Anticipan una relación fría e inestable entre Alberto F. y Bolsonaro

16 de octubre, 2019

frozen alberto bolsonaro

Que Jair Bolsonaro haya expresado su favoritismo hacia Mauricio Macri en los albores del proceso electoral no es alarmante. No es lo que indican los manuales de buenas prácticas internacionales, pero viniendo del actual Presidente de Brasil es entendible y no sorprende. Pero que Bolsonaro haya hecho proselitismo amarillo criticando con dureza a Alberto Fernández y, sobre todo, a Cristina Kirchner luego de las PASO debería encender algunas alarmas. “Tenemos la obligación de hacer algo para evitar que vuelva al pasado”, dijo Bolsonaro, la semana pasada, días después de recibir a Miguel Angel Pichetto en el Palacio de Planalto. En julio, Alberto estuvo en la cárcel de Curitiba visitando a su preso más famoso, criticando con dureza su situación judicial y mojándole la oreja a quien puede ser su par desde el 10 de diciembre.

 

Siempre hay incentivos para bajar algunos cambios a medida avanzan los eventos y los costos pasan de las palabras a las acciones, es cierto, pero también hay estímulos en sentido contrario. Sin ir más lejos, el kirchnerismo es muy resistido entre el electorado bolsonarista y viceversa. Es decir, elegirse como enemigos “garpa” aquí y más allá de Paso de Los Libres. Además, aparece un nudo gordiano en el vínculo bilateral: Venezuela. Las posturas de ambos son tan conocidas como inflexibles.

 

Trump, también Pero también aparece otro actor en la telaraña geopolítica: Estados Unidos. Es el principal promotor de una salida externa a la larga crisis venezolana, una “solución” que Alberto busca evitar, junto con Uruguay y México en la región, y Rusia y China desde Oriente. Detrás de los dardos brasileños está Estados Unidos y algunos interpretan que Bolsonaro está mandando un mensaje, que él también comparte, desde Washington hacia la calle México.

 

Alberto estará tironeado, por cierto, dado que el influyente Diosdao Cabello ya le mandó su mensaje también. “Que no vaya a creer que lo están eligiendo porque es él”, dijo uno de los máximos jerarcas del régimen. Alberto necesitará tener una relación fluida con Estados Unidos por motivos varios. Es el principal accionista del FMI, puede ayudar en el reperfilamiento de la deuda pública y, también, es un jugador clave en Vaca Muerta. Pero la gran potencia exigirá otra posición con Venezuela. “Es puro voluntarismo y picardía peronista pensar que nos vamos a poder llevar bien con Estados Unidos y, en simultáneo, con Venezuela”, dice alguien que recorre Cancillería hace décadas.

 

Allí el riesgo, mirando más hacia adelante, es que Alberto patee el tablero y mire a Oriente. Es decir, China y Rusia, en menor medida. Algo de eso hizo Cristina Kirchner en sus últimos años y el swap con el Banco Popular de China, ampliado a fines de 2018, está latente a la espera de ser activado si Alberto lo solicita. También, con exigencias desde Pekín. Por supuesto, el vínculo bilateral per se, y sobre todo en su faceta comercial, es un capítulo aparte. Argentina ha sufrido el estancamiento de Brasil de los últimos años y una obturación ulterior de un comercio ya alicaído podría complicar aún más un sector que está muy maltrecho, como es el automotor.

 

Por cierto, Argentina ha perdido relevancia como proveedor de Brasil, aun con Mauricio Macri. La Unión Industrial Argentina advirtió sobre eso. “Brasil va a separarla política de la economía”, dice una fuente diplomática ante El Economista. Más allá de que Argentina haya perdido atractivo comercial para Brasil (solo mandan aquí 5% de sus exportaciones), hay incentivos para no contaminar el vínculo económico con las discrepancias geopolíticas. El TLC con la Unión Europea puede ser otro foco de rispidez, con Bolsonaro buscando avanzar más que su probable par de Argentina.

 

Las visiones

 

“Para Bolsonaro, la victoria de Fernández no es necesariamente mala, ya que la confrontación con supuestos enemigos es la esencia del bolsonarismo. Entonces, cuando le interese a Bolsonaro confrontar a Fernández para movilizar su base social de extrema derecha, lo hará. En otras circunstancias, Bolsonaro, bajo la presión del Ministerio de Economía, la Cancillería y/o los militares, adoptará una postura más pragmática hacia Fernández. En resumen, será una relación inestable”, sostiene un académico con base en Brasil.

 

En diálogo con este diario, Esteban Actis (Doctor en Relaciones Internacionales) sostiene: “Si gana Alberto, tendríamos una situación única en torno a la relación bilateral si tomamos el período de redemocratización”. Es decir, visiones antagónicas en Buenos Aires y Brasilia sobre cuatro dimensiones claves: cómo se ve la política, la económica, la región y el mundo. “Esto nunca pasó”, dice Actis.

 

“Siempre en algunas de estas dimensiones se ancló el vínculo”, dice. Hoy, esos factores aglutinantes no se vislumbran. “El ‘albertismo’ (si se puede llamar así) y el bolsonarismo discrepan en los cuatro puntos que mencioné. Inclusive pensando un proyecto más centrista de Alberto, las distancias siguen siendo muy marcadas”, agrega Actis, también profesor de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

 

A modo prescriptivo, señala: “Pienso que Alberto debería buscar aliados entre el ala militar del Gobierno de Bolsonaro, que hoy están en la vicepresidencia. Es lo que que en Brasil llaman ‘los adultos en la sala’. Veo pocas y nulas coincidencias con los antiglobalistas (Cancillería) y con los liberales (Hacienda). Los militares son los únicos que tienen respeto y consideración sobre Argentina porque siguen percibiendo como un aliado estratégico y tienen alguna perspectiva regional de la política exterior brasileña. A pesar de las importantes diferencias, es ahí donde veo líneas de comunicación y diálogo para apaciguar una relación bilateral que está signada por las tensiones y por una fase de enfriamiento”, resume Actis.

 

“Bolsonaro dijo muchas cosas altisonantes y tiene una retórica muy agresiva, pero después no puede avanzar porque la realidad lo limita. Es lo que le ha venido pasando hasta ahora. Si bien creo que a ambos les rendirá políticamente enfrentarse, la situación debería tender a moderarse, pero eso no implica, por cierto, que el vínculo vaya a ser cordial”, argumenta el analista político Julio Burdman.

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