Pese a los congelamientos, la inflación seguirá elevada

16 de enero, 2020

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Los precios subieron 3,7% en diciembre y 53,8% en 2019, informó ayer el Indec. Así, 2019 se posicionó como el año más inflacionario desde 1991. ¿Tendremos un respiro en 2020? La situación parece complicada y desde Ecolatina aseguran que enero no trajo sorpresas.

 

“Entre la primera quincena de enero e igual período de diciembre, el IPC GBA Ecolatina avanzó 3,2%. En la primera mitad del mes en curso, el rubro con mayor dinamismo fue alimentos y bebidas, tras un significativo incremento en carnes, frutas y verduras. Como contrapartida, la caída en el precio de los medicamentos permitió que salud muestre un retroceso en el período de referencia”, dijeron desde Ecolatina y agregaron que su proyección para el primer mes de 2020 es de 3,4%. “La leve baja respondería principalmente al menor dinamismo de los precios regulados”, agregaron.

 

Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina, anticipó que “pese a la prevista desaceleración del nivel general en enero, el IPC núcleo sigue creciendo en torno al 4% mensual como viene sucediendo desde octubre de 2019”. Sigaut agregó: “Considerando la continuidad del congelamiento de tarifas de Servicios Públicos y la demora en alcanzar un acuerdo de precios y salarios generalizado, esperamos que la inflación se desacelere lentamente en los primeros meses del año”. Para el 2020, Ecolatina prevé que la inflación se ubique en torno a 40%.

 

 

En LCG son un poco más pesimistas. “Para 2020, las expectativas no son alentadoras”, dicen. En el primer trimestre podrá notarse una desaceleración fruto del congelamiento de tarifas (mientras se avanza en una posterior revisión de los contratos) y a partir del ancla cambiaria a la que, dentro de un estrecho margen, nuevamente parece estar apelando el Gobierno. “El año inicia con una inflación anualizada por encima del 50% (3,5% mensual) y todavía quedan dudas sobre si ambas anclas tendrán efecto desinflacionario permanente, o sólo en el corto plazo mientras estén vigentes”, dicen. Todo lo que sube, baja y lo que se congela, se descongela.

 

“La desindexación de la economía parece empezar por los salarios y beneficios sociales. Resta definir el alcance del acuerdo social, pero en el mejor de los casos los salarios podrían ganarle a la inflación recién hacia fines de año (1,6% real en diciembre y -4% promedio anual). Y un comportamiento similar mostrarían las prestaciones sociales una vez definida la movilidad (porque) el atraso de las jubilaciones fue el objetivo implícito en la Ley de Emergencia. Por otro lado, habrá que confirmar la intención del ministro de Economía, Martín Guzmán, de no apelar a la emisión monetaria como fuente de financiamiento por considerarla desestabilizante y la intención del presidente del BCRA, Miguel Angel Pesce, de avanzar en un proceso más gradual de baja de la tasa de interés. En ambos casos, la dinámica de los primeros días de año fue poco alentadora: cambios en la regulación del BCRA en la licitación de Leliq y tenencia de pases y baja del piso de la tasa son reflejos de una política monetaria más relajada que podría ir en contra de un proceso de desinflación en la medida que los pesos volcados al mercado se destinen rápidamente a la compra de bienes o al dólar blue volviéndolo referencia para la formación de precios”, agregan en LCG. “No esperamos una desaceleración pronunciada, sino una inflación punta a punta de 45%, consistente con un promedio de 51%”, concluyen.

 

“A pesar de que los números de diciembre mostraron cierto alivio, los indicadores de alta frecuencia sugieren que las presiones retornaron en enero. En ese sentido, el IPC-OJF de Ferreres midió una inflación núcleo de 4,75% semanal mensualizada en la primera mitad del mes, lejos del 3,7% registrado en el promedio semanal de diciembre. En este primer semestre, las autoridades parecen querer moderar la inflación combinando: (1) acuerdos de precios, (2) congelamientos de tarifas y (3) apreciación real del tipo de cambio. No obstante, este conjunto de medidas no resuelve la falta de un ancla nominal y parece difícilmente sostenible en ausencia de un programa monetario más ambicioso. En relación a este punto, una expansión monetaria excesiva y sucesivas reducciones en el piso de la tasa de referencia apuntan a una política monetaria que está siendo relajada aceleradamente. En este marco, esperamos que la inflación se mantenga elevada a pesar de los congelamientos y mantenemos nuestra proyección para el año en 46%, aunque con claros riesgos al alza”, dijeron desde el Grupo SBS.

 

“Para el trimestre siguiente esperamos una trayectoria descendente de la inflación, debido a la tranquilidad del tipo de cambio oficial, el congelamiento de las tarifas de servicios públicos y transporte y la estabilidad de precios clave como los combustibles. Sin embargo, el descenso no será abrupto debido a la inercia inflacionaria que presenta la economía y posibles aumentos estacionales en rubros relacionados con las vacaciones”, dijeron, a su turno, desde LCG.

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