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Guzmánfakis

Guzmán apunta a formar parte de la selecta galería de exministros de Finanzas cuya cabeza más visible es el griego Yanis Varoufakis

Guzmánfakis
Daniel Montoya Daniel Montoya 23-11-2021
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"La soberanía nacional es también autonomía de las políticas económicas. Y para garantizar esa autonomía y hacerla perdurar, las políticas deben ser hechas para el pueblo, con el pueblo y por el pueblo".  ¡Atenti lectores, no se coman la curva! 

Esa consigna política no proviene del exsecretario de Comercio Guillermo Moreno ni de ninguna usina políticaultra kirchnerista, sino que emana del actual ministro de Economía, Martín Guzmán, hoy en cabeza de la negociación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. 

¿Pero cómo, no representaba la máxima autoridad económica una línea más técnica, racional, desapasionada, una suerte de diagonal entre sectores afines al Instituto Patria y otros grupos oficialistas cercanos al mundo empresarial, de las grandes finanzas, al igual que de los grandes grupos mediáticos? En realidad, todo fue un gran malentendido. Guzmán apunta a formar parte de la selecta galería de exministros de Finanzas cuya cabeza más visible es el griego Yanis Varoufakis.

Bautizado por sus fanáticas como “Varoufucker”, esa suerte de rockstar y sex symbol que desfilaba por el mundo prepandemia cobrando alrededor de US$ 40.000 por conferencia, ganó su entrada al Olimpo de las grandes estrellas internacionales de la izquierda tras haber desafiado en 2015 a la troika compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI

En aquella instancia y en calidad de ministro de Finanzas de la administración de izquierda comandada por Alexis Tsipras, Varoufakis forzó un referéndum que arrojó como resultado el rechazo al rescate financiero a Grecia promovido por aquel tridente. Tsipras desconoció el pronunciamiento popular y Varoufakis pegó el portazo que, al poco tiempo, lo mitificó. 

A diferencia del exministro griego, “Guzmánfakis”, perdón, Guzmán, tiene una hoja de ruta donde no se interpone una potencia regional como Alemania ni Angela Merkel , sino un gran líder mundial decadente, pero líder al fin, como Estados Unidos y Joe Biden.

Spoiler para ansiosos. Nuestro ministro quiere doblarle el brazo al águila bicéfala compuesta por Estados Unidos y el FMI, sentando el precedente histórico de una negociación inédita donde la gran entidad crediticia internacional nacida al calor de los acuerdos de posguerra de Bretton Woods acepte no imponerle las tradicionales condiciones de austeridad para el refinanciamiento, rollover o, para hablar en criollo, el pedaleo de una deuda de U$S 45.000 millones con un vencimiento caliente en diciembre de U$S 1.900 millones, en el contexto de un Banco Central que tiene reservas netas de U$S 6.540 millones, aunque líquidas por menos de U$S 800 millones. El olor a nafta en el tanque que le dicen. 

“¿Jugarse una patriada y no cerrar un acuerdo derecho viejo con el FMI con esta malaria encima?”. La duda vale, pero cabe decir algo a favor de Guzmán. ¿Cuándo un acuerdo con el FMI representó una ISO 9001 que garantice un futuro económico? En realidad, hasta puede ser un “no future”, in honorem Sex Pistols.

Más que el FMI, ¡un bendito programa económico!

Hay literatura para empapelar el área metropolitana completa respecto a los efectos ambiguos de los programas económicos auspiciados o compatibilizados con el FMI. Quien diga que garantizan el éxito miente. Quien diga que garantizan el fracaso también. ¡Leyenda negra no, eh! 

Más aún, ¿alguien se animaría a suscribir que nuestro ingreso per cápita real no crece desde mediados de los años' 70 o que nuestro país está estacando desde hace una década o que somos una de las mayores reservas inflacionarias del mundo, a la par de biósfera, a consecuencia de los 21 acuerdos que suscribió Argentina desde la adhesión al FMI en 1956? En tal sentido, resulta oportuno plantear las cosas en otros términos. 

El FMI es partícipe necesario del fracaso económico de Argentina, pero no nos malogramos en el último medio siglo a causa del FMI. La dirigencia política, la empresarial, la sindical, la religiosa, la deportiva, entre otras, hizo sus grandes aportes también. ¡Nunca menos!

En ese aspecto, cabe introducir otra perspectiva. Quizás resulte una buena noticia el hecho de que Guzmán no cierre pronto ningún tipo de acuerdo con el FMI, quedando el país en una categoría tipo “stand alone” o, en cristiano, Argentina sola y su alma. Pero no por el hecho de la rebeldía en sí, sino por el hecho de que resulta irrelevante en términos de nuestro futuro la disyuntiva acuerdo sí o acuerdo no. 

Si un pacto con el FMI bastara y sobrara, no se habrían firmado 21 convenios a lo largo de los últimos 70 años. Lo que sí es relevante, fundamental, es el hecho de que el actual Gobierno formule un programa que responda a una pregunta en particular. ¿Por qué el Gobierno no necesitará de acuerdos diseñados o inspirados por el FMI durante las próximas décadas? En definitiva, un programa que le permita a Guzmán concretar su sueño húmedo de ejecutar un programa económico bautizado “Vuelta de Obligado”, fatto in casa e, inclusive, trascender la brecha abierta en su oportunidad por “Varoufucker”. 

Quizás sea mucho pedir pero, de yapa, este deber podría también extenderse a todo el arco político que ya debate sus candidaturas 2023. Como para que se hagan un tiempito libre en medio de la organización de sus futuras campañas electorales, el diseño de sus respectivos afiches y las giras de verano. La Patria se los demanda. Mucho fracaso acumulado que un día podría hacer realidad el presente político chileno con candidatos compitiendo localmente por las redes sociales desde Alabama. ¡Ojo eh!

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