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Ante un giro estratégico

Las exportaciones argentinas en 2016 podrían superar los US$ 61.500 millones

21-12-2015
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(Columna de Enrique S. Mantilla, presidente de la CERA)

Cuando en su “Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero”, John M. Keynes afirmaba que “una política de restricciones comerciales es un instrumento alevoso aun para conseguir su fin ostensible, ya que el interés privado, la incompetencia administrativa y la dificultad intrínseca de la tarea pueden desviarla hasta producir resultados directamente contrarios a los propuestos”, no se imaginaba que presuntos especialistas en keynesianismo aplicarían el comercio administrado en la Argentina entre 2011-2015 ni que el concepto de “alevosía” se podría extender a la administración del tipo de cambio real y un stock de US$ 50.000 millones de letras intransferibles (excluyendo el efecto del pago al FMI) en el BCRA.

Tampoco tenía en cuenta que aplicar derechos de exportación en un país en donde la elasticidad de las importaciones es mayor a la de las exportaciones y que, por lo tanto, la oferta adecuada de dólares es una restricción al crecimiento. Ni tampoco que, al 30 de noviembre de 2015, la deuda del Gobierno con el sector exportador alcanzaría a $13.000 millones, como lo reconoció el titular de la AFIP.

El Gobierno ha comenzado a realizar un giro estratégico al anunciar medidas como la supresión de los derechos de exportación para todos los sectores y una reducción a 30% del derecho de exportación a la soja. Asimismo, que cumplirá con lo resuelto en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en relación al férreo control de las importaciones (DJAI's) y reemplazará el sistema con un mecanismo de licencias no automáticas para 1.000 posiciones arancelarias y 18.000 posiciones tendrán licencias automáticas. Levantó el cepo cambiario y lo sustituyó por un sistema de flotación de la paridad cambiaria “sucia”. También anunció que normalizará las relaciones económicas internacionales.

Una particularidad es que el plan se va anunciando de manera descentralizada y secuencial. Por lo tanto, si bien la dirección del giro estratégico es adecuada, en esta etapa hay que escuchar para después ordenar. El punto de partida es extremadamente difícil y los problemas de coordinación son relevantes, pero el rumbo es correcto.

Teniendo en cuenta, además, que dada nuestra estructura productiva, la elasticidad ingreso de las importaciones es mayor que la de las exportaciones, la necesidad de contar con dólares para crecer es un imperativo.

Es obvio, en este cuadro de situación, que es necesario implementar una estrategia nacional exportadora como base del desarrollo sostenible. Y este giro estratégico requiere aumentar la competitividad, que es una conjunción entre productividad y costos internos, a lo que hay que agregar la consolidación de acceso a los mercados con negociaciones comerciales y técnicas de alta calidad.

Una dificultad central es que el sendero que lleva a una situación de baja competitividad con exclusión a otra en que es posible explotar las complementariedades entre productividad y competitividad no es fácil de transitar desde el punto de vista político, sobre todo si el capital institucional es escaso.

Una forma de conseguir credibilidad en un contexto de este tipo es mostrando resultados y exhibiendo que la estrategia que se sigue es viable. Y la creación de empleo es la base de la sostenibilidad política y, en este sentido, es clave aumentar el nivel de inversión.

Pero es sabido que la mejor política económica y social es inoperante si la mayoría no la respalda ya que es imposible tener éxito en desacuerdo con la opinión pública. Son necesarios nuevos consensos y esto requiere operar en el tiempo. Tiempo de comunicación, tiempo de interpretación, tiempo de ejecución y tiempo de evaluación. Por eso es fundamental el diálogo político público-privado, ya que la promoción de la competitividad y el fortalecimiento del marco institucional no es tarea de un solo segmento de la sociedad.

Para 2016, los riesgos para el crecimiento de las exportaciones están sesgados a la baja. Por una parte, no se vislumbran indicios de una reversión de la fase bajista de las cotizaciones de las commodities. Por la otra, el moderado crecimiento de Estados Unidos y la Unión Europea ahora se conjuga con una desaceleración de la economía de China y con una erosión del mercado de América Latina (en especial, de Venezuela y Brasil), todo lo cual resta impulso a la demanda real para las exportaciones. Finalmente, la divergencia en las políticas monetarias en Estados Unidos y en la zona del euro apuntala una sostenida apreciación del dólar que podría acentuar las presiones deflacionarias.

En esta coyuntura, además de reordenar variables claves, se necesita con urgencia implementar políticas de promoción y facilitación comercial que contribuyan a revertir la tendencia y a impulsar la diversificación comercial y definir una estrategia nacional exportadora.

En relación al pronóstico de las exportaciones, los puntos positivos surgen del stock de cosecha que se comercializaría en el nuevo marco generado y la mejora de competitividad que se logre. Un número muy preliminar es de exportaciones superiores a US$ 61.500 millones.

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