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Nuevo dólar soja: esa costumbre de cambiar las reglas de juego

Te explico los 5 puntos claves que hacen de esta medida un nuevo parche que sólo genera mayor incertidumbre

Es una falacia que se lo denomine "Programa de Incremento Exportador" porque el dólar soja no aumenta exportaciones, sino que adelanta exportaciones
Es una falacia que se lo denomine "Programa de Incremento Exportador" porque el dólar soja no aumenta exportaciones, sino que adelanta exportaciones
Sofía de Hagen Sofía de Hagen 05-12-2022
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El lunes pasado, a través del Decreto 787/2022, el Gobierno oficializó un nuevo dólar soja a $230 hasta fin de año. Se restableció de manera extraordinaria y transitoria el "Programa de Incremento Exportador". En criollo, se ajustó a la inflación el primer dólar soja ($200) que sería por 30 días, y se anunció el segundo dólar soja ($230) hasta el 30 diciembre. 

¿Cuál es el objetivo? "Fortalecer las reservas del Banco Central y estimular la generación de ingresos genuinos del Estado Nacional". Pero, ¿es el camino correcto? 

Te explico los 5 puntos claves que hacen de esta medida un nuevo parche que sólo genera mayor incertidumbre. 

  1. Primero, este nuevo tipo de cambio diferencial no crea nueva riqueza. Es una falacia que se lo denomine "Programa de Incremento Exportador" porque el nuevo dólar soja no aumenta exportaciones, sino que adelanta exportaciones. Es decir, acelera la liquidación de dólares que ya fueron producidos (en la campaña pasada), no fomenta la inversión para la creación de nuevos ingresos genuinos y no genera un impulso exportador. Es simplemente un incentivo para vender en este momento. 
  2. Segundo, es un reconocimiento implícito por parte del gobierno de que el dólar oficial es una mentira. Es un dólar atrasado que no funciona y que no es un dólar de equilibrio para la economía. Pero el gobierno en lugar de tener la valentía de ordenar la economía con un único tipo de cambio, continúan atando todo con alambre al realizar devaluaciones por cuotas, transitorias y en sectores específicos, incentivándolos con un dólar más alto que el oficial a que vendan. ¿Cuántos tipos de dólares tenemos hoy en día? 18, entre los cuales podemos mencionar, dólar Netflix, dólar Qatar, dólar Turista, dólar Carne y Lácteos... ¿Viabilidad? ninguna. 
  3. Tercero, inequidad e injusticia de la medida. La justicia según el jurista romano Domicio Ulpiano es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su propio derecho. Nada más alejado que el decreto dispuesto por el gobierno. Tenemos varios casos, por un lado, productores que ya habían vendido toda su producción antes del dólar soja; otros productores que habían vendido su producción a un acopiador o a un exportador, y que el exportador lo estaba reteniendo. Entonces, la nueva diferencia de precio se inclina profundamente hacia un eslabón de la cadena que no es el eslabón del productor. ¿Qué sería lo justo? No cambiar permanentemente las reglas de juego, y en esta situación, la regla que se modifica es angular: es la tasa de cambio que tiene en pesos tu producción (soja). Entonces, el momento en que vendió el productor de acuerdo a cómo estaban sus necesidades financieras, resultó crucial. Quienes vendieron en agosto recibieron $52.000 por tonelada, en septiembre $72.000, en octubre $52.000 nuevamente y quienes vendan durante diciembre $80.000. La diferencia es enorme. Es injusto y no brinda ninguna certeza al productor. 
  4. Cuarto, ningún productor agropecuario toma en consideración la existencia del dólar soja para definir su plan de inversión. Esta medida no incentiva la producción, no tiene influencia en la decisión del productor sobre cuántas hectáreas sembrar, o si arrendar otro campo o si invertir en tecnología. El productor agropecuario ya sufre suficiente con las inclemencias climáticas como, para a eso sumarle, que tenga que realizar pronósticos sobre el humor del gobierno y a qué tasa de cambio pondrá mañana su producción. Para aumentar la inversión se requiere de previsibilidad. 
  5. Quinto, atenúa el síntoma pero no resuelve la enfermedad. Esta es una medida desesperada para acumular reservas vía un incentivo de corto plazo. El campo sigue siendo, para los ojos del gobierno sólo un botón de emergencia para evitar una devaluación, que por momentos parece inexorable. Necesitamos un gobierno que vuelva a poner al sector más pujante de la Argentina en su debido lugar, y deje de usarlo como rueda de auxilio para llegar al final del mandato sin hacerse cargo de los desequilibrios generados.

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