Peronismo no kirchnerista

19 de mayo, 2021

Peronismo no kirchnerista

Por Daniel Montoya (*)

“Hay peronismo no kirchnerista en ambos espacios. ¿Por qué no se establece una unidad de todos?”, le pregunta Jorge Fontevecchia a Joaquín De la Torre en el reportaje dominical de Perfil. “Es una consecuencia de la cooptación del kirchnerismo sobre el peronismo”, le contesta el exintendente de San Miguel.

En realidad, esa aseveración no suena tan original. Mauricio Macri la viene planteando desde hace un tiempo aunque unos tonos más arriba. “El peronismo está secuestrado hace más de 10 años por Cristina Kirchner”. Entre cooptación y secuestro hay una apreciable distancia. La primera variante supone consentimiento mientras que la segunda implica el uso de la fuerza. Habiendo experimentado en carne propia semejante trance, sería conveniente que el expresidente ejecutara la partitura en clave De la Torre.

Igual no le pidamos peras al olmo. Ya lo explicó la gran pitonisa de la política nacional, Elisa Carrió: “Macri no sabe hablar porque es ingeniero”. ¿Qué sentido tiene aludir a una situación de apremio con el sufragio popular de por medio? Más aún, en los propios secuestros reales, tiene lógica plantearlo en esos términos cuando el encierro se extiende por poco tiempo, pongamos 12 días como lo sufrió él mismo. En cautiverios largos, la realidad algunas veces obliga a revisar el propio concepto de rapto.

Tal el caso de Jorge Born que, luego de un largo encierro forzado en los tiempos de plomo, terminó en un idilio personal de años con uno de sus captores: Rodolfo Galimberti. Asimismo, el célebre hecho de Natascha Kampusch en Austria que, tras un confinamiento de 8 años, aludió a la ventaja de haber escapado de las tentaciones del mundo exterior.

Sin perjuicio de estas historias con aroma a Estocolmo, el objetivo de buscar fugas o de ganar con parte de la base electoral ajena, no entra solo en el guión de aquellos dos líderes de la oposición. Como destaca un trabajo de Edgardo Catterberg y María Braun de 1989, Raúl Alfonsín doblegó por primera vez al peronismo en 1983 con una parte de la base obrera estructurada y no estructurada del justicialismo, así como Carlos Menem también triunfó en 1989 con el apoyo de sectores medios y altos que tradicionalmente no votan por el peronismo. Es decir, no hay ninguna fuerza política en nuestra historia con la capacidad de mantener una base electoral inexpugnable.

Parafraseando a Abraham Lincoln, te pueden votar todos algún tiempo y te pueden votar algunos todo el tiempo, pero no te pueden votar todos todo el tiempo.

1994 y más allá

La reforma constitucional alteró el formato del juego político, pero de ninguna manera las bases profundas de la competencia repartida entre el arco electoral peronista y no peronista. En particular, el voto directo, el balotaje, la autonomía de la ciudad de Buenos Aires y unos años más tarde las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, delimitaron con nitidez una cancha política dividida en dos partes, el conurbano bonaerense versus la ciudad de Buenos Aires encadenada con los grandes núcleos urbanos de la pampa húmeda. Terceros afuera.

En ese contexto, el peronismo no kirchnerista es el eufemismo de los votos que puede robar el arco político no peronista desde sus actuales avanzadas territoriales, estilo “Danza con Lobos”, como Lanús y Tres de Febrero. Puntualmente, el 7% extra al que apunta hoy Juntos por el Cambio (JxC) en el conurbano provincial.

A tal fin, la oposición no solo tiene que lograr atraer a desencantados de la pésima gestión económica de la administración Fernández, en especial de su rudimentaria lucha contra la inflación, sino también purgarse rápidamente de su fracaso aún fresco en la memoria de muchos votantes que no pueden vacunarse en Miami o mandar sus hijos a escuelas privadas, sino apenas hacer magia para esquivar a las consecuencias de la pandemia y salvar su vida a diario en las rudas barriadas del área metropolitana de Buenos Aires castigadas por la inseguridad.

No obstante, hay que aclarar que la búsqueda de espacios en el arco contrario también actúa en sentido inverso. ¡Las negras también juegan, eh! En tal sentido, hay que poner foco en las recientes declaraciones del ministro de Economía, Martín Guzmán, respecto a los subsidios energéticos pro-ricos vigentes en el AMBA.

En tal sentido, opera una especie de mitología en la pluma de algunos analistas que se escandalizan por el hecho de que un Gobierno peronista se ocupe de lo que deberían ser las abultadas cuentas de agua, gas, luz y transporte a las que están acostumbrados muchos compatriotas no solo del interior del país sino que residen a apenas 100 kilómetros del Obelisco.

¿Es un sin sentido económico que conspira a largo plazo contra la posibilidad de tener servicios de punta a bajo costo? Sí, aunque no habría que limitar el debate a precios solamente sino también a marcos regulatorios eficaces y un contexto de estabilidad macroeconómica, entre otras variables. Sin perjuicio de ello, como decía Perón, la única verdad es la realidad. Y lo que ella dice es que la conducción hoy indiscutible del peronismo preserva este puente de oro tanto con sus votantes duros como con aquellos que la miran de reojo pero no paran de consumir servicios públicos a precio de ganga. Por cierto, puente de oro literalmente. Hoy estos subsidios alcanzan el valor de los excedentes agropecuarios con esta supersoja que supera los U$S 600 la tonelada. En ese altar sagrado de los subsidios, el Gobierno sacrificará gran parte o todos los dólares de su superávit agropecuario. Y, por si ello fuera poco, va de yapa el cierre de las exportaciones de carne.

(*) Analista político @DanielMontoya_