El poder adquisitivo de los salarios privados registrados perdería 3,8% en 2021

De mantenerse la tendencia actual, dice Unsam, el poder adquisitivo de los salarios caería 3,8% en 2021. Sin embargo, las negociaciones de los últimos meses del año podrían, eventualmente, alterar ese resultado.

23 de agosto, 2021

Los salarios crecieron 2,3% mensual en junio

Con los acuerdos paritarios alcanzados hasta principios de agosto, el poder adquisitivo de los salarios tendrá una reducción del 3,8% cuando finalice 2021, tal como fue consignado en un informe reciente de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Sin embargo, resaltaron que las negociaciones colectivas que tengan lugar durante los meses que restan de 2021 podrían, eventualmente, alterar ese resultado.

El reporte fue realizado por el Area de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (Cetyd) que forma parte de la Unsam. “Así como los últimos acuerdos paritarios y las revisiones de las primeras negociaciones del año fueron emparejando el ritmo de incremento de los precios con el de los salarios, una situación similar podría darse durante los últimos meses del año”, aseguraron.

Una posible retracción de los ingresos de los trabajadores registrados del sector privado implica un deterioro que se acumularía con el que se dio entre finales de 2017 y finales de 2019, cuando los ingresos de ese segmento disminuyeron 19%. El Gobierno de Alberto Fernández asumió con el compromiso de revertir esa tendencia, pero ese proceso se vio interrumpido por la pandemia.

“Desde ese momento, los salarios perdieron el terreno recuperado durante los meses previos a la crisis sanitaria. Al finalizar el 2020, se encontraban prácticamente en el mismo nivel que en diciembre de 2019”, agregó el trabajo.

El poder adquisitivo de los salarios privados registrados perdería 3,8% en 2021

Ganarle a la inflación

Así, 2021 representó la posibilidad de que, luego de un período muy largo de caídas, los salarios pudieran ganarle a la inflación, para darle combustible a la recuperación económica, el fortalecimiento del consumo y el mercado interno. Sin embargo, la meta de inflación del 29% plasmada en el Presupuesto fue rápidamente desbordada por el incremento efectivo de los precios.

Por su parte, los salarios volvieron a correr desde atrás, luego de que las primeras paritarias del año se cerraran en valores cercanos a la meta fijada por el Poder Ejecutivo. “Como resultado, mientras que el incremento interanual de los precios entre los meses de marzo de 2020 y 2021 fue del 42%, el de los salarios definidos en la negociación colectiva fue del 31%”, detalló el Cetyd.

A partir del segundo trimestre del año, la carrera entre precios y salarios tendió a “emparejarse”. En concreto, tanto las paritarias definidas desde entonces como las revisiones de algunos acuerdos pactados previamente fueron perforando el techo del 29%. De este modo, al iniciar la segunda parte del año, y de cara a las elecciones, ambas variables aparecieron más alineadas: la inflación entre los meses de julio de 2020 y 2021 fue del 51,8% y el incremento salarial, del 51,3%, explicó el estudio.

Objetivo electoral

El Gobierno viene desplegando desde hace unos meses su estrategia para generar una sensación de alivio económico. No obstante, lo que suceda con los salarios tendrá mucho peso en los votantes a la hora de ingresar al cuarto oscuro, teniendo en cuenta que estos agentes vieron diluido su poder adquisitivo durante los últimos años.

Para el Cetyd, durante la primera parte de 2021 el oficialismo llevó adelante un conjunto de medidas que buscaron contener la evolución de la inflación y encausarla en niveles similares a los mínimos observados en la pandemia. Para ello, asumió una estrategia fiscal austera, estableció una meta inflacionaria agresiva (que buscó trasladar a las negociaciones paritarias) e implementó una desaceleración suave en el ritmo de actualización del tipo de cambio.

“Los límites de estas políticas se hicieron evidentes a los pocos meses: la baja efectividad para desacelerar precios terminó por erosionar la recuperación de los ingresos y reforzó el sesgo contractivo de la política fiscal”, consideró el reporte.

En las últimas semanas, la política fiscal asumió un mayor sesgo expansivo, que se cristalizó en una serie de decisiones. En ese sentido pueden enumerarse la actualización de montos de la Tarjeta Alimentar, el bono para jubilados, las modificaciones en el impuesto a las ganancias, el adelantamiento de la suba del salario mínimo y el relanzamiento del principal programa de promoción al consumo (Ahora 12). En simultáneo, las negociaciones paritarias transitan un proceso de reapertura que busca recuperar parte de lo perdido en el primer semestre del año.

Previsiones para los próximos meses

Las previsiones para lo que queda del año se mantienen abiertas. “Las últimas proyecciones calculan una inflación interanual del 48,3% para el mes de diciembre y en nuestras estimaciones los acuerdos paritarios alcanzados hasta principios de agosto determinarían un incremento de los salarios de 42,7% para el conjunto del 2021 en el caso de que no se produjeran nuevas revisiones y los acuerdos pendientes se definieran en valores similares”, sostuvo el informe de la Unsam.

Desde Cetyd señalaron que de mantenerse la tendencia actual, el poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores caerían 3,8% en 2021. Pero, aclararon que así como los recientes acuerdos paritarios y las reaperturas de las primeras negociaciones del año fueron emparejando la suba de precios con la de los salarios hacia el mes de julio, una situación similar podría darse durante los últimos meses del año. “En las próximas mesas de negociación entre empresas y trabajadores se definirá el resultado de la ecuación”, concluyeron.

***

EL DATO

95 K

En mayo de 2021 (último dato disponible) todavía se contabilizaban 95.000 empleos asalariados registrados menos que en febrero de 2020, mes previo al desencadenamiento de la pandemia.

***

La economía no impulsaría al Gobierno

Un modelo desarrollado por Fernando Marull, Gabriel Zelpo e Ignacio Labaqui busca aproximar el resultado de las próximas elecciones legislativas. Como base, utilizan el Indice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella, que es un buen “predictor” de la performance de los oficialismos. Desde 2003, la correlación observada entre el resultado electoral del oficialismo y el ICG es del 78%. La idea es anticipar el ICG de las PASO y las generales a partir de las variables económicas que terminan repercutiendo en él. Según la proyección (que usa los números de FMyA para la brecha cambiaria, la inflación, el gasto, los salarios y el dólar oficial como insumos), el ICG en septiembre sería cercano a 35%, consistente con un 35% de los votos. Una mejora mayor al escenario base (subidón salarial o brecha a la baja) mejoraría marginalmente la aproximación hasta 37%. En sentido inverso, la proyección se reduce hasta 32%. En noviembre, cuando se cuentan los porotos, el escenario base se mantiene en 35%, pero la amplitud es mayor y va desde 30% (escenario malo) hasta 41% (bueno). Al margen de otros motivos del voto (que los hay), según el modelo de Marull, Zelpo y Labaqui, más allá del bombeo preelectoral, “la economía no va a ayudar al Gobierno”. Esa proyección es consistente con la sensación de que no habrá claros ganadores en el ciclo electoral actual. Habrá que ver…