Cris vs. Kris (o el gran bonete)

21 de febrero, 2020

cristina fernández de kirchner kristalina georgieva

Por Carlos Leyba

 

Desde Cuba, Cristina Kirchner (Cris) instaló la idea que el FMI, nuestro principal acreedor, debe aceptar una quita del crédito que con él mantenemos. Supongo que propondrá una quita importante para que tenga sentido.

 

De ese club (FMI) somos socios y debe quedar claro que, si hubiera una quita, el FMI la “debe aceptar”: no es imaginable otra cosa.

 

El Directorio del FMI es más parecido al directorio de la OTAN que a las Naciones Unidas. No es el mejor directorio para pretender imponerle condiciones.

 

Apunte: al sucesor elegido de Cris, Axel Kicillof, no le fue bien con el Club de París. No logró quita y le aplicaron groseros punitorios. Los miembros de ese club son protagonistas del FMI.

 

Desde Washington, Kristalina Georgieva (Kris) le retrucó a Cris aclarando que, ni ebrio ni dormido, el FMI renuncia a cobrar íntegramente sus créditos.

 

Luego, el staff de Kris pasó la pelota: los que tienen que hacer la quita son los bonistas privados…

 

A “criterio del FMI” –el “gran bonete” (nosotros)- tiene voluntad pero no tiene con que hacer sostenible su endeudamiento total. El FMI postula cobrar y los demás a la cola y la quita. A esta altura, en materia de quitas -o acerca de “cuánto pagar”- estamos jugando al gran bonete. Veamos.

 

Dice el gran bonete (la voz de Cris), a mí se me han fugado miles de millones de dólares y el FMI los tiene que poner. Porque él puso los dólares para que se vayan.

 

El FMI contesta: ¿Yo señor? No, señor. No los pongo.

 

El gran bonete dice: ¿Pues entonces quién los pone?

 

El coro del FMI dice: la ponen los bonistas, ¡háganle la quita a los bonistas! Los bonistas preguntan: ¿Yo señor? ¿Por qué señor?

 

El FMI contesta: porque el gran bonete no te podrá pagar.

 

El gran bonete calla. ¿Hasta el 31 de marzo? Para entonces habrá comenzado el otoño. ¿Todo verdor perecerá?

 

Cris ocupó el centro de la escena y fue la voz del gran bonete. Kris, hizo una verónica y pocas horas después su staff generó la respuesta: que la pongan los bonistas.

 

La razón de Cris (la quita al FMI) no es la indiscutible incapacidad de pago de nuestro país respecto de las obligaciones en los términos pactados.

 

La lógica del buen deudor del FMI es proponerle cambiar los términos de modo que sea posible cumplir. Pero no reducir el monto nominal de las obligaciones para cumplir. El no del FMI es obvio.

 

Cris apunta a reducir el monto de las obligaciones. La razón que alega es una surgida del corazón.

 

Según la vicepresidente (el ente no tiene género), el FMI realizó un préstamo destinado a facilitar la fuga (en dólares) de los excedentes financieros generados en Argentina.

 

Según Cris el préstamo fue otorgado para una finalidad que impedía su cancelación. Nos prestaron, dice Cris, para que se la lleven. Financiaron una fuga.

 

La afirmación se funda en la coincidencia cronológica entre el desembolso e ingreso de esos fondos a las reservas del BCRA, y la enloquecida presteza de los entonces directivos de esa entidad para vender dólares contra pesos; y a una cotización que era una uva dulce para comprar.

 

Estaban dadas las condiciones operativas para la fuga: a aquel precio del dólar era negocio comprar (por debajo del que estaría en un mercado libre) y como el mercado estaba comprador, el vendedor de “última instancia” fue, insólitamente, el BCRA. ¿Loco, no?

 

Nadie puede dudar ni por un segundo de la absoluta irracionalidad de la actitud infantil y suicida, al mismo tiempo, de liquidar reservas a velocidad inusitada que llevaron a cabo, durante la gestión PRO, personas educadas y que hasta han dado clases en cátedras de economía.

 

Tampoco nadie puede ignorar que el dinero es fungible y que el FMI, como filosofía, no admite que las reservas se utilicen para contener e impedir la cotización “natural del mercado”, brindando una oferta de dólares proveniente de las reservas formadas con préstamos, para mantener la cotización por debajo de la oferta y demanda del mercado libre. Y menos aún que esa practica se realice con dólares prestados por el FMI

 

Asignarle responsabilidad al FMI por el financiamiento de esa fuga es un error, si bien pleno de entusiasmo, de Cris.

 

Error que Alberto aclaró que era pertinente. No aclare que oscurece.

 

Pero más allá del error de atribuir responsabilidad causal al FMI por la fuga. También es un error imaginar que el organismo pueda aceptar una quita de su capital prestado.

 

¿Quién puede imaginar a un director representante del Gobierno de Noruega, Nueva Zelanda, Portugal, Finlandia, Dinamarca o Austria –economía iguales o más pequeñas que Argentina– aceptando un perdón de deuda de un país cuyos residentes blanquearon (porque no habían pagado impuestos) el doble de lo que el país le debe al FMI y cuyos residentes se estima disponen fuera del sistema de más de US$ 300.000 millones. Olvídenlo. Nunca habrá reducción de deuda con el FMI. No somos realmente pobres, aunque el 50% de los niños menores de 14 años lo sean. Grave.

 

En última instancia los responsables de la fuga son los gobiernos, sea porque sus políticas no fomentan el ahorro en moneda local, sea porque sus sistemas financieros, tributarios, aduaneros, etcétera, carecen del interés o la capacidad de control. Es decir, pato o gallareta, el responsable de la fuga es el Gobierno de Argentina. ¿Hay manera de echarle la culpa por eso al FMI?

 

Para recordar, desde 2003 hasta 2019 se colocaron fuera del sistema financiero nacional aproximadamente US$ 180.000 millones. A eso llamamos fuga.

 

Durante los doce años kirchneristas volaron US$ 102.000 millones, de los que Cris dejó partir US$ 80.000 millones. Mauricio le ganó, en cuatro años: US$ 90.000 millones fugados. El récord histórico anual lo tuvo Mauricio (el mejor equipo de los últimos cincuenta años) en 2018, con US$ 28.000 millones en sólo un año. Un escándalo. Está muy bien que la fuga preocupe. Mejor ocuparse. Esos cientos de miles de millones de dólares colocados fuera del país, si se hubieran aplicado a la creación de trabajo y a la producción de bienes transables, representarían la posibilidad del pleno empleo y la de un balance externo positivo.

 

La inversión productiva es el único antídoto contra el desempleo y la crisis social y, al mismo tiempo, la garante de la salud fiscal.

 

La lógica de esa preocupación por la fuga (no importa que sea tardía) es arbitrar las políticas y las herramientas que cambien la dirección de la corriente de fuga de capital, invertir el actual plano inclinado de la acumulación, única herramienta para liberarnos de una economía que hoy está estructurada para reproducir el escenario de la deuda.

 

Le recuerdo que el default de Adolfo Rodríguez Saá (y la renegociación) no fue aprovechado para “invertir” la corriente de la fuga (el plano inclinado) sino que horas después de la “renegociación” la fuga continuo. ¿En qué pensaban? Volvamos al gran bonete. La propuesta de Kris es “quita a los bonistas”. Parte de los fondos que son titulares originarios de los bonos, son fugados propiedad de residentes argentinos. La quita propuesta por Kris tiene, seguramente, el espíritu de “recuperar” para el Estado parte de los tributos que los capitales fugados, en su momento, no aportaron.

 

Puede ser. Pero esa, como la de Cris, es una razón del corazón.

 

La pregunta es de cuánto sería esa quita para que represente un atajo a la viabilidad de la cancelación de la deuda. No lo sé.

 

Seguramente, en el despacho de Martín Guzmán, esos ejercicios se han realizado. Marcelo Bonelli, un periodista especializado con acceso a todas las fuentes de las que brota algo, la semana pasada sugirió que, desde la perspectiva de los bonistas o de los que los lideran, la idea era lograr que la Argentina cancele US$ 10.000 millones del total de la deuda de capital más intereses y de esa manera motivar a una negociación que haga sustentable la deuda de Argentina. Esos US$ 10.000 millones podrían obtenerse del FMI, ya que equivale a lo que falta desembolsar del crédito original y sobre el que se han cumplido todas las metas convenidas con el FMI.

 

Una deuda a tasa alta (la pactada con los bonistas) se cancelaría así con una deuda a tasa baja (con el FMI).

 

El crédito de los bonistas así reducido podría renegociarse (tal vez sin quita) a muy largo plazo de amortización y con una tasa propia de un deudor solvente. Paraguay acaba de endeudarse a 4%. Imaginemos (si soñar no cuesta nada) que, reducida en US$ 10.000 millones, la deuda de los bonistas se consolidara con una tasa de 4 o menos de 4 y con un período de gracia de capital e intereses por todo el gobierno de Alberto Fernández. Y que el período de gracia del crédito consolidado con el FMI fuera el mismo. En esas condiciones, Martín Guzmán habría conseguido los beneficios financieros de mediano plazo de un default, sin entrar en default y habiendo bajado notablemente la tasa de interés para el tiempo en que comenzáramos a cancelar los servicios.

 

La gestión Guzmán habría logrado aproximar las mismas condiciones de las que gozó Néstor Kirchner que es recordado como el gobierno de la recuperación de la economía después de la debacle. Las condiciones externas de entonces no están y, además, sufrimos las expectativas negativas del coronavirus que no es una pavada.

 

Las condiciones internas tampoco están, porque el Estado pesa sobre el PIB el doble de lo que entonces pesaba y porque el atraso de inversiones es hoy es mucho mayor al de hace 15 años y las terribles condiciones sociales tienen una dimensión estructural mas profunda que entonces.

 

Lo de Cris es inútil siquiera pensarlo; lo de Kris no es fácil arreglarlo y nadie puede saber cuando demora lograrlo.

 

Lo grave es que si no cerramos el tema de la deuda, después del otoño, viene el invierno y no es una metáfora. Urge resolver el tema de la deuda.

 

Lo más importante en estas condiciones es que sin un programa mayúsculo de transformación y con Argentina creciendo a impulsos del mercado, digamos a tasas modestas, es una sociedad que se irá quedando sin oxígeno y en esas condiciones no pasamos el invierno.

 

No es el gran bonete. Es que, por una vez en 45 años, es imprescindible tratar de promover la inversión y la exportación para poder existir. De esto se trata.

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