Comienza el juicio del siglo: Estados Unidos versus Google, por monopolio

7 de octubre, 2020

google

Por Pablo Maas

El juicio antimonopólico más importante de los últimos 20 años está por comenzar. Estados Unidos versus Google, o más bien contra Alphabet, el holding que reúne todos los negocios del gigante de Silicon Valley, es el caso antitrust más decisivo desde el juicio contra Microsoft a fines de los años ‘90, en lo que se llamó la guerra de los navegadores de Internet. Entonces fueron 20 fiscales estatales los que lideraron la ofensiva contra la empresa de Bill Gates. Ahora son 50 los estados cuyos fiscales, liderados por el procurador general William Barr y el Departamento de Justicia, cuestionan lo que consideran es el excesivo poder de Google en el mercado de búsquedas online.

El fiscal general y un pequeño ejército de 40 abogados ha estado reuniendo pruebas contra la compañía desde hace 16 meses y según el usualmente bien informado sitio de internet Politico.com, en Washington se espera que el juicio se inicie formalmente en los próximos días, posiblemente después del feriado del 12 de octubre en Estados Unidos. A pesar de los intensos esfuerzos de lobby desplegados por las grandes empresas tecnológicas, el clima de opinión en la capital estadounidense no es el mejor para la llamada BigTech.

Ayer, un subcomité de la Cámara de Representantes emitió un duro informe que acusa al grupo GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) de representar una grave amenaza para la competencia. Los precios de las acciones de las cuatro compañías sufrieron pérdidas tras conocerse que el informe sugiere que sería conveniente dividir en varias partes a algunas de ellas.

“Para ponerlo en términos sencillos”, dijo el representante (demócrata) David Cicilline, presidente del Subcomité Antitrust, “estas empresas que hace un tiempo eran unas pobres startups que desafiaban el status quo, se han transformado en unos monopolios parecidos a los que en su época fueron los barones petroleros o los magnates de los ferrocarriles“. Y agregó que “aunque estas firmas han entregado un claro beneficio a la sociedad, el dominio de Amazon, Apple, Facebook y Google ha tenido un precio”.

El informe del subcomité propone que cualquier adquisición de una plataforma sea considerada anticompetitiva, a menos que ambas partes puedan mostrar que la transacción fue necesaria para servir el interés público y que beneficios similares no podrían lograrse a través del crecimiento interno y la expansión de los negocios de cada una de las firmas por separado. Este punto es especialmente gravoso, no solo para las BigTech sino también para todo el ecosistema de capital de riesgo de Silicon Valley. Todos los años, cada una de las 4 grandes realiza decenas de adquisiciones de compañías tecnológicas más pequeñas, a punto tal que muchas startups se inician con el sólo objetivo de ser compradas en algún momento por los peces más grandes.

Se ignora si el informe del subcomité del Congreso será utilizado por la demanda del Departamento de Justicia, que viene avanzando por cuerda separada. En todo caso, el informe podría ablandar el terreno para el caso de que en las próximas elecciones el Partido Demócrata gane una mayoría en el Senado y que de este modo el Congreso esté en condiciones de introducir una nueva legislación antitrust específicamente dirigida a las grandes tecnológicas.

La ofensiva, sin embargo, involucra tanto a demócratas como republicanos. De hecho, el procurador general Barr, un ex ejecutivo de la industria de las telecomunicaciones, es un republicano que ocupó el mismo cargo con George H W Bush entre 1991 y 1993 y regresó a ese puesto el año pasado convocado por Donald Trump. A Barr le interesa mucho impulsar el juicio y fijó como plazo los últimos días de setiembre, pero la campaña electoral está demorando el proceso, ya que algunos estados gobernados por los demócratas preferirían postergarlo algunas semanas.

Según The New York Times, el caso Google podría representar para Trump y Barr un logro sobre un asunto que tanto demócratas como republicanos ven como un problema fundamental: la influencia de las grandes tecnológicas sobre los consumidores y la posibilidad de que sus prácticas impidan la aparición de nuevos competidores y perjudique a sectores establecidos, como son los medios y las telecomunicaciones.

Cuando el Departamento de Justicia abrió la investigación contra Alphabet en junio de 2019, relató el New York Times el 3 de septiembre, los abogados de la división antitrust estaban ansiosos por participar. “Algunos lo describieron como el caso del siglo, a la par con el desmembramiento de la Standar Oil durante la Era Dorada (Gilded Age, a fines del Siglo XIX). También ofrecía la posibilidad de que Estados Unidos se pusiera a la par con los reguladores europeos, que han sido agresivos guardianes del sector tecnológico”, dijo el diario. Los abogados del Estado han reunido gran cantidad de pruebas (contra Alphabet), agregó. La compañía siempre ha negado todas esas acusaciones.

De hecho, los abogados de Google podrían hallarse ante una situación en que la politización del caso los favorezca. Trump siempre ha dicho que las plataformas lo perjudican mostrando resultados de búsqueda, por ejemplo, que resultan sesgadas en su contra. Voceros republicanos prominentes como el senador Ted Cruz (Texas) han acusado a YouTube (propiedad de Alphabet) y Facebook de censurar las opiniones de los conservadores. Pero ambas compañías mostraron que los republicanos son en realidad las figuras más visibles en sus servicios.

Para la columnista de negocios del Financial Times, Rana Foroohar, “más que enfocarse en los precios pagados por los consumidores, los tribunales y los legisladores estadounidenses deben comenzar a luchar contra algo más complejo y esencial: el desmedido poder de las corporaciones en nuestra economía política. Según diversas métricas, este poder ha hecho a los mercados estadounidenses menos competitivos, particularmente con relación a Europa, donde el lobbying corporativo no ha alcanzado la escala industrial que tiene en los Estados Unidos”. En las próximas semanas se verá quién tiene más poder. Mientras tanto y a menos que la política electoral se interponga demorando el proceso, todo está listo para que el juicio del siglo ponga bajo la lupa la concentración de poder económico de las corporaciones.

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