Pesadas herencias, desde Argentina hasta Ecuador

15 de octubre, 2019

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Por Sandra Choroszczucha Politóloga y profesora de la UBA

 

Las “pesadas herencias” se han ido transformando en un motivo o pretexto cada vez que un nuevo Gobierno toma el poder y no puede enfrentar la crisis que prometió en plena campaña electoral que sortearía maravillosamente bien apenas asuma el poder.

 

Argentina es un buen ejemplo de ese fenómeno que viene imponiéndose durante las últimas gestiones. Así, el presidente Mauricio Macri, que prometió en campaña enfrentar la crisis que dejó el kirchnerismo en 2015, tuvo que apelar posteriormente, cuando las penurias continuaban, se prolongaban y se agudizaban, a la “pesada herencia” como argumento central de su impotencia para afrontar los pésimos indicadores que no cesaban de asomar. El mal cálculo del pésimo legado recibido, se volvió la explicación más acertada para justificar por qué la crisis seguía profundizándose con pena y sin gloria. Por el otro lado, con vistas a las próximas elecciones generales del 27 de octubre, el Frente de Todos también apela a ese enorme argumento en plena campaña. Las críticas al Gobierno en funciones dominan las charlas y convenciones mientras las propuestas para salir de la crisis siguen siendo difusas y condicionadas, repite continuamente Alberto Fernández, por la herencia maldita que el probable futuro presidente del Frente de Todos recibirá.

 

En principio, entender este mecanismo de defensa tiene lógica, inteligencia y algunas veces, argumentos válidos. Así, un presidente en funciones responsabiliza a la anterior gestión de haber dejado un Estado quebrado o en situación de emergencia, y la dificultad de salir de esa terrible crisis parece justificarse honrosamente.

 

Tal vez más difícil de comprender es como una “pesada herencia” puede ser el motivo de crisis de un nuevo gobierno, cuando el Presidente fue, durante dos gestiones consecutivas, el vicepresidente del anterior gobierno perteneciente al mismo partido y responsable de los
terribles males heredados.

 

El actual presidente de Ecuador, Lenín Moreno, representaría ese estado de situación. Moreno fue el vicepresidente de Rafael Correa durante dos gestiones presidenciales consecutivas por el Movimiento Alianza País y gobernó junto al expresidente Rafael Correa hasta mayo de 2013.

 

Llega 2017 y Moreno vuelve al Ecuador, luego de haberse instalado unos años en Ginebra como enviado especial del secretario General de Naciones Unidas, para trabajar sobre un tema que le preocupa y le ocupa hace años: la discapacidad.

 

Cabe destacar que, para 2017 y de cara a las elecciones que se avecinaban, el oficialismo ecuatoriano designó como nuevo candidato al mismo Moreno. En aquel entonces, “la revolución queda en buenas manos” dijo Correa, quien terminó de proponer la nominación de Moreno en el marco de la Convención Nacional ante más de 20.000 personas.

 

Hoy Ecuador sufre una crisis devastadora, con movilizaciones callejeras, protestas diarias, violencia, heridos, muertes, saqueos, incendios, y hasta una orden de toque de queda en territorio ecuatoriano. El detonante de tamaños disturbios fue la decisión del presidente Moreno de retirar los subsidios al combustible (que fue revertida el fin de semana). Sin embargo otras medidas de ajuste llevaron al descontento generalizado de amplios sectores populares, medidas de ajustes impulsadas tras los acuerdos últimos realizados con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

Las razones que esboza el nuevo Presidente ecuatoriano para justificar sus políticas antipopulares y la necesidad de asumir deuda es el estado deplorable bajo el cual recibió el poder tras terminar su mandato su excompañero de fórmula durante ocho años.

 

Al margen de los motivos y la gravedad del caos desatado en Ecuador, un ítem de relevancia a destacar es que las “pesadas herencias” ya no operarían exclusivamente entre gestiones de diferente signo político que van alternándose en el poder responsabilizándose una a la otra astuta y respectivamente, sino que estas acusaciones y justificaciones de crisis actuales, se asignan también a gestiones anteriores que pertenecen a la misma fuerza partidaria del actual presidente en funciones.

 

El caos generalizado y el delicado estado de emergencia en Ecuador representan un fenómeno de enorme gravedad para el mundo de la democracia, y el apoyo que debe recibir el actual Presidente en funciones se vuelve un imperativo categórico, porque la institucionalidad de un gobierno elegido no debe vulnerarse jamás. Así funciona la República.

 

Afirmado lo anterior, paralelamente deberíamos reflexionar sobre este fenómeno en boga llamado “pesada herencia” y empezar por admitir que hay un tiempo presente en el cual se va constituyendo ese terrorífico futuro legado y que tanto oficialismo como oposición tal vez deberían trabajar en tiempo real, en conjunto, buscando consensos que superen los conflictos, para que dejen de existir pesados presentes, futuras pesadas herencias y fatídicos destinos sin solución.