La situación fiscal es cada vez más delicada y crece la tentación de apelar a la maquinita

15 de octubre, 2019

Dólares situación fiscal

Por Alejandro Radonjic 

 

El ajuste fiscal se pausó y revirtió tras las elecciones primarias. “La profundización de la crisis tras las PASO, que erosionó la recaudación por enfriamiento de la actividad, y las políticas orientadas a apuntalar el consumo en un contexto de caída de los ingresos reales, deterioraron el balance primario de Hacienda”, dicen desde Ecolatina y estiman que “el año finalizará con un rojo operativo en torno al 0,7% del PIB”. Sin embargo, algunos, como Martín Tetaz, calculan que el rojo primario cerrará en 1% del PIB. Además de eso, el crédito se ha secado y hoy Argentina no tiene a quien pedirle la diferencia entre lo que recauda y lo que debe gastar. El acuerdo con el FMI tenía un target, incluyendo los “permitidos”, de 0,5% del PIB.

 

  • La situación es más delicada todavía. Dice Tetaz: “El escenario más factible hoy es que el nuevo Gobierno enfrentará un déficit primario piso del 1%, que puede llegar al 2,4% si Alberto cumple su promesa de aumentarle 20% a los jubilados. A eso hay que sumarle 3,3% del PIB en pago de intereses, lo que arroja necesidades de financiamiento de entre 4,3% y 5,7% del PIB. Pero con los mercados financieros cerrados, Hacienda necesitará juntar casi 8 puntos adicionales del PIB, para pagar los vencimientos de capital de su deuda, que en condiciones normales se rollearía (refinanciaría), pero que en medio del reperfilamiento y hasta que no se cierre el nuevo acuerdo con el Fondo, no será posible patear de manera voluntaria”.

 

Agrega Tetaz en su Newsletter: “Es obvio que ningún país del mundo puede pagar vencimientos de capital de esa magnitud con superávit y más cierto aún es que no existirá exceso de ingresos en relación a los gastos públicos, si no todo lo contrario”.

 

A nivel propositivo, dice: “En estas condiciones, la apuesta más razonable es que el Gobierno busque un acuerdo rápido con el FMI, reperfile con privados antes de julio y que si no logra ambas cosas con celeridad, entre en moratoria unilateral selectiva (para bonos bajo jurisdicción local) de los vencimientos de capital, procurando respetar los pagos de intereses, para que la jugada no se interprete como un default y active una catarata de juicios”.

 

Aun en un escenario de reperfilamiento exitoso del capital, que le permita rollear los vencimientos de capital y algo de intereses, Alberto (o el que asuma), dice Tetaz, necesitará unos 4 puntos del PIB para cumplir con el Programa Financiero 2020. Será clave, concluye, que pasa con la demanda de los ahorristas luego del 27 de octubre. “Si el resultado del 27O asusta a los ahorristas que buscan dolarizar depósitos e incentiva a los importadores a acelerar sus compras, al tiempo que induce a los productores a frenar sus exportaciones, la presión sobre el dólar oficial sólo podrá ser canalizada por tres vías alternativas: caída de reservas, endurecimiento del cepo o mayor devaluación. Está claro que el próximo presidente, sobre todo si es Fernández, preferiría que no le toquen las reservas y que le entreguen con un dólar mucho más alto”, expresa Tetaz.

 

  • “Si en función de las últimas señales, tuviésemos que imaginar los rasgos salientes de la política económica de Alberto Fernández en los primeros meses de 2020 pensaríamos en un ajuste fiscal insuficiente, que descansará en el aumento de la presión impositiva antes que en recortes del gasto y un BCRA asistiendo financieramente al Tesoro bastante más de lo que sería prudente”, dice Federico Muñoz en su último informe. La proliferación de “políticas activas” sin consistencia macro y “el refuerzo de cepos, cupos y controles de diverso pelaje”, serían otros de los combos de la eventual macroeconomía de Alberto.

 

El cóctel no caería bien sobre la ya maltrecha economía vernácula, avizora Muñoz. “Esperaríamos que en algún punto del primer año de gestión de Alberto Fernández se desate un fuerte rebrote de turbulencias financieras y depreciación del peso. De concretarse esa contingencia, el Presidente volvería a enfrentarse a una encrucijada crítica: designar a un equipo económico solvente que al fin comande los necesarios esfuerzos de austeridad y prudencia o, como alternativa, seguir ignorando la restricción presupuestaria y acentuar la deriva hacia un modelo bolivariano”, expresó.

 

  • En Ecolatina señalan que el capítulo tarifario será clave. “Considerando que las erogaciones en jubilaciones, asignaciones y pensiones son inflexibles – estas partidas se actualizan automáticamente por inflación siempre que no se realice un cambio en la fórmula de cálculo de movilidad- y que la obra pública ya se encuentra en niveles muy bajos pasó de 2% del PIB en 2016 a la mitad en 2019 –, los subsidios económicos, que actualmente representan en torno a 2% del PIB, surgen como una variable clave para el rumbo de las finanzas públicas”, señalaron desde la consultora. Dos de cada tres pesos que salen por esa partida, agregan, corresponden a subsidios energéticos, que pagan parte del costo de generación, transporte y distribución de electricidad y de la extracción e importación de gas. El “gap” que cubren los subsidios se ha vuelto a engrosar. “Tras el reciente salto cambiario, los costos medios de generación eléctrica saltaron 35%, en tanto que el precio afrontado por los consumidores permaneció sin modificaciones”, dicen en su reporte.

 

Siguiendo el cronograma de aumentos vigente –que pauta una suba por semestre–, Ecolatina concluye: “El próximo gobierno tendrá que enfrentar el dilema de validar fuertes aumentos tarifarios –correspondientes a este semestre y al próximo–, o bien incrementar el gasto en los subsidios económicos. Bajo el primer escenario, se encarecerían las tarifas a pagar por los hogares y los costos de producción de algunos otros bienes y servicios, ya que algunos usuarios no residenciales también fueron alcanzados por el congelamiento. En suma, esto ubicará la inflación a la zona de 4% mensual durante los primeros meses del 2020, incluso en un contexto de estabilidad cambiaria. En caso contrario, sostener el congelamiento implica reiniciar una dinámica de atraso tarifario –financiado con emisión– lejos de las elecciones legislativas de 2021”.

 

A poco de asumir, Ecolatina señala que el próximo Gobierno se presentará ante el desafío de reconocer una mayor inflación, con los elevados costos sociales y políticos que esto implica o, en cambio, por optar por aumentar los subsidios económicos, alimentando el desbalance fiscal.

 

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¿Más cepo y más brechas?

 

Desde las PASO, el stock de reservas Internacionales derrapó US$ 18.500 millones (-28%). Las cifras fueron presentadas por Cohen en su informe semanal. “La caída se explica principalmente por el retiro de depósitos en dólares (que restaron unos US$ 7.400 millones de reservas); el pago de deudas netas con privados por US$ 6.700 millones y la venta de divisas por parte del BCRA por US$ 3.800 millones”, explicaron. Hubo sangría en todos los frentes. Además, “y ante el cierre de los mercados de deuda, el Gobierno empezó a utilizar los dólares provenientes del acuerdo con el FMI, y desde fines del mes de septiembre, ha comenzado a utilizar parte de los US$ 7.234 millones que el FMI había transferido para fortalecimiento de reservas”.

 

Hasta el 8 de octubre (último dato disponible), el stock de dichos fondos alcanzó los US$ 4.664 millones. “Luego de los controles cambiarios introducidos a fines de septiembre, la caída semanal de reservas internacionales se ha reducido notablemente, aunque el BCRA continúa realizando venta de divisas promediando US$ 100 millones diarias”, agregaron desde Cohen. “Caída de Reservas provocará mayores restricciones cambiarias generando ampliaciones en las brechas”, se intitula en informe.

 

En la semana que pasó, las brechas cambiarias entre el dólar cable y el MEP versus el dólar oficial se han ampliado desde 16%-10% el viernes 4 de octubre hasta 19%-15% el viernes anterior. “Creemos que la brecha cambiaria tenderá a ampliarse a medida que los controles cambiarios se vuelvan más restrictivos. Llegar a niveles de brecha similares a los alcanzados entre 2012-2013 dependerá del rol del BCRA en cuanto al financiamiento al sector público y el desplazamiento del tipo de cambio nominal para evitar una fuerte apreciación cambiaria similar a la generada en los años 2014-2015”, concluyeron en Cohen. En la semana anterior, y en la medición punta a punta, el peso se depreció 0,55%, “superando la barrera de $58 en el spot por primera vez luego de la implementación cepo cambiario”, dijeron en SBS.

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