en diferentes sectores. Todos terminan ocasionando menos competencia y menos oferta, ergo, más faltantes y más inflación reprimida. Tampoco podemos dejar de mencionar la responsabilidad que tienen los tres niveles del Estado respecto al complejo entramado impositivo y la pesada carga regulatoria que se aplica sobre el sector privado. 

En Argentina el sistema de precios (mejor institución desarrollada por la humanidad para asignar recursos escasos hacia fines más valorados) se encuentra completamente roto. Es imposible pensar en un programa de estabilización que baje a inflación sin un shock que tienda a acomodar el set de precios relativos en un contexto de ajuste fiscal inmediato, reforma monetaria que corte de cuajo la dominancia fiscal en cualquiera de sus formas y un conjunto de reformas estructurales con amplio apoyo en el Congreso que transmita credibilidad a los agentes y sensación de irreversibilidad. 

Todo lo demás es continuar agravando el ciclo del populismo económico argentino.

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