Buena noticia dejar de emitir: ahora a reformar el Estado

4 de noviembre, 2020

Pesce Guzmán

Por Jorge Colina (*)

El Ministerio de Economía emitió un comunicado señalando que, en lo que queda del 2020, el Tesoro Nacional no apelará a los adelantos transitorios del Banco Central. La señal es clara. Se quiere empezar a detener el proceso de emisión monetaria masiva que empezó con la asunción del nuevo Gobierno y se profundizó con la cuarentena.

La noticia es positiva porque señala que el Gobierno se prepara para encarar la gestión en la dirección adecuada. El desafío ahora es empezar a andar el camino de reducir el déficit fiscal, que es la fuente de la emisión monetaria. Para ello, hay que tener presente que es imposible reducir el déficit fiscal de un día para el otro. Por eso hace falta una estrategia de ordenamiento del Estado que muestre el sendero.

Por el lado de los ingresos públicos, la recuperación de la actividad económica será cansina ya que el Covid-19 se muestra recurrente y su erradicación no parece estar cerca, por más promesas que haya de una vacuna rusa que causa más dudas que esperanzas en el ámbito científico internacional. Por eso, habría que apuntalar la recuperación con una simplificación impositiva. La idea debería ir por agrandar la base impositiva con impuestos fáciles de administrar para el contribuyente y el Estado, eliminando complejidades burocráticas como las exenciones, alícuotas diferenciales, retenciones y percepciones.

Así como algunas provincias avanzaron en la unificación de sus monotributos provinciales y municipal con el Monotributo nacional, habría que avanzar en el mismo sentido con un único impuesto a las ventas que condense IVA, Ingresos Brutos y tasas de industria y comercio municipales. En el caso del Monotributo, su unificación redundó en mayor base tributaria para provincias y municipios, con menor gestión tributaria y más recaudación. Si bien los aumentos no son abultados, porque las cuotas del Monotributo son bajas, demuestran que la mayor recaudación con simplificación es posible. Llevar la simplificación a los impuestos de los grandes contribuyentes (IVA, Ingresos Brutos y tasas de industria y comercio) debería redundar en mejoras más sustantivas. Pero esto lleva tiempo.

Por el lado de los egresos, hay que revisar el principal gasto público nacional que es el previsional. Lejos de reducir jubilaciones con inflación, hay que revisar los parámetros del sistema previsional que motorizan el crecimiento del gasto previsional por encima de la inflación.

El sistema previsional argentino tiene un problema grande de doble cobertura. Sólo en el sistema nacional hay 1,2 millones de personas que acumulan jubilación y pensión. Si se computara también las cajas previsionales provinciales y de profesionales, el número de personas es, con seguridad, bastante superior. Se podría pensar en topear la acumulación de beneficios hasta un nivel equivalente a dos jubilaciones mínimas.

Para la gente sin aportes se tiene dos beneficios: la moratoria y la PUAM (Pensión Universal para el Adulto Mayor). La moratoria vence en el 2022 por lo cual habría que dar una fuerte señal de que no se renovará y, en su lugar, quedará la PUAM reformulada. Esto último en el sentido de que la PUAM pueda ser utilizada por gente que teniendo aportes necesite completar los faltantes para llegar a los aportes necesarios para jubilarse.

Para los sistemas previsionales especiales, que jubilan gente antes o con mayores haberes al régimen general, habría que estipular que las edades de retiro se aumentarán en 4 meses por año hasta llegar a las edades del régimen general y los haberes serán equivalentes al régimen general. Para obtener el diferencial de beneficios que hoy gozan, los beneficiarios de los actuales regímenes especiales deberían organizar cajas complementarias independientes del régimen público actuariamente sustentables.

Como se ve, en el tema previsional hay cosas importantes para hacer a fin de darle sustentabilidad financiera al sistema (y bajar la presión sobre el Tesoro Nacional). También se ve que esto no implica avanzar sobre las jubilaciones actuales sino incorporar equidad. Pero esto lleva tiempo, y no sólo en instrumentarlo sino también en ver sus efectos positivos dado que se deben hacer gradualmente para los futuros jubilados.

El otro tema a abordar es la organización administrativa del Estado. Hay innumerables organismos nacionales superpuestos con los mismos organismos a nivel provincial y municipal. Esto lleva a un enorme derroche de recursos nacionales sin ninguna efectividad. Se trata de los ministerios nacionales de educación, salud, desarrollo social, vivienda, medio ambiente, seguridad, etcétera, todos superpuestos con funciones provinciales. Esto duplica la burocracia pero no las chances de tener mejores resultados. Igual que los otros temas, reorganizar funcionalmente al Estado también lleva tiempo.

Como se ve, en grandes temas como son los impositivos, previsional o la organización funcional del Estado hay mucho por hacer para tener un Estado equilibrado que brinde mejores servicios. Pero todo lleva tiempo. Por eso, hay que explicitar una estrategia, consensuarla y ponerse rápido a trabajar porque, así como la emisión monetaria ya mostró sus límites, se sabe que los mercados también tienen la paciencia finita renovando bonos del Estado. Si queda alguna duda de esto último, pregúnteselo al Gobierno anterior.

(*) Economista de Idesa

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