Larreta consolida su poder en la Ciudad

30 de octubre, 2019

Por Juan Yannuzzi

 

A partir del 10 de diciembre, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires será una huérfana política luego de que la gobernadora María Eugenia Vidal y el presidente Mauricio Macri dejen sus cargos tras haber sido derrotados en las urnas. La oportunidad histórica de que la misma fuerza política gobierne–tanto en la provincia, cómo en la ciudad y a nivel nacional– tiene fecha de vencimiento. El reelecto jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, deberá hacer uso de su experiencia como jefe de Gabinete (20072015) para gobernar rodeado por un territorio dirigido por una fuerza opositora y supeditado por ésta en el nivel nacional.

 

Las elecciones del último domingo dejan un mapa político definido por la preponderancia territorial del Frente de Todos en el norte y sur del país, mientras que Juntos por el Cambio logró la mayoría de los votos únicamente en el cordón central, con la excepción de la provincia de Buenos Aires.

 

La abrumadora victoria de Juntos por el Cambio en la Ciudad de Buenos Aires, más contundente aún que la victoria del Frente de Todos en la provincia, no sólo consolida a Larreta como referente indiscutido del espacio al cual pertenece, sino que también le asegura un control aún mayor del órgano legislativo local.

 

Con su alianza con Lousteau y el PS suma 37 legisladores de un total de 60, a sólo a 3 de tener una mayoría especial.

 

Las PASO, calificadas por algunos como una gran encuesta nacional, no tuvieron consecuencias únicamente en el tipo de cambio y la fuga de las reservas. En el ámbito local fueron un beneficio importante para el oficialismo de la ciudad: se ahorró una segunda vuelta y, además, al ampliar su porcentaje de votos, Juntos por el Cambio creció aún más en su mayoría en la Legislatura porteña. Pasando del 46% (obtenido en las PASO en la categoría de diputados de la Legislatura) al 54%, el oficialismo se llevará en vez de 15 bancas, 17. De los dos escaños extra, uno hubiese sido para Consenso Federal que queda como monobloque, y el otro para Despertar, que no tendrá representación.

 

Esto es fruto, en parte, del sistema D’Hondt, la fórmula utilizada para traducir porcentajes de votos en escaños que tiene un claro sesgo mayoritario, es decir, que favorece a las fuerzas que reciben mayor cantidad de votos en detrimento de las minoritarias. Tanto Juntos por el Cambio como el Frente de Todos reciben un porcentaje de escaños mayor que el porcentaje de votos que recibieron, mientras que el Frente de Izquierda y Consenso Federal, en mayor medida, fueron perjudicados.

 

Sin embargo, tal como sostuve previamente, el sistema electoral no es lo único que benefició al oficialismo. El entretiempo desde las PASO hasta las elecciones generales fue un período caracterizado por la polarización de la campaña entre las dos fuerzas principales, y a la luz de los resultados vemos que la posibilidad de que haya segunda vuelta en la ciudad llevó a muchos votantes de terceras fuerzas a inclinarse anticipadamente por Juntos por el Cambio, arrastrando así con la boleta del candidato a jefe de Gobierno a las otras dos categorías locales.

 

Al muy buen resultado electoral de Larreta se le suma su habilidad para las alianzas políticas, producto de su unión con Evolución –el partido de Lousteau– y el Partido Socialista, con ellos el oficialismo suma 37 legisladores de un total de 60, quedando solo a 3 de tener una mayoría especial propia que le permitiría, por ejemplo, reformar la Constitución. Por parte de la oposición el Frente de Todos quedará con 15 legisladores, habrá 4 referentes de partidos de izquierda, el bloque Peronista mantiene 2 y Consenso Federal tendrá un representante.

 

Con esta abrumadora mayoría parlamentaria y siendo ésta la cuarta elección ganada por el mismo espacio político se abre la incógnita de la calidad de la democracia porteña: ¿se ha constituido el PRO como una fuerza preponderante lo cual hace altamente improbable una alternancia en el Gobierno de la Ciudad?

 

Para dar respuesta a esta pregunta, el foco en los próximos cuatro años deberá direccionarse hacia el espacio que le dé el oficialismo a los partidos minoritarios en la discusión legislativa, teniendo en cuenta que significan, aunque subrepresentados en la Legislatura, el 45% del electorado porteño.

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