Tensiones propias de una “Guerra Fría” (parte 2)

17 de septiembre, 2020

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Por Eduardo R. Ablin Embajador

La primera sección de este artículo se concentró en las tensiones bilaterales entre EE.UU. y la RPC originadas en materia comercial, tecnológica y financiera, mientras que la presente avanza en el análisis de aquellas más próximas a los conflictos asociados a la política exterior y militar, en particular en regiones próximas a la RPC, sin dejar de lado algunos aspectos vinculados a la pandemia del Covid-19 y los derechos humanos.

-Crecimiento de la conflictividad potencial en el denominado “Mar del Sur de la China” (MSC), considerando que seis países linderos reclaman superposición terrestre y marítima sobre el mismo (Brunei, Indonesia, Malasia, Filipinas, Taiwán, y Vietnam). Al respecto el Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya rechazó -en un caso presentado por Filipinas en 2016- las bases legales e históricas del reclamo de soberanía de la RPC sobre buena parte del MSC. Sorprendentemente, hasta 2016 EE.UU. no ejerció ninguna presión severa en respuesta a los reclamos jurisdiccionales sobre siete islotes artificiales que la RPC construyó en el área entre 2013 y 2017, convirtiéndolos progresivamente en bases militares, con el propósito de reclamar a partir de hechos consumados su presunta “territorialidad” en la zona, sustentada en la denominada “línea de los 9 puntos”, documento trazado en la postguerra que le permitiría reclamar derechos sobre 85% del área marítima en litigio.

-EE.UU. se limitó a reforzar reclamos de libertad de navegación por aguas donde transita un tercio de la navegación comercial mundial, ejerciendo misiones de reconocimiento aéreo y naval hasta 2019, luego reforzadas a partir julio pasado.

-Endurecimiento de la crisis al anunciar la RPC, en abril pasado, el establecimiento de unidades gubernamentales en la zona litigiosa, dirigidas a coordinar su dominio de facto con sus reclamos legales bajo un control administrativo efectivo.

-EE.UU. rechazó formalmente por primera vez, en julio último, la validez legal de los reclamos marítimos de la RPC, más allá de continuar reclamos en defensa de la libertad de navegación. Asimismo, en agosto dispuso sanciones a 24 empresas chinas de propiedad estatal por participar en la construcción de islas artificiales en aguas disputadas en el MSC.

-Retaliación de la RPC ante alineamiento de EE.UU. con posición de países linderos MSC, modificando la designación de vasta área del MSC como “costera”, e iniciando vuelos de contralor sobre las áreas en disputa. Así, el MSC se ha convertido en una zona potencialmente explosiva en el contexto bilateral, no pudiendo descartarse que el profundo deterioro en las relaciones en dicha región pudiera generar un inesperado conflicto armado, aún por error, ya que la desconfianza mutua alcanzó al área militar, enviando EE.UU. tres portaaviones a la zona en su mayor despliegue en el área desde 2017.

-Escaramuzas entre fuerzas chinas e indias en la frontera del Himalaya agravaron, en julio, la confrontación histórica entre ambos, suscribiendo la India un nuevo acuerdo de carácter militar con EE.UU.

-Amenazas veladas sobre Taiwán, el desafío histórico más significativo en la relación bilateral entre la RPC y los EE.UU., dado el énfasis del Partido Comunista Chino (PCC) en intentar consolidar la política de una sola China, replicando en Taiwán el modelo de “un país dos sistemas”, recientemente desacreditado por la reforma legal aplicada unilateralmente en Hong Kong.

-La progresiva “consolidación” pro-independentista a lo largo últimos 30 años ha tornado al modelo aplicado en HK (“un país dos sistemas”) difícilmente aceptable para los taiwaneses, más aún luego de su modificación por parte de Beijing en julio último, considerando que la actual Presidente Tsai Ing-wen se viera beneficiada por el efecto de los prolongados disturbios en HK contra dicho esquema en ocasión de su reelección en noviembre de 2019.

-Firme rechazo del Partido Progresista Democrático al “consenso de 1992” relativo a la existencia de “una sola China”, agrupación que al presente detenta el poder con amplio consenso en Taiwán.

-Sucesivas administraciones EE.UU. se han amparado en “ambigüedad” de la denominada “Taiwan Relations Act of 1979” (TRA) para disuadir cualquier intento unificador por medio de la fuerza. Al respecto el status de Taiwán ha sido objeto de tres comunicados conjuntos de la RPC y EE.UU. rubricados entre 1972 y 1982, complementados por la TRA -a cuyo amparo la Administración Trump incrementó la venta de equipo militar, incluyendo un sistema de misiles defensivos-. En efecto, la TRA compromete a EE.UU. a proveer a la isla aquel material y servicios de defensa necesarios para garantizar el mantenimiento de sus capacidades defensivas ante eventuales coerciones que amenacen la paz y seguridad del área.

-La RPC ejerce renovada presión sobre Taiwán como respuesta al accionar de EE.UU., ampliando maniobras militares en torno a su espacio marítimo y aéreo.

-La creciente tensión se amplificó por la filtración de presuntas expresiones de “estrategas militares chinos” señalando que “no es momento de invadir Taiwán”. Igualmente, el Presidente Xi Jinping anticipó que desearía ver a la “provincia” retornar a la soberanía de la RPC durante su mandato, el cual incidentalmente no cuenta con un término para su conclusión, al ser abolido por el 19° Congreso del PCC en 2017 el criterio sucesorio.

-La incierta situación de Taiwán acrecienta el nivel de conflictividad bilateral, con eventual impacto sobre la OMC, ya que Taiwán mantiene un intenso relacionamiento comercial con ambos contendientes en la “guerra comercial” en curso, siendo un actor asimismo relevante en la OMC.

-Alteración unilateral del régimen legal de HK, como resultado de prolongados disturbios a lo largo de 2019-2020 en torno de aspectos relativos al funcionamiento del régimen denominado “un país, dos sistemas”. La reiteración de prolongadas manifestaciones públicas herederas de las conocidas como “revolución de los paraguas” en 2014 enfrentó a la RPC con un difícil dilema acerca de cómo dominar la ex colonia británica sin recurrir a una represión masiva que requiriera fuerzas de seguridad continentales. Así, al finalizar junio, el Congreso Nacional del Pueblo aprobó por unanimidad en Beijing implementar una reforma unilateral de la ley de seguridad de HK, incorporando la criminalización de las acciones secesionistas, sediciosas o terroristas, así como la eventual colaboración de sus ciudadanos con tales actividades en connivencia con “potencias extranjeras”.

-Acorde a la “Hong Kong Human Rights and Democracy Act” de 2019, HK ya no goza de un nivel de autonomía acorde con el principio de “un país, dos sistemas”. Subsecuentemente, el Congreso suscribió en forma unánime en julio pasado la denominada “Hong Kong Autonomy Act” que establece sanciones a los ciudadanos de países que hubieran contribuido materialmente a minar la autonomía de HK, así como a las instituciones financieras con ellos vinculadas.

-El Departamento del Tesoro de EE.UU. impuso sanciones -que prevén congelamiento de activos en EE.UU. así como suspensión del otorgamiento o vigencia de visas- contra Carrie Lam, Jefa del Gobierno de HK, a la cual atribuye ser la “responsable directa de implementar -mediante la implementación de la Ley de Seguridad impuesta- las políticas de Beijing de supresión de la libertad y los procesos democráticos”, acusándola junto a otros diez altos funcionarios locales de “socavar la autonomía” de la ciudad y “restringir la libertad de expresión y reunión de sus ciudadanos”.

-EE.UU. decidió suspender el status especial que otorgaba a HK en su intercambio bilateral, por el cual las exportaciones originarias de la RPC concretadas vía HK han sido tradicionalmente subfacturadas, de forma de beneficiarse del régimen especial según el cual las mercancías en cuestión reexportadas a EE.UU. a valores más elevados tributaban aranceles sobre la base del primer precio de transacción a su salida de la RPC. Asimismo, al margen de la ventaja arancelaria derivada del tránsito de los bienes por HK, los mismos se encuentran exentos de los aranceles punitorios aplicados por los EE.UU. a las mercancías de origen chino en el marco de la “guerra comercial” en curso, privilegios que en ambos casos EE.UU. ha cancelado. En efecto, a partir de la “guerra comercial” de 2018 el régimen citado promovió que 8% de las exportaciones de China continental a EE.UU. -así como 6% de las importaciones de dicho origen- fueran canalizadas vía HK.

-Impacto sobre la inversión de empresas extranjeras, dado que en el plano financiero la RPC utiliza el “dólar de HK”, así como su mercado de títulos y acciones para atraer capital extranjero a la órbita china. Por ello, la mayoría de las empresas occidentales que invierten en la RPC utilizan a HK como base de expansión en el continente, aprovechando las ventajas que el régimen de la Región Autónoma les permite obtener, en el marco de un ambiente regulatorio favorable. Así, más del 60% de la Inversión Extranjera Directa (IED) concretada desde y hacia la RPC fue canalizada vía HK durante 2018, ya que desde dicha Bolsa los inversores están habilitados para vender sus títulos en la RPC, de facto mercado cautivo de HK para la captación de capitales.

-El impacto sobre el endeudamiento de la RPC, en tanto 25% del total del endeudamiento externo de las firmas chinas (U$S 132.000 millones) fue canalizado por intermedio de los operadores financieros de HK, destacándose que los bancos chinos contabilizaban en 2019 más activos en HK -U$S 1,1 billones- que las instituciones de cualquier otro origen. Al mismo tiempo, las empresas chinas absorbieron en 2019 U$S 74.000 millones de capital por vía de Ofertas Públicas Iniciales de acciones (Initial Public Offering o IPO), más de la mitad en el mercado de HK, plaza que se ha convertido en la más relevante mundialmente a tal efecto, ubicándose como líder del lanzamiento de IPOs durante siete de los últimos años hasta 2019, cuando los disturbios generalizados comenzaron a perturbar el mercado.

-Impacto sobre la internacionalización del Renminbi, dado que el sector financiero de HK ha resultado sustantivo para impulsar la ambición china de ampliar el uso internacional de su moneda -el Renminbi (RMB), coloquialmente denominado yuan- de forma de intentar competir vis à vis el dólar en el marco del desafío a su hegemonía. En efecto, siendo HK uno de los pocos mercados donde el RMB es tranzado fuera del continente, el promedio diario de tales operaciones se duplicó desde su inicio (U$S 50.000 millones en abril de 2013) a casi U$S 108.000 millones en  abril 2019.

-Una mayor represión, que apuntara a la libertad de prensa subsistente en HK, podría eventualmente agregar mayor conflictividad, dadas sus implicancias financieras y comerciales. En efecto, cuando se suscribió el acuerdo de retrocesión con el Reino Unido en 1997 el tamaño de la economía de HK alcanzaba a 18% del PIB de la RPC, habiéndose reducido a menos de 3% al presente. Sin embargo, su peso internacional ubica a la Región Administrativa en un primer plano internacional en lo que concierne a su sistema financiero y la subsistencia de normativa que hasta ahora le garantizaba la elección de autoridades locales, autarquía administrativa, utilización de su propia moneda, libertad de opinión y un sistema judicial independiente, ventajas que le permitieron convertirse en la puerta de contacto más relevante entre China y el mundo occidental, en particular los EE.UU.

-Reacción a la pandemia generalizada originada por el Covid-19, virus originado en la RPC, cuya gestión inicial generara innumerables recriminaciones mutuas de carácter provocativo con EE.UU., resultando el Gobierno chino severamente desprestigiado a nivel internacional por su presunta dilación en la información respecto a la epidemia difundida en la Provincia de Hubei -con epicentro en Wuhan- así como su eventual connivencia con la Organización Mundial de la Salud (OMS) para dilatar la el desarrollo de una investigación in situ respecto del origen del virus y su propagación. Tal controversia llevó a un importante grupo de países integrantes de la OMS a solicitar una investigación propia acerca de los hechos acaecidos en Wuhan -donde se encuentran localizados los laboratorios de virología más relevantes de la RPC, calificados como instalaciones de “máxima seguridad” por la OMS- y las acciones de las autoridades chinas desde los rumores a fines de 2019 de la existencia de un “virus desconocido” en Wuhan a los anuncios oficiales en el plano multilateral. Dicha solicitud llevó -paradójicamente- a la RPC a aplicar sanciones comerciales a algunos Miembros de la OMS que apoyaron la misma, tales como Canadá y Australia, con lo que China profundizó la desconfianza y desprestigio internacional frente al manejo de la crisis sanitaria, que culminó con el retiro del financiamiento de EE.UU. a la OMS;

-La crisis del Covid-19 habría puesto en evidencia controversias internas en la conducción del PCC -y por ende del Gobierno chino- donde la figura del Xi habría sido objeto desde hace algún tiempo de críticas con motivo de su dura campaña anticorrupción, muchas veces orientada presuntamente con fines políticos, así como por su plan masivo de reorganización de las fuerzas armadas y los recambios en el área de inteligencia del PCC.

-La crisis del Covid-19 habría endurecido la política exterior como reacción Presidencial a las críticas externas recibidas en torno a su manejo de la crisis sanitaria motivada por el virus. En esta dirección la RPC se ha embarcado en una campaña mundial conducida desde sus Embajadas intentando refutar toda afirmación que conlleve a su juicio desinformar sobre el origen del virus y el eventual mal manejo inicial del brote por parte del gobierno chino. Con tal propósito se intenta compensar cualquier atisbo crítico mediante la denominada “diplomacia del barbijo”, por medio de la cual la RPC pone a disposición -o en muchos casos dona a los países de menor desarrollo- material y equipamiento médico para contribuir a la lucha contra la pandemia.

-Ampliación del poderío militar de la RPC, convertida en una potencia   regional con capacidad para presionar a Taiwán y bloquear los movimientos marítimos de EE.UU. en los mares que rodean a China, aunque sin porte suficiente para confrontar los medios de su contrincante a nivel global,  si se contempla que el presupuesto militar de los EE.UU. (U$S 732.000 millones en 2019) triplica al de la RPC (U$S 261.000 millones).  Dicha diferencia de recursos se refleja por ende en materia nuclear o en el poderío naval, lo que permitiría suponer la inviabilidad de un amplio conflicto armado,  aunque no excluir enfrentamientos regionales ante inesperados incidentes.

-Reclamos sobre trato interno a las minorías en la RPC, en particular en el caso de los uigures, grupo étnico que habita la provincia de Xinjiang, en el límite noroeste de China. Aún cuando constituyen uno de los 56 grupos étnicos reconocidos oficialmente por la RPC los uigures son víctimas  en los últimos años de un “estado policial” impuesto por Beijing, que controla y restringe su vida religiosa, cultural y social, con el objetivo de detectar presuntos signos de “extremismo” que incluyen todo contacto con la cultura uigur y musulmana. Al respecto fuentes occidentales estiman que entre 500.000 y un millón de uigures se encuentran alojados en campos de detención masiva en Xinjiang, que las autoridades eufemísticamente denominan “campos de reeducación” destinados a brindar capacitación vocacional a los internados, aunque en rigor apuntan a adoctrinar políticamente a los detenidos, al mismo tiempo que modificar sus identidades y creencias religiosas.

Existen muchos tipos de guerras, sin que las mismas deban incluir indispensablemente confrontaciones armadas directas. Una guerra comercial o tecnológica -por ejemplo- conforman conflictos de otra naturaleza que, sin embargo, conllevan un claro enfrentamiento entre dos naciones por dichos medios, aunque su evolución hacia eventuales conflictos bélicos no resulta fácilmente previsible. Al presente diversos analistas concluyen que EE.UU. y la RPC no estarían librando una “Guerra Fría”, ya que su concepción de tal figura responde al modelo de confrontación sostenida por EE.UU. con la URSS entre 1947 y 1989, en que dos países absolutamente antagónicos defendían visiblemente los límites de los territorios que no estaban dispuestos a ceder, sin compartir ningún interés económico que los vinculara.

La globalización en el Siglo XXI -junto con su correlato tecnológico- probablemente hayan tornado dicha visión de “Guerra Fría” eventualmente anacrónica, ya que la relación construida a lo largo de tres décadas entre EE.UU. y la RPC demuestra haber redundado en una intensa interdependencia en el plano económico, productivo, financiero y comercial que aún subsiste entre ambos países -no sin sobresaltos- ante las dificultades inherentes a su eventual reestructuración. No obstante, dicha estrecha vinculación ha avanzado en los últimos años hacia una nueva era de rivalidad y confrontación en diversos frentes estratégicos, comerciales y político-ideológicos, augurando un eventual desacople acorde una nueva versión de “Guerra Fría” que, aún conspirando contra la globalización, no necesariamente prescinda de la misma.

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