La verdad sobre el empleo con Macri y Fernández

26 de agosto, 2020

desempleo empleo

Por Jorge Colina Economista de Idesa

El presidente de la Nación afirmó que la crisis cambiaria del anterior Gobierno hizo más daño al empleo que la cuarentena. Para soportar la afirmación comparó la caída del empleo asalariado privado registrado en todo el 2019 (que arroja una pérdida de 152.000 empleados menos) con la caída que se dio entre febrero y mayo del 2020 (que fue de 149.000 empleados menos). La comparación es incorrecta. Se está comparando la caída acumulada en un año con la acumulada en 3 meses. Es más, dado que la cuarentena se estiró hasta agosto y no se sabe qué decisión al respecto se tomará para los últimos 4 meses del año, claramente que la pérdida de empleos por la cuarentena va a ser mucho peor que la del 2019.

De todas formas, la verdadera historia del empleo con la crisis cambiaria es otra. El año 2017 y el primero trimestre del 2018 fueron de recuperación económica. Así es como el empleo asalariado registrado en empresas privadas llegó a su máximo histórico en abril de 2018: fue de 6,3 millones de trabajadores. Allí comienza la crisis cambiaria y el empleo asalariado registrado en empresas privadas se desmorona. Desde el pico de abril a diciembre del 2018 se produjo una caída de 116.000 trabajadores y en todo el 2019 los 152.000 señalados por el Presidente. Entonces, la crisis cambiaria produjo la pérdida de 268.000 asalariados privados registrados en empresas.

Luego, desde diciembre 2019 hasta mayo pasado, la pérdida fue de 166.000 asalariados privados registrados en empresas. Con lo cual, a mayo (que son sólo 2 de los 5 meses de cuarentena) la pérdida de trabajadores asalariados privados registrados –producida por la crisis cambiaria más la cuarentena– asciende a 434.000 personas. Esto hace presagiar que cuando se tengan los datos de junio, julio y agosto, la pérdida superará el medio millón de trabajadores. Quedando pendiente todavía ver qué sucede con este tipo de empleo entre setiembre y diciembre.

En suma, el daño hecho al empleo asalariado privado registrado con la crisis cambiaria y la cuarentena es mucho más alto y es altamente probable que la contribución de la cuarentena sea mayor que la de la crisis cambiaria. Pero esto es historia. La gran pregunta es qué va a pasar hacia adelante. Depende del escenario. La herencia de la crisis cambiaria es la escasez de dólares y la herencia de la cuarentena es la destrucción del aparato productivo, especialmente el comercial y el de servicios de hotelería y gastronomía. Si ambas herencias se mantienen, esta pérdida de empleo asalariado formal difícilmente se recupere.

Pero, ¿qué pasaría si el escenario fuera otro? Aparecen dólares de algún lugar inesperado, así como en el 2003 aparecieron los dólares de China. En este caso volvería la recuperación económica. Este es el escenario positivo. Pero con dudas respecto al empleo asalariado registrado.

Aquí entran a jugar las rústicas instituciones laborales que tiene Argentina. Una, de varias de ellas, es el régimen de despido. La prohibición de despido no corre para los nuevos trabajadores. Esto hace pensar entonces que no sería un obstáculo a la creación de nuevos empleos asalariados formales. El problema en Argentina con el régimen de despido no es la prohibición sino que el despido es muy caro.

Un empleado en relación de dependencia con tan sólo 6 meses de antigüedad le cuesta al empleador despedirlo más de 2 salarios en el régimen normal (sin duplicación). Esto va aumentando a razón de un salario por año y al 5° de antigüedad la indemnización supera los 7 salarios entre preaviso, antigüedad, vacaciones y aguinaldo.

Un empleador que instala un comercio, un restaurant, una fábrica pequeña compra bienes de uso y contrata trabajadores. Con el paso del tiempo, los bienes de uso, que son su activo, se desvalorizan, mientras que los trabajadores, que son su pasivo, se aprecian. Las empresas pequeñas en Argentina no duran mucho. Se estima que la mitad no llega a los 5 años de antigüedad que es el tiempo cuando se amortizan los bienes de uso, pero deshacerse de los empleados cuesta 7 veces más. Por esto (y otros motivos más como los elevados salarios de convenio y las cargas sociales), la mayoría de las pequeñas empresas toman gente en negro. Los emprendimientos con menos de 10 trabajadores generan el 65% de los asalariados no registrados.

Bueno, pero las empresas grandes y medianas que emplean “en blanco” pueden hacer renacer el empleo asalariado registrado Aquí entra la otra rusticidad, más nueva: la Ley de Teletrabajo. Esta reciente norma señala que el empleo en la casa es igual que en la oficina, con lo cual ante cualquier conflicto el empleado puede considerarse despedido. Esto significa que se está llevando este costoso régimen de despido de la oficina a la casa. A las empresas les funcionó bien el teletrabajo con las personas más calificadas. Lo más probable es que la mayoría de los nuevos empleos por teletrabajo se hagan con el monotributo, es decir, no asalariado.

La verdad sobre el empleo con Mauricio Macri y Alberto Fernández es que entre ambos hicieron perder más de medio millón de asalariados privados registrados y ninguno de los dos se animó a avanzar con la modernización de las instituciones laborales. Instituciones que datan de la década de los ’70, tanto la Ley de Contrato de Trabajo como los convenios colectivos, y la única ley nueva (Teletrabajo) tiene el espíritu de los ’70.

Difícil que se multipliquen los empleos asalariados registrados en empresas privadas.

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